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El País ·

La debacle electoral de la CDU del canciller pone en cuestión la coalición de gobierno

Resumen

El canciller alemán, Friedrich Merz, se encuentra bajo una fuerte presión. El país está sumido en una grave crisis estructural, con una economía que no termina de volver a la senda del crecimiento tras cinco años. Supone un caldo de cultivo ideal para la extrema derecha, que continúa con su avance imparable. En este contexto, el líder conservador mostró este domingo su “preocupación” por el futuro del país tras los últimos comicios regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en Berlín, y alertó de cómo el tono de la convivencia se ha vuelto “más duro e intransigente”.

El canciller alemán, Friedrich Merz, se encuentra bajo una fuerte presión. El país está sumido en una grave crisis estructural, con una economía que no termina de volver a la senda del crecimiento tras cinco años. Supone un caldo de cultivo ideal para la extrema derecha, que continúa con su avance imparable. En este contexto, el líder conservador mostró este domingo su “preocupación” por el futuro del país tras los últimos comicios regionales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y en Berlín, y alertó de cómo el tono de la convivencia se ha vuelto “más duro e intransigente”. “La confianza en las instituciones de nuestro país está decayendo y es socavada activamente por partidos radicales tanto de izquierda como de derecha”, advirtió. A su vez, recomendó, tanto en Alemania como en Europa, “volver a hablar de manera muy fundamental sobre la libertad, la seguridad en la vida cotidiana, la paz, nuestras propias fortalezas y también nuestras debilidades”, así como preparar al país “para el futuro”. En su opinión, para que Alemania pueda mantener su prosperidad de cara a generaciones futuras es necesario emprender una serie de cambios, que “requieren esfuerzo”. “Sé que estos cambios también conllevan, para muchos de ustedes, cargas y nuevas incertidumbres. Y en algunos ámbitos, los efectos no se notarán hasta pasado un tiempo. Pero precisamente por eso no podemos posponer estas decisiones ahora. Las reformas deben llevarse a cabo”, declaró desde la sede de su partido en Berlín. También el vicecanciller y copresidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Lars Klingbeil, defendió las reformas que quiere llevar a cabo el Gobierno alemán, pero reconoció que habrá que analizar por qué existe esta gran incertidumbre en el país. “No hemos logrado transmitir las reformas de tal manera que la gente vea que realmente se están produciendo cambios. A menudo, los debates que hemos mantenido en Berlín se han centrado únicamente en los recortes”, reconoció en la televisión pública ARD. Actualmente, no hay ninguna recepción diplomática en la capital alemana en la que todo no gire en torno a la misma pregunta: ¿hasta qué punto es estable el Gobierno federal? Merz recibió unos días antes de los comicios el respaldo de los ocho presidentes regionales de la CDU. En una inusual carta, subrayaron su voluntad de contribuir, “junto con el canciller”, a abordar los problemas de los ciudadanos del país. Pero, ¿por cuánto tiempo se mantendrá esta garantía? “El hecho de que Merz necesitara este tipo de respaldo demuestra hasta qué punto está bajo presión el canciller”, escribió esta semana el diario Süddeutsche Zeitung. El canciller es impopular, los resultados de las encuestas son pésimos y no se vislumbra un cambio de tendencia a corto plazo. El ambiente en los partidos que componen la Unión -la CDU de Merz y su partido hermanado bávaro, la CSU- es malo y la confianza en el hombre al frente se ha visto claramente mermada, lo que ha hecho que suene cada vez con más fuerza la posibilidad de una destitución de Merz. También en el SPD circulaban estos días rumores sobre una posible revuelta contra los presidentes Bärbel Bas y Lars Klingbeil. Consciente de que los resultados electorales podrían sacudir la coalición entre conservadores y socialdemócratas, Merz se reunió este domingo con los dirigentes de la CDU, una hora antes de que se supieran los resultados de los comicios para analizar qué consecuencias pueden tener a nivel nacional. Además, el Gobierno alemán anunció esta semana la cancelación del viaje de Merz a la Asamblea General de la ONU, por lo que se espera que las reuniones continúen esta semana. De momento, Merz -que lleva 16 meses en el puesto- quiere continuar con su trabajo junto con el SPD. “He sido elegido para cuatro años y quiero demostrar que esta coalición es capaz de llevar a cabo una política de reformas”, afirmó el pasado martes en una reunión en la Asociación Federal de Comercio Mayorista y Exterior (BGA). “Se trata de una prueba de fuego para la coalición, pero quiero seguir adelante sin plantear una moción de confianza”, agregó. En teoría, sería posible que Merz se viera obligado a anunciar su retirada de la presidencia del partido y declarara que no se presentará a las próximas elecciones al Bundestag (Parlamento) en un intento por calmar las aguas, algo que no parece que vaya a ocurrir, según sus propias declaraciones de este domingo. Además, las voces más críticas creen que eso no sería suficiente y que un nuevo presidente en la CDU no cambiaría mucho las cosas. Sin embargo, un cambio de canciller sería algo mucho más complicado e improbable. Tendría que haber una figura con apoyo suficiente para sustituirle y que contara con el respaldo del socio de coalición, el SPD. A todo esto se suma que el año que viene se celebrarán cinco elecciones regionales, entre ellas las de Renania del Norte-Westfalia y Schleswig-Holstein, dos estados en los que la CDU ocupa la presidencia del Gobierno regional. El temor a continuar con la racha de malos resultados podría elevar la presión sobre Merz. Hay que tener en cuenta, además, que la posibilidad de deshacerse del canciller haría que las urgentes reformas que necesita el país quedaran estancadas, lo que sería desastroso para Alemania y por asociación, también para Europa, que necesita socios fuertes en un momento de guerra híbrida con Rusia, guerra en Irán, perturbaciones económicas en los mercados energéticos y el gran desafío que supone la Inteligencia Artificial. Como apuntan muchas voces en Berlín, Merz debería aguantar e impulsar su coalición, al menos hasta que las reformas acordadas se hayan plasmado en leyes. “Debería prestar este servicio a su país. Cualquier otra cosa no haría más que agravar la crisis en la que se encuentran la sociedad y la economía, posiblemente con consecuencias irreparables”, indicaba recientemente Der Spiegel. Las reformas acordadas por los líderes del SPD, CDU y CSU en julio tienen como objetivo garantizar principalmente que el Estado y sus sistemas sociales sigan siendo viables. El Gobierno alemán debe demostrar ahora su capacidad de actuación y trabajar para lograr una recuperación económica, si quiere evitar que el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) siga captando adeptos. Además, una inestabilidad política podría conllevar también que las agencias de calificación rebajaran la calificación crediticia de Alemania por debajo de la triple A, lo que encarecería los créditos y complicaría aún más la situación financiera del país y por ende, la del Gobierno.