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El Mundo ·

Siempre fueron las de Europa guerras de terceros

Resumen

Dice Trump que España es un aliado terrible. La prensa socialdemócrata decía que España no iba a salir especialmente señalada de la cumbre de Ankara y el americano tiene siempre muy en cuenta a nuestra prensa en sus oraciones de sujeto y predicado. Trump dijo España y no Pedro Sánchez, su sinécdoque, y dijo bien. Porque la cruda verdad es que España jamás ha sido un buen aliado, ni participando en la guerra -su pingüe neutralidad- ni preparando la guerra.

Dice Trump que España es un aliado terrible. Mala gente. Hay que entenderlo. La prensa socialdemócrata decía que España no iba a salir especialmente señalada de la cumbre de Ankara y el americano tiene siempre muy en cuenta a nuestra prensa en sus oraciones de sujeto y predicado. Trump dijo España y no Pedro Sánchez, su sinécdoque, y dijo bien. Porque la cruda verdad es que España jamás ha sido un buen aliado, ni participando en la guerra -su pingüe neutralidad- ni preparando la guerra. España entró en la Otan en 1982 y sometió su permanencia a un referéndum catatónico que incluía condiciones especiales: no integración en la estructura militar (vigente hasta 1999), prohibición de armas nucleares y reducción de la presencia militar americana en el suelo patrio. En 2004, perfectamente apoltronado ante el paso de la bandera, el presidente Zapatero retiró las tropas de Irak sin coordinación alguna con los aliados. Durante décadas, y de manera sostenida, España ha estado en el pelotón de los avaros en materia de Defensa, y cerró 2024 como el último -el último- en porcentaje de gasto de los 32. Siempre ha sido consumidora neta de la seguridad proporcionada por otros, confiando en su geografía alejada del imperialismo ruso. Una forma de gorroneo estratégico: free-riding, lo llama la literatura ad hoc. Hace un año, en la cumbre de La Haya, España fue el único país que se negó a elevar el gasto al 5% del Pib. La imagen de obsceno oportunismo parroquial del presidente Sánchez, apartado del resto de líderes, encarna mejor que cualquier otro documento una traza española que viene de lejos y va más lejos todavía. Algo aún, ya puramente operativo. Tras los ataques a Irán, el Gobierno cerró el espacio aéreo e impidió el uso de las bases de Rota y Morón a las fuerzas aliadas. Estas bases siempre fueron el precio que España pagaba por su seguridad. Y es obvio que el principal contribuyente de la Otan le cobrará algún día, y en la forma que decida, el incumplimiento del contrato. También su deslealtad política: esta evidencia de que para España las guerras, excepto las civiles, siempre son guerras de terceros. El presidente del Gobierno infla su pechito de gallina ante Trump, enmascarando la cuestión fieramente nuclear. Que no es la patética posibilidad de que España plante cara a Estados Unidos, sino su obstinada desvinculación de Europa en la hora de los sacrificios, decorada con la superioridad moral del no a la guerra, esa forma de deserción virtuosa. El misterio es la secular paciencia europea ante tal nación tarambana.