'Arconada' Marrero lo hace Real
ResumenMatarazzo fue un regalo de Navidad, porque su aparición en Donosti se corresponde con los últimos días del último diciembre, cuando, tras unos resultados mucho peores de los que parecía sugerir la plantilla confeccionada, el club txuri-urdin apostó sorprendentemente (las cosas como son) por un entrenador estadounidense que hacía carrera en Alemania. El resto es historia y toma forma en el cuarto título del K.O., ése que festeja toda una provincia mientras el tipo sonríe desde sus casi dos metros. Dos penaltis parados por Marrero, a Sorloth y Julián nada menos, para que Pablo Marín certificara el decisivo. Y, como cada moneda tiene también cruz, conviene atender al Atlético.
Una Copa de 'Rino' para la Real. Matarazzo fue un regalo de Navidad, porque su aparición en Donosti se corresponde con los últimos días del último diciembre, cuando, tras unos resultados mucho peores de los que parecía sugerir la plantilla confeccionada, el club txuri-urdin apostó sorprendentemente (las cosas como son) por un entrenador estadounidense que hacía carrera en Alemania. El resto es historia y toma forma en el cuarto título del K.O., ése que festeja toda una provincia mientras el tipo sonríe desde sus casi dos metros. Dos penaltis parados por Marrero, a Sorloth y Julián nada menos, para que Pablo Marín certificara el decisivo. Y, como cada moneda tiene también cruz, conviene atender al Atlético. Que fue más corazón que piernas, definitivamente perjudicado por ese disparate que es el calendario, pero que cayó en buena lid para elevar la cifra de años sin tocar pelo en una competición con la que siempre se ha encaprichado mucho más la hinchada que el propio club. Aún vienen curvas en la temporada rojiblanca, eso sí, porque, enjugada cualquier lágrima, tocará atender al nuevo desafío que, en forma de semifinal de Champions, planteará don fútbol a la tropa en cosa de dos semanas. Una final perdida, una final por ganarse... Ya pueden imaginarse mil posibilidades antes de jugar que seguramente ninguna pasará por un cambio en el marcador antes de los 15 segundos, justo lo que pasó en La Cartuja. Sacó la Real hacia atrás, la puso larga Marrero en diagonal, sirvió Guedes desde la izquierda, cabeceó a la jaula Barrenetxea. No había tocado la pelota el Atlético, ya andaba por detrás en el marcador. La descripción de la jugada, en todo caso, debe pasar necesariamente por una cadena de errores rojiblancos: Molina midiendo horrible, Giuliano comiéndose la pelota, Ruggeri marcando con la mirada, Musso tirándose tarde y mal. Lo peor que podía pasarle a un equipo escaso de gasolina, nunca se insistirá lo suficiente, es que el primer esfuerzo extra llegara tan pronto. Porque no reaccionó mal el Atlético, buscando siempre a Lookman por la izquierda, hasta que después de perderse en unas cuantas el nigeriano se encontró desde la frontal, con Caleta-Car dimitiendo de la jugada que significó el empate, pero fue como si ahí se quedaran las piernas rojiblancas. Devolver el equilibrio y desaparecer del partido fue todo uno. Desde los banquillos se había optado por la prudencia, temporada asfixiante, futbolistas recién recuperados, así que Hancko, Cardoso o Barrios se quedaron fuera del once local, Pubill por Lenglet era la única novedad respecto a la Champions, así que Gorrotxategi hizo lo propio en el visitante, Sucic al pasto. Sentó mucho mejor lo segundo que lo primero, con una Real firme y que enseguida se hizo otra vez con el balón para ya no devolverlo hasta el entreacto. La tuvieron Guedes y Soler, bloqueados respectivamente por Pubill y Molina, pero la zaga del Atlético mostraba demasiados agujeros, sobre todo por el lado de Ruggeri. Y en ese sentido el primer acto fue capicua, terminando igual que había empezado: con gol de la Real. Una falta lejana y puesta por arriba derivó en una salida absurda de Musso para estropear definitivamente la Copa inmaculada que había dibujado: penalti llevándose por delante a Guedes, gol de Oyarzabal para que su equipo volviera a lucir ventaja justo antes del entreacto. Merecida, seguramente, pero en todo inesperada por el momento y las circunstancias. La noche rojiblanca se torcía otra vez, con demasiado tipo sin haberse presentado siquiera credenciales. Simeone no hizo ahi los cambios que seguramente hubiera hecho en otro encuentro. De hecho se fue hasta la hora de partido sin movimiento alguno, con su equipo dominando de forma inocua, apenas otra de Lookman la primera vez que Llorente pudo romper líneas, hasta que por fin tiró de Nico y Sorloth, primero, y de Baena y Almada, después. El Atlético encontró ahí lo que fuera que necesitaba, con la Real pertrechada atrás, quizás demasiado, provocando un bombardeo de balones laterales que de momento Marrero blocaba fumándose un puro. De hecho Matarazzo también refrescó a los suyos, que parecían vivir de forma incluso confortable, pero que salieron perjudicados con la desaparición de Guedes y Oyarzabal. Y, de repente, Julián. Para agarrar en la frontal un servicio corto de Almada, para estamparlo en la jaula, para que el litigio desembocara en un final cuesta abajo hacia la meta blanquiazul. Las tuvieron Baena (en fuera de juego), Sorloth, Cardoso y Llorente, sucesivamente, pero entonces fue que no. Así que tiempo extra, por si faltara poco. Ahí Oskarsson topó con Musso y Julián con la madera. El resto fue una repetición de la historia: campeona la Real en la tanda después de un 2-2. Matarazzo txapeldun...