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Haaland, el último delantero de una especie en extinción: "Soy muy bueno marcando goles"

Resumen

La pregunta parece una broma, pero cada partido suyo invita a formularla de nuevo. En este Mundial conviven algunas de las mayores estrellas ofensivas de la época. Leo Messi lo encuentra a través de la comprensión del juego, de los espacios y de la pausa. Kylian Mbappé lo persigue a toda velocidad, atacando metros libres como nadie.

¿Es Erling Braut Haaland un robot? La pregunta parece una broma, pero cada partido suyo invita a formularla de nuevo. En este Mundial conviven algunas de las mayores estrellas ofensivas de la época. Cada una persigue el gol a su manera. Leo Messi lo encuentra a través de la comprensión del juego, de los espacios y de la pausa. Kylian Mbappé lo persigue a toda velocidad, atacando metros libres como nadie. Vinicius fabrica ocasiones desde el regate y el desequilibrio. Harry Kane mezcla la construcción con la finalización. Y luego está Haaland. Porque el noruego parece jugar otro deporte. Con la fuerza de una tormenta nórdica, el 9 atraviesa el césped como un conquistador indomable. Su figura, cercana a los dos metros de altura, y su potencia física intimidan a cualquier defensa. Sin embargo, lo más extraordinario de su juego no es su físico. Es su relación con el balón. Mientras el fútbol moderno premia la participación constante, Haaland acepta desaparecer. No necesita intervenir. No necesita monopolizar el juego. Como un cazador que espera inmóvil el momento exacto para atacar, permanece al margen durante largos periodos. Y cuando aparece, normalmente ya es demasiado tarde para el rival. Su Mundial está sirviendo para explicar por qué representa una especie en extinción. Durante años se ha repetido que el delantero clásico estaba condenado a desaparecer. Los atacantes modernos debían aprender a jugar lejos del área, asociarse, presionar, generar superioridades y participar constantemente en la construcción. El gol ya no parecía suficiente. Pero Haaland ha llegado a su primer Mundial para discutir esa teoría. En sus dos primeros partidos mundialistas ha marcado cuatro goles. Lo extraordinario no es la cifra. Lo extraordinario es cómo la ha conseguido. Frente a Irak, en el debut de Noruega, anotó dos tantos después de tocar apenas 25 veces el balón. Contra Senegal repitió la historia. Durante muchos minutos pareció desconectado del encuentro, como si observara el partido desde otra dimensión. En la primera parte apenas intervino (11 toques). Tras el descanso necesitó muy poco para volver a castigar. Marcó dos goles más y terminó el encuentro con únicamente 23 contactos. 48 toques para situarse segundo, empatado con Mbappé, en la lucha por la Bota de Oro. Un gol cada doce intervenciones. Las cifras parecen propias de un videojuego, no del torneo más exigente del planeta. Y, sin embargo, explican perfectamente quién es Haaland... aunque ni siquiera él parece encontrar una explicación demasiado compleja a su fenómeno. "No lo sé. Creo que mi especialidad es marcar goles. Como en muchas otras cosas, simplemente soy muy bueno marcando goles y también tengo algo de suerte. No sé exactamente qué hago, pero así es", aseguró. "Sinceramente, ahora no me importa mucho. Hemos pasado. Nos hemos clasificado, lo cual es increíble, así que ahora mismo no me importa demasiado ese partido. Probablemente nos ganen. Probablemente ganen todo el torneo", dijo al ser preguntado sobre su duelo con la Francia de Mbappé. Antes de comenzar el torneo, los focos apuntaban hacia Messi y Mbappé. El argentino perseguía otra gran actuación mundialista a los 38 años. El francés llegaba como el heredero natural del trono del fútbol mundial. Ambos parecían destinados a monopolizar la conversación. Entonces apareció el gigante noruego. Un monstruo que ha venido a verles. Así que, ¿es Erling Braut Haaland un robot? Probablemente no. Pero si existe un futbolista diseñado para marcar, se parece mucho a él.