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Motivos para no dejar de creer

Resumen

En la previa del encuentro, la página web del Bayern abría con un mensaje claro: “Razones para que el Bayern pueda lograr la clasificación contra el Real Madrid”. El club alemán estructura su confianza en varios factores: sólo una vez ha dejado escapar una ventaja similar en su historia reciente, se apoya en su fortaleza como local, en el contexto que rodea a Musiala y en el momento de forma de Harry Kane. Argumentos sólidos para un equipo que parte con ventaja tras lo logrado en el Bernabéu. Pero al mismo tiempo, un planteamiento que invita a observar el otro lado de la eliminatoria.

En la previa del encuentro, la página web del Bayern abría con un mensaje claro: “Razones para que el Bayern pueda lograr la clasificación contra el Real Madrid”. El club alemán estructura su confianza en varios factores: sólo una vez ha dejado escapar una ventaja similar en su historia reciente, se apoya en su fortaleza como local, en el contexto que rodea a Musiala y en el momento de forma de Harry Kane. Argumentos sólidos para un equipo que parte con ventaja tras lo logrado en el Bernabéu. Pero al mismo tiempo, un planteamiento que invita a observar el otro lado de la eliminatoria. Porque si el Bayern encuentra razones para creer, el Real Madrid lleva años acumulando precedentes que sostienen exactamente lo mismo. Y es que el madridismo no sueña porque sea probable… sueña porque ya lo ha vivido demasiadas veces. Antecedentes que condicionan. El recuerdo más cercano entre ambos sigue presente. En 2024, el Real Madrid logró remontar de manera inexplicable en los minutos finales para dejar fuera al Bayern en una eliminatoria que encarrilada hasta que el club bávaro se adentró en la parte más oscura del manicomio blanco. “No va a ser fácil, pero si hay un equipo que puede ganar en Múnich, ese es el Real Madrid”, aseguró Arbeloa tras el partido de ida.  El entrenador español se suma a una idea que aprendió Carlo Ancelotti en su último año en el banquillo blanco tras firmar la historia más bonita jamás contada en el mundo del fútbol: que las jaulas no sirven de nada si las fieras no tienen apetito. Y ahora, con el Madrid a punto de besar la lona y en la competición que les despierta, Arbeloa se niega a pensar que los suyos no van a dar lo último que les queda. "Yo quiero que crean los míos. Estoy convencido de que los que vayamos a Múnich vamos a estar convencidos de que podemos ganar y dar la talla", asegura. Por eso, ahora que ya no hay nada más, el último rugido de las fieras blancas, que son muchas, es uno de los motivos para no dejar de creer en la hazaña. El análisis del partido de ida ofrece una lectura equilibrada. El Bayern fue superior durante varios tramos, pero no logró traducir ese dominio en una ventaja más amplia. Vincent Kompany lo resumió tras el encuentro: “No sé si siempre se puede tener el control con estos jugadores”. A pesar de reducir el impacto ofensivo del Real Madrid en muchas fases, el técnico belga reconoció la dificultad de gestionar un rival con tanta capacidad para generar peligro en acciones aisladas. El gol de Mbappé mantiene la eliminatoria abierta. El conjunto blanco, incluso en desventaja, generó situaciones suficientes como para haber modificado el marcador. Solo la actuación de Manuel Neuer, con nueve intervenciones decisivas, evitó un resultado distinto. El 1-2 establece un escenario en el que cualquier detalle puede alterar el rumbo del cruce. Y es que el Madrid es un rival que se niega a morir.... y más en Champions, donde ya ha firmado innumerables remontadas. De todos los colores y ante todos los equipos. El club blanco convierte lo improbable en costumbre porque ha entendido a la perfección que en la Champions los partidos escapan de la lógica prevista y se deciden en detalles y momentos concretos. Más allá del marcador, el encuentro del Bernabéu dejó un dato significativo en el apartado físico. El Bayern recorrió 110,9 kilómetros, frente a los 101,9 del Real Madrid. Una diferencia considerable en un contexto de máxima exigencia. Incomprensible por otra parte. El contraste es evidente si se compara con la eliminatoria anterior ante el Manchester City, donde el conjunto blanco superó los 113,7 kilómetros tanto en la ida como en la vuelta. Casi 12 kilómetros de diferencia respecto al encuentro de cuartos de final ante el Bayern. Todavía mayor es la diferencia respecto a la vuelta en el Etihad donde el Real Madrid alcanzó los 114,5 kilómetros. Unos datos que muestran que el Real Madrid no solo falló en los goles. A nivel individual, Fede Valverde fue el jugador madridista que más distancia recorrió (10,05 km), aunque quedó por detrás de varios futbolistas del Bayern como Pavlovic, Kimmich, Olise, Luis Díaz y Stanisic. Más que un dato aislado, estas cifras reflejan una diferencia de ritmo que el Real Madrid deberá ajustar. En la vuelta, los de Arbeloa tendrán que morder al rival y desfondarse sin pensar en completar el partido, sino gastar la gasolina y acudir al banquillo cuando ya no quede más en el tanque.