Las bandas de Pedro
ResumenAlbert Rivera solo se equivocó en el número: no había una banda sino dos. Como para seguir añorando la oportunidad perdida de un pacto viable y honroso con semejante material humano. El día en que el profeta ignorado de Cs pronunció su diatriba en el Congreso todavía mandaba la camorra de la Chistorra: Koldo y Ábalos. Les quedaban aún dos años de tríos, mordidas, tangas voladores, amaños de obra pública y volquetes de condones sufragados con el sobrecoste de las mascarillas.
Albert Rivera solo se equivocó en el número: no había una banda sino dos. Como para seguir añorando la oportunidad perdida de un pacto viable y honroso con semejante material humano. El día en que el profeta ignorado de Cs pronunció su diatriba en el Congreso todavía mandaba la camorra de la Chistorra: Koldo y Ábalos. Les quedaban aún dos años de tríos, mordidas, tangas voladores, amaños de obra pública y volquetes de condones sufragados con el sobrecoste de las mascarillas. Pero en el verano de 2021 el capo ejecutó la purga de la primera banda. No lo hizo movido por el escándalo moral: alguien cuya biografía política arraiga en bancales de rosas regados con los húmedos rendimientos de una sauna gay no iba a escandalizarse por un puñado de polvos. Si lo hizo fue porque Zapatero ya había entrado en escena exigiendo su trozo del pastel: una reyerta territorial entre la camorra de la Chistorra y la mafia del Pana, mucho mejor conectada internacionalmente. El judas que engrasó la traición fue Santos Cerdán, aka Supersantos en germanía zapateril. Así fue desplazada una banda por otra más ambiciosa y menos indiscreta. El Pana ascendió a consigliere de Pedro. Y en agradecimiento se prodigó en todos los frentes: en el internacional, tutelando el giro del pequeño Albares en favor del chavismo en Venezuela y del comunismo en China; en el plurinacional, promoviendo la amnistía y negociando la investidura con Puigdemont en Suiza, sin sospechar que de esa Fiscalía iba a partir la comisión rogatoria que lo acabaría desenmascarando; y en el electoral, movilizando a la sociología zurda contra la derecha en mítines y platós. Ahora sabemos que no lo hacía solo por amor a la sigla sino para proteger su negocio. Cuanto más durara el sanchismo, más dinero para su familia. Ya siento tener que describir la reciente historia del socialismo español como lo haría un reportero de sucesos en un barrio de Honduras. Comprendo la dolida estupefacción de mis amigos socialdemócratas: el eco de un ídolo de barro estrellándose contra el suelo de la justicia. Pero esto es lo que hay, muchachos: leed con calma el auto del juez Calama si creéis que exagero. El PSOE lleva ocho años funcionando técnicamente como una organización criminal. Es cuestión de tiempo que sea desarticulada. Solo cuando el capo de todos los capos que aún dirige la banda de todas las bandas rinda las cuentas de las que lleva huyendo toda su carrera, habrá una oportunidad para la regeneración de la izquierda en España.