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ABC ·

Conservar el misterio para siempre

Resumen

Una noche de 1965, los Beatles concertaron una reunión con Elvis Presley en su casa de Beverly Hills. En ese momento, el cuarteto de Liverpool vivía obsesionado por la privacidad. George Harrison le dijo a Tony Barrow, jefe de prensa de la banda que « ... si esto va a ser otro sucio circo publicitario, lo mejor que podemos hacer es olvidarlo».

Una noche de 1965, los Beatles concertaron una reunión con Elvis Presley en su casa de Beverly Hills. En ese momento, el cuarteto de Liverpool vivía obsesionado por la privacidad. George Harrison le dijo a Tony Barrow, jefe de prensa de la banda que « ... si esto va a ser otro sucio circo publicitario, lo mejor que podemos hacer es olvidarlo». Acordaron entonces absoluta discreción. Poco antes de las diez de la noche, el coronel Parker lideró una comitiva de limusinas hasta la casa del Rey del Rock. Allí, custodiados por la 'mafia de Memphis' y el equipo de Elvis, comenzaron a hablar e improvisar algunas canciones. Después, se marcharon y al salir, John Lennon preguntó a sus compañeros: ¿alguno ha visto a Elvis?La realidad es que Lennon se decepcionó mucho al ver el hombre en el que su ídolo se había convertido. No daba crédito a que el tipo que había revolucionado el rock fuese aquél gordo rodeado de asistentes obsesionado con los sándwiches de beicon y crema de cacahuete. Ya de vuelta en Albión, Lennon le contó el episodio a Mick Jagger y le advirtió que no debería nunca conocer a Elvis. Mick le hizo caso, pero muchos años después se arrepintió. Los ídolos de uno, las personas que de algún modo u otro viven dentro de cada persona, lo hacen de un modo especial. Queremos que estén ahí, intactos, de la misma forma en la que llegaron la primera vez. Tratamos de mantenerlos a salvo de ellos mismos, de su condición humana. Creemos que están fuera de nuestras reglas, porque llegaron a nosotros desde una canción, un libro, un cuadro o desde ese rincón reservado a los creadores de emociones. Ahora ocurre lo contrario. Seguimos a alguien porque nos gusta lo que hace y terminamos pendientes de todo lo que pasa a su alrededor. Las redes sociales han convertido la admiración en una especie de voyerismo. Y naturalmente llega la decepción. Porque nadie puede resultar extraordinario las veinticuatro horas del día. A lo mejor Lennon se equivocó aquella noche. Fue buscando a Elvis y encontró a un señor cansado en Beverly Hills rodeado de gente y comiendo demasiado. Esperaba encontrarse con el hombre que había sacudido el mundo moviendo las caderas y olvidó que solamente existía encima del escenario o en su propia memoria.Por eso quizá convendría explicarles a los guajes que no hace falta conocerlo todo de alguien para admirarlo. Incluso puede ser mejor no hacerlo. Uno puede querer una canción sin saber qué desayuna quien la canta o puede emocionarse con una novela sin conocer las opiniones de quien la escribió. Esa distancia conviene conservarla. Lo suficiente, para que una canción siga siendo una canción y no la opinión política de quien la canta, y para que algunos héroes puedan seguir viviendo donde realmente fueron extraordinarios. Mick Jagger nunca conoció a Elvis. Y tal vez por eso pudo conservarlo para siempre.