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¡Y tú con esas gafas!

Resumen

El reparto de carnés de moral es la primera y principal ocupación del sanchismo. Véase que el ministro responsable de las infraestructuras ferroviarias pontifica a diario contra los adversarios mientras se sigue investigando el mayor accidente de la alta velocidad en España, con 46 muertos, ... También es ilustrativo el ejercicio cotidiano de los moderadores en TVE, especialistas en cortar a quien esté diciendo lo que no interesa y darle el balón al tertuliano de la opinión sincronizada. Cintora ha acuñado un eslogan fantástico: «¡Esto es 'Malas lenguas', aquí no se permiten los bulos!».

El reparto de carnés de moral es la primera y principal ocupación del sanchismo. Véase que el ministro responsable de las infraestructuras ferroviarias pontifica a diario contra los adversarios mientras se sigue investigando el mayor accidente de la alta velocidad en España, con 46 muertos, ... ocurrido bajo su mando. También es ilustrativo el ejercicio cotidiano de los moderadores en TVE, especialistas en cortar a quien esté diciendo lo que no interesa y darle el balón al tertuliano de la opinión sincronizada. Cintora ha acuñado un eslogan fantástico: «¡Esto es 'Malas lenguas', aquí no se permiten los bulos!». Se lo dice a otros periodistas y se fuma un puro. Él reparte el título. Pero esa distorsión de la realidad no es más que el archiestudiado trastorno de la personalidad narcisista que proyectan las personas incapaces de asumir cualquier fallo o debilidad porque dañaría su frágil ego y, para defenderse, recurren a la transferencia de culpa convencidas de que los errores siempre son de los demás. Los ingleses lo llaman 'blame-shifting', una manipulación tóxica que alcanza el paroxismo cuando, por ejemplo, se insta a la maquinaria propagandística a despotricar contra un adversario porque ha llamado cáncer al absentismo laboral –¡es un desprecio a los enfermos!– o ha escrito un artículo sobre fútbol con algunas torpezas dialécticas –¡así funciona la ultraderecha!– mientras ha sido condenado por enchufismo grosero el hermano del mismísimo presidente del Gobierno.El trastorno es preocupante para el que lo padece, pero en principio no tendría que serlo para una sociedad sana salvo si se extiende a todo el Poder Ejecutivo, se contagian sus aliados y se terminan intoxicando las demás instituciones. El sanchismo aprecia 'lawfare' en la sentencia contra el hermano porque, ninguneando la uninimidad de los jueces, asegura que han condenado al autor de la inefable 'Danza de las chirimoyas' sin pruebas. La realidad es que, precisamente porque no se ha podido probar, lo han absuelto del delito de tráfico de influencias y sólo lo han condenado por el de prevaricación, que no sólo está probado sino que da grima. Puro Estado de derecho. El hermanísimo se beneficia del principio 'in dubio pro reo' en el delito de influencias porque, aunque lo podamos sospechar, no se ha podido demostrar que hubiese presiones para la comisión del delito de prevaricación, que sí ha quedado acreditado . Pero el 'blame-shifting' sanchista es de pronóstico grave. Cualquiera podría ver cosas raras, quizás, en la actitud de la Fiscalía, que decidió no acusar después de que Sánchez apoyara al fiscal general incluso después de ser condenado o de que aclarase con su tono natural de superioridad «de quién depende la Fiscalía, eh, de quién depende». Pero no. Aquí el único escándalo es el 'lawfare', llamar cáncer al absentismo y escribir pamplinas deportivas. Esto es como el viejo chiste: «¡Prevaricador, nepotista!». Y el pillado replica colérico: «¡Y tú con esas gafas!».