'Biennal fatigue': ¿Está el modelo bienalístico agotado?
ResumenApuntaba Daniel Birnbaum en 'Artforum' que asistimos a una creciente «biennial fatigue»: una cansina repetición del formato, desde Sharjah a Shanghái, pasando por Sídney, con curadores, artistas y temáticas recurrentes. Vivimos tiempos de crisis y, precisamente por ello, la bienal tiene ... tanto éxito reproduciéndose, irónicamente, a escala global. De hecho, la bienal siempre ha sido sinónimo de crisis.
Apuntaba Daniel Birnbaum en 'Artforum' que asistimos a una creciente «biennial fatigue»: una cansina repetición del formato, desde Sharjah a Shanghái, pasando por Sídney, con curadores, artistas y temáticas recurrentes. Vivimos tiempos de crisis y, precisamente por ello, la bienal tiene ... tanto éxito reproduciéndose, irónicamente, a escala global. De hecho, la bienal siempre ha sido sinónimo de crisis. Así, la de Venecia (1895) nace en un contexto de intensa competencia industrial y cultural entre las belicosas potencias europeas. La Bienal Hispanoamericana (1951), la Bienal de São Paulo (1951) y la Documenta (1955) surgen en plena Guerra Fría. Más recientemente, la de La Habana (1984) se erige en plataforma del Movimiento de Países No Alineados (MPNA), y la de Gwangju (1995), en memoria de la represión de 1980 y símbolo de la posterior transición democrática coreana. Lejos de ser un espacio neutral, la bienal funciona históricamente como dispositivo de 'soft power' o diplomacia cultural –la continuación 'clausewitzniana' de la política por otros medios– articulando y legitimando contextos políticos específicos.Noticia relacionada general No No ARTE Oriol Vilanova: «Pongo en valor la idea de copia o falsificación que el museo deja siempre de lado» Javier Díaz-GuardiolaHoy, desde Diriyah (2021), en Arabia Saudí, hasta Rubaiya (2026), en Qatar, pasando por Bukhara (2025) en Uzbekistán, la bienal se ha convertido en la herramienta privilegiada para reposicionar ciudades en regiones tradicionalmente conflictivas. Sin embargo, esta expansión ha producido una paradoja: cuanto más se multiplican, más se parecen entre sí.Una segunda paradoja: Okwui Enwezor no solo reconfigura el papel del curador –del 'curador-autor' de Harald Szeemann al 'curador-activista'–, sino que reinventa el formato que hoy domina el panorama. Y no será en Kassel, sino en Johannesburgo. Dirigida por él, la 2ª Bienal de Johannesburgo (1997), 'Trade Routes' define lo que se ha denominado como 'Bienal Neo-liberal Global' (BNG).Un sinfín de paradojasLa BNG actual se articula en torno a una serie de elementos que desde entonces se han convertido en estándar: una 'curaduría autoral colectiva' a cargo de curadores formados en circuitos euro-norteamericanos ( Hou Hanru, Ute Meta Bauer, Hoor Al Qasimi, Adriano Pedrosa...) ; temáticas que giran en torno al postcolonialismo, el multiculturalismo y la globalización; una combinación de artistas occidentales y multiculturales asentados en las metrópolis del arte occidental (Y. Shonibare, S. Neshat, M. Hatoum, Isaac Julien, A. Jaar ...); la primacía de la instalación, el vídeo y las prácticas conceptuales en detrimento de la pintura y la escultura; el predominio del cubo blanco; y un sistema de financiación híbrido entre lo público, lo privado (galerías y coleccionistas) y lo corporativo.Este modelo alcanza su consolidación con Documenta 11 (2002), de Enwezor, que transforma la gran exposición periódica en un formato replicable, exportable y escalable a nivel global. El problema no es tanto que este modelo haya fracasado, sino todo lo contrario: ha tenido demasiado éxito, convirtiéndose en una plantilla global. Lo que encontramos es la repetición de la misma sintaxis curatorial, con los mismos actores y los mismos temas, aplicada indistintamente a contextos geográficos diferentes.En las imágenes, obras de Pat Oleszko Blowhard en la Whitney Biennial; trabajos de Precious Okoyomon para la bienal de Sao Paulo; y visitantes de la Diriyah Contemporary Art Biennale en 2026 Alessandro Brasile / Natt FejfarEn la última década, este modelo ha experimentado una mutación significativa. Si la bienal de Enwezor venía definida por su fuerte ambición discursiva, el presente está marcado por lo que el crítico de 'Artnet' Ben Davis ha denominado la «vibe-ennial»: el paso del argumento a la atmósfera, del discurso a la experiencia. Las bienales recientes —desde la de São Paulo titulada' Not All Travellers Walk Roads' (2025) o la mismísima Bienal del Whitney de este año (que ni título lleva)– privilegian vocabularios como el cuidado, el afecto, la sanación, la ecología, la resiliencia o la comunidad. La política no desaparece: se transforma en afecto. La exposición ya no se presenta como una tesis que debe ser leída, sino como un entorno que debe ser sentido: instalaciones inmersivas, espacios sensoriales y formatos participativos sustituyen al aparato crítico tradicional. Lo que prima es el 'buen rollo'. Sin embargo, esta transformación no supone una ruptura con el modelo anterior, sino su adaptación. El discurso no desaparece, solo se vuelve emocionalmente digerible. Lo que nos lleva a una tercera paradoja: la ambigüedad del curador. Más que un agente político, el curador ha acabado erigiéndose en intermediario entre el sistema institucional global y las estructuras de validación del mercado. La curaduría deja de ser un ejercicio de crítica autónomo para convertirse en una forma de autoridad externalizada, alineada con las estructuras que supuestamente afirma interrogar. arte_abc_0724Mientras los mecanismos de validación, circulación y legitimación sigan concentrados en redes curatoriales e institucionales euro-norteamericanas, cualquier intento de innovación en el Sur Global será absorbido por el propio sistema. La pregunta, por tanto, no es si el modelo está agotado –lo está– sino si puede existir una alternativa dentro de un sistema diseñado para absorber la diferencia. La respuesta es no.