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El Mundo ·

Así afectó el eclipse a los animales: las ovejas y las gallinas se quedaron paralizadas y la burra sufrió una taquicardia

Resumen

El pasado 12 de agosto, buena parte de España tenía la vista puesta en el cielo. Pero mientras el Sol desaparecía durante unos minutos, en tres puntos del país había científicos mirando hacia el suelo. Allí estaban sus protagonistas: ovejas, gallinas, yeguas, una mula y una burra equipadas con sensores. Querían descubrir qué ocurre cuando, de repente, el día deja de comportarse como debería.

El pasado 12 de agosto, buena parte de España tenía la vista puesta en el cielo. Pero mientras el Sol desaparecía durante unos minutos, en tres puntos del país había científicos mirando hacia el suelo. Allí estaban sus protagonistas: ovejas, gallinas, yeguas, una mula y una burra equipadas con sensores. Querían descubrir qué ocurre cuando, de repente, el día deja de comportarse como debería. Las primeras conclusiones apuntan a que no existe una única respuesta animal ante un eclipse. Las gallinas parecen reaccionar sobre todo a la pérdida brusca de luz y adelantan comportamientos propios de la noche. Las ovejas, mucho más gregarias, tienden a responder como grupo. En los équidos, en cambio, pesa mucho más la reacción de cada individuo: mientras unos aumentan su actividad, otros pueden reducirla. La imagen es bastante más compleja que la creencia popular de que los animales simplemente interpretan que ha llegado la noche. Alfonso Abecia, director del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), explica que parte de esas diferencias tiene que ver con la propia biología de cada especie. Las aves están entre los animales cuyo comportamiento durante los eclipses se ha estudiado mejor y parecen especialmente sensibles a los cambios rápidos en el ciclo de luz y oscuridad. Con las ovejas entra en juego otro factor: son animales extremadamente gregarios. "Vimos que todas se detuvieron al mismo tiempo", explica a EL MUNDO. En los équidos, por el contrario, apareció "más variabilidad individual". Para observar esas diferencias con detalle, los investigadores de las universidades de Zaragoza y Salamanca utilizaron acelerómetros y, en algunos ejemplares, sensores capaces de registrar también la temperatura corporal y la frecuencia cardiaca. Todos los animales estaban expuestos a luz natural, un detalle importante. Abecia apunta que la respuesta podría ser muy distinta en ejemplares criados permanentemente bajo iluminación artificial, como ocurre en determinadas explotaciones de gallinas ponedoras o porcino. "Si no están expuestos a la luz natural, la reacción hubiera sido nula", señala. Uno de los experimentos se desarrolló en la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza. Allí se siguió durante seis días a diez ovejas y se comparó su comportamiento durante el eclipse con las mismas horas de otras cinco jornadas. La reacción colectiva fue clara. Entre las 20:24 y las 20:28, alrededor de la fase más extrema del eclipse, la actividad media del rebaño cayó aproximadamente un 40% respecto a los días normales. Poco después, nueve de las diez ovejas seguían menos activas de lo habitual. Ese comportamiento encaja con su carácter social. Las ovejasno reaccionaron como diez animales aislados, sino casi como un único grupo. Sin embargo, cuando los investigadores observaron qué ocurría dentro de su organismo, esa coordinación desapareció. Algunas redujeron su frecuencia cardiaca, otras la aumentaron y tampoco apareció un patrón común en la temperatura. Por fuera parecían sincronizadas; por dentro, cada una reaccionaba a su manera. La falta de luz es clave Las gallinas ofrecieron una respuesta diferente y mucho más ligada a la iluminación. 16 ejemplares monitorizados en Zaragoza no redujeron la actividad total de aquella jornada, pero sí cambiaron el momento en el que se movían. Después de la totalidad estuvieron temporalmente más quietas y adelantaron unos 18 minutos su transición hacia un comportamiento parecido al del anochecer. "Fundamentalmente es la señal luminosa la que les afecta", explica Abecia. Cuando llegó la totalidad, las gallinas se detuvieron claramente y, al regresar progresivamente la luz, su comportamiento volvió a cambiar. En Burgos, otros seis ejemplares mostraron un efecto todavía más acusado. Cinco adelantaron entre 40 y 60 minutos su transición vespertina y, después de la totalidad, las seis estuvieron menos activas de lo esperado. Además, se observó una desaceleración cardiaca más intensa y prolongada que durante una tarde normal. Los équidos dibujaron un tercer patrón. En el Humedal del Cañizar, entre Cella y Villarquemado, en Teruel, se monitorizaron tres yeguas, una mula y una burra. Aquí no apareció una respuesta inmediata común: algunos animales aumentaron su actividad y otros la redujeron. Abecia cree que una de las explicaciones puede estar precisamente en que su comportamiento es menos grupal que el de las ovejas. La reacción de un individuo, además, puede condicionar a los demás. "Es posible que un animal pueda salir corriendo y los demás se asusten o los demás no reaccionen", explica. Aun así, algo terminó uniéndolos. Entre las 21:20 y las 21:39, los cinco estaban menos activos que durante ese mismo periodo en los nueve días utilizados como referencia. La reducción media alcanzó el 18,6%. Uno de los casos más llamativos fue el de la burra, equipada tanto con un acelerómetro como con un sensor fisiológico. Antes de la totalidad redujo su actividad; después volvió a moverse e incluso superó su nivel habitual. Su corazón, sin embargo, hizo otra cosa. Pasó de 46 latidos por minuto a las 20:25 a valores cercanos a 60-63 durante y después de la totalidad, mientras su temperatura permanecía prácticamente estable. Ese último dato también da pistas sobre qué percibieron realmente los animales. Los investigadores controlaron la temperatura ambiente y no detectaron un descenso apreciable. Tampoco se levantó viento, otro fenómeno que sí se ha descrito durante eventos como este pero más largos. "Un eclipse de un minuto y medio apenas da tiempo", señala Abecia. En otros de cuatro o cinco minutos sí se han observado descensos de temperatura de cinco o seis grados. Además, el del pasado agosto coincidió prácticamente con el final del día, por lo que el eclipse terminó mezclándose con el anochecer natural. Eso convierte al próximo gran eclipse visible desde el sur de España en una oportunidad especialmente interesante. Ocurrirá por la mañana y en algunos lugares rozará los seis minutos. Abecia espera poder estudiar de nuevo a los animales ante un escenario mucho más limpio: "Que haya un apagón, una especie de noche muy cortita" y después un nuevo amanecer. Por ahora, los resultados permiten dibujar tres respuestas bastante diferentes. Las gallinas parecen seguir especialmente la desaparición y el regreso de la luz; las ovejas reaccionan con una sorprendente coordinación como rebaño; y entre los équidos pesa mucho más la respuesta de cada individuo. El eclipse fue el mismo para todos. La forma de reaccionar ante él, no.