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El Mundo ·

"Accidente atentado": así se activó un 'ejército digital' para exculpar al Gobierno tras la tragedia de Urda

Resumen

Poco antes de las 9:30 horas del miércoles 28 de octubre, los medios de comunicación publicaban alertas en X en las que informaban de que Adif interrumpía la línea de Alta Velocidad entre Madrid y Andalucía por «un alcance entre dos trenes». Minutos después, cuando aún no se sabía que un tren AVE había colisionado con un convoy de Iryo que estaba detenido en la vía en Urda (Toledo) provocando al menos 69 víctimas mortales, cientos de usuarios de X ya tenían un culpables del «accidente atentado»: «El pestazo a sabotaje/atentado de origen israelí es tremendo»; «Desde que el Gobierno se enemistó con los genocidas, están pasando accidentes muy graves en España»; «Israel dijo que los españoles íbamos a pagar las consecuencias de apoyar a Palestina y cuando un genocida te amenaza hay que tomárselo en serio»; «Fuentes de inteligencia "no descartan" un posible ataque informático en el incidente de los trenes»; «Avisados estábamos, estos hdp, con Trump están atacando nuestra soberanía a costas de nuestras vidas»... La hipótesis de «un sabotaje provocado por Israel» se abrió paso entre las primeras reacciones a la tragedia ferroviaria. La mayoría de los mensajes procedían de cuentas anónimas.

Poco antes de las 9:30 horas del miércoles 28 de octubre, los medios de comunicación publicaban alertas en X en las que informaban de que Adif interrumpía la línea de Alta Velocidad entre Madrid y Andalucía por «un alcance entre dos trenes». Minutos después, cuando aún no se sabía que un tren AVE había colisionado con un convoy de Iryo que estaba detenido en la vía en Urda (Toledo) provocando al menos 69 víctimas mortales, cientos de usuarios de X ya tenían un culpables del «accidente atentado»: «El pestazo a sabotaje/atentado de origen israelí es tremendo»; «Desde que el Gobierno se enemistó con los genocidas, están pasando accidentes muy graves en España»; «Israel dijo que los españoles íbamos a pagar las consecuencias de apoyar a Palestina y cuando un genocida te amenaza hay que tomárselo en serio»; «Fuentes de inteligencia "no descartan" un posible ataque informático en el incidente de los trenes»; «Avisados estábamos, estos hdp, con Trump están atacando nuestra soberanía a costas de nuestras vidas»... La hipótesis de «un sabotaje provocado por Israel» se abrió paso entre las primeras reacciones a la tragedia ferroviaria. La mayoría de los mensajes procedían de cuentas anónimas. Muchos fueron borrados a lo largo del día. Una cuenta que alcanzó más de 3.000 retuits pese a tener apenas 800 seguidores, fue suspendida. Pero la sospecha quedó latente y saltó a los platós de TVE en boca del comentarista José Miguel Villarroya y el creador de contenido Marc Biarnés. «A mí lo que me extraña es que hayan fallado todos los sistemas de seguridad», afirmó el primero. «Sospecho de todo lo que está ocurriendo en los últimos días teniendo en cuenta quién se beneficia, a quién se acusa y quién lo celebra», dijo el segundo. ¿Respondía la sucesión de acusaciones a una operación de un ejército digital volcado en exculpar al Gobierno? ¿O era una reacción espontánea que proyectaba sobre el accidente sus prejuicios? «No hay nada más fácil que difundir un rumor con unas ciertas características. Cuando se vive un incidente de gran relevancia y controversia poner un buen villano siempre funciona. Una teoría de la conspiración también lo hace si tiene buen villano y buen relato. Con eso, como en una novela, vuelas», explica Carlos Elías, catedrático de Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y director de la cátedra Jean Monnet Unión Europea, Desinformación y Fake News. Elías ha estudiado durante años los mecanismos por los que un rumor como el del «sabotaje israelí» se extiende masivamente. Los conspiradores simplifican acontecimientos complejos y señalan un responsable apoyados en «cualquier detalle» que permita alimentar las sospechas. En el caso de la tragedia de Urda, por ejemplo, la caída del sistema de seguridad LZB. «Los tiempos en una investigación son los que son. Y como eso no se va a esclarecer mañana se agarran a ello», detalla. El problema es que en la crisis informativa derivada de una gran tragedia, la velocidad juega a favor de quien no contrasta lo que dice. «El primero que habla sustenta el relato. Un periodista tiene un código ético que implica que si no tiene algo confirmado, no se puede publicar. Pero otra gente no». "Comunicar no es hacer periodismo" Para Elías, Occidente padece un fenómeno que daña el medio ambiente mediático: «la gente no diferencia entre periodismo y comunicación». «Los periodistas y los legacy media, los medios tradicionales, deben buscar la verdad y hacerla pública. Los políticos y los comunicadores no. «Comunicar es una habilidad, como correr, pero no tiene código ético. Cuando Jordi Wild o David Broncano entrevistan lo hacen desde el entretenimiento», afirma. El problema aumenta cuando se convierten en fuentes. «¿Qué código ético deben tener Trump, Ayuso, Zapatero o Sánchez? Lo único que quieren es preservar su persona, discurso y relato. Algunos tienen más seguidores que los medios. Otros más desconocidos también. Y amparándose en la libertad de expresión que todos los periodistas defendemos pueden decir lo que les dé la gana: que esto es un ataque de Israel o lo que quieran». La aparición de conspiraciones tras una tragedia como la de Urda, organizada o espontánea, no es una anomalía patria. «Las tragedias generan dolor, miedo y una necesidad urgente de encontrar explicaciones. Cuando hay incertidumbre, ese vacío informativo puede llenarse con relatos que ofrecen culpables y una aparente explicación. Las teorías conspirativas tienen el terreno abonado para nacer y crecer en momentos de mayor sensibilidad. De hecho, tienden a simplificar acontecimientos complejos y presentan como intencional lo que aún debe investigarse. La rapidez de las redes sociales favorece que esas interpretaciones circulen mucho antes que las evidencias contrastadas», afirma Estrella Gualda, catedrática de Sociología de la Universidad de Huelva y especialista en comportamiento y desinformación en redes. Gualda establece una frontera entre sospechar que pudo haber un sabotaje o afirmar que ha sido por orden de Netanyahu. «Una hipótesis seria se basa en indicios comprobables y acepta que puede estar equivocada. Como decía Karl Popper, una buena explicación es la que se puede poner a prueba y, por tanto, desmentir. Las teorías conspirativas hacen lo contrario: todo las confirma, e incluso la falta de pruebas se interpreta como señal de que alguien las oculta». "Sesgo de confirmación" En esa tiene una papel decisivo el sesgo de confirmación. «Las creencias previas influyen en qué mensajes nos parecen plausibles y en qué fuentes confiamos. Suele actuar la percepción selectiva: tendemos a fijarnos en lo que encaja con nuestras ideas y a pasar por alto lo que no. Se le suma el sesgo de confirmación, que suele operar sin que seamos conscientes: damos por buena la información compatible y cuestionamos la que nos contradice», destaca Gualda. «El problema de las redes sociales es que el algoritmo premia tu sesgo de confirmación. El cerebro lo que quiere es la recompensa y cuando tienes una información que refuerza tu creencia previa tienes un chute de dopamina. Aunque haya una sola información entre 60.000, un antivacunas no verá todo el entorno que dice que las vacunas son buenas. Solo verá el caso de la persona que se vacunó y tuvo un infarto», destaca Elías, que ha estudiado con detalle el terraplanismo. «La gente que cree que la Tierra es plana cuando aborda temas más complejos tiene el campo totalmente abonado a la conspiranoía», dice. Miguel del Fresno, doctor en Sociología, licenciado en Filosofía y profesor Titular de la UNED ha analizado la evolución de la tragedia de Urda en redes durante las 48 horas posteriores al suceso. En ese periodo, «se generaron más de 214.000 publicaciones de casi 100.000 autores, el 88% en medios sociales y el resto en medios profesionales. Tres cuartas partes de la actividad en redes está en X, con 67.700 tuits de los que el 90% son retuits». «Twitter/X funciona, como he publicado en artículos académicos, como una suerte de sistema nervioso central comunicativo y, tras una tragedia, no es una conversación lo que circula y domina: es la amplificación de posiciones con alta polarización afectiva, básicamente de los mensajes de los políticos y de las instituciones, que son quienes ocupan el top de notoriedad». "Perfiles semiautomatizados o semibots" A su entender, pese al intento de muchos usuarios, las teorías conspirativas sobre el accidente no alcanzaron «ninguna notoriedad». «Medidas con una consulta específica sobre el mismo universo, suman el 2,7% conversaciones del total (menos que el primer día, 3,4%), con 4.100 autores y ningún amplificador: el autor más activo tiene seis publicaciones. Solo unas pocas centenas son tuits propios; el resto son respuestas dentro de hilos ajenos, donde el léxico conspirativo aparece en torno al 2% de las respuestas a los políticos». Los indicios de «perfiles semiautomatizados o semibots» lo sitúan en la defensa del Gobierno por comparación con Mazón y la Dana, que alcanzó el 8% gracias a perfiles de hiperactividad militante . La acusación de negligencia también tuvo recorrido. «Se injerta en un enmarcado previo con precedente, Adamuz y en una posición política ya formada. No necesita pruebas, necesita un nombre, y lo tiene desde el primer minuto: Óscar Puente. La trama extranjera no tiene precedentes en la serie ferroviaria, no tiene emisor con notoriedad y compite con una explicación técnica que se inicia el mismo día», señala. Los dos ejes comparten la lógica de la «polarización afectiva». «La atribución precede al hecho, y cada flanco llega al accidente con su precedente: la derecha con Adamuz , la izquierda con la Dana. Los audios de Atocha se leyeron el jueves desde cada posición para confirmar lo decidido el miércoles. Hasta el duelo se disputa», determina Del Fresno. Los tres investigadores son cautelosos a la hora de trasladar X a la realidad. Del Fresno recuerda que su análisis aborda «el clima de opinión de la clase política y de sus seguidores» y «mide atención, no acuerdo: la polarización va de las clases políticas a la sociedad». Gualda considera que en las redes «el ruido no siempre refleja lo que piensa la gente porque las cuentas automatizadas o coordinadas pueden amplificar ciertos mensajes y hacer que parezcan mucho más compartidos». Elías reclama «alfabetización mediática». «La mejor protección es seguir a los medios tradicionales. A todos, no a uno. Tienen sesgo y línea editorial. Pero ninguno te va a decir una mentira flagrante como sí te pueden decir en las redes sociales».