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El Mundo ·

Claves del tsunami demócrata: principio del fin de la era Trump

Resumen

Victoria, barrida o tsunami demócrata en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos. Desde la guerra civil, siempre han sido un referéndum sobre el presidente y ha perdido el partido en la Presidencia, salvo en tres ocasiones (1934, 1998 y 2002). Y ayer, con Donald Trump en la Casa Blanca, se repitió la historia. "Es el principio del fin de la era Trump", tituló de inmediato el New York Times.

Victoria, barrida o tsunami demócrata en las elecciones de medio mandato de Estados Unidos. Desde la guerra civil, siempre han sido un referéndum sobre el presidente y ha perdido el partido en la Presidencia, salvo en tres ocasiones (1934, 1998 y 2002). Y ayer, con Donald Trump en la Casa Blanca, se repitió la historia. "Es el principio del fin de la era Trump", tituló de inmediato el New York Times. Por primera vez en este siglo, Texas tendrá un senador y un gobernador demócratas, Carolina del Sur una senadora demócrata y el Senado su primer miembro musulmán (Abdul El-Sayed, de Michigan). Son los mejores resultados del partido demócrata en más de 30 años. La popularidad del presidente (Franklin D. Roosevelt, Bill Clinton y George W. Bush) en las tres excepciones citadas superaba el 60 %. La aprobación de Donald Trump hoy, según The Economist y la CNN, es de sólo un 34% y su omnipresencia en la campaña republicana sólo podía perjudicar a lo que queda del partido rojo (republicano) tras 10 años de rodillo trumpista. Ante la evidencia -aplastante mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y en las 36 elecciones a gobernador, y mayoría contundente en el Senado-, Trump, que nunca había reconocido una derrota (todavía niega la de las presidenciales de 2020), esta vez lo hizo enseguida: "Felicito a los demócratas, hicieron un buen trabajo". Tras repetir en 28 discursos en octubre que el 3 de noviembre era un plebiscito sobre él (llegó a ofrecer 5.000 dólares a quien votara republicano en algunos estados), ahora niega sin embargo tener nada que ver con la derrota: "Yo no estaba en las papeletas". El desgaste inevitable del poder, su mala imagen, sobre todo entre los jóvenes y los hispanos, grupos decisivos en su victoria en 2024 y en la derrota republicana de estos comicios, la inflación y la impopular guerra en Irán (clave en el aumento de los precios de la energía) han sido factores decisivos en la victoria demócrata. Los republicanos intentaron sin éxito contrarrestar esa ventaja desviando la atención de los temas económicos y de las guerras impopulares hacia la inmigración y el demonio comunista, cambiando donde han podido los mapas electorales (gerrymandering) y gastando mucho más dinero que sus rivales en publicidad, pero no les ha dado resultado. El Tribunal Supremo les ayudó eliminando límites en los gastos y permitiendo aportaciones anónimas, pero no aceptó la presión de Trump para prohibir o reducir a cuentagotas el voto por correo. A mediados de octubre, los gastos publicitarios oficiales en la campaña habían superado los 10.000 millones de dólares y AdImpact, una de las empresas más importantes de seguimiento de publicidad en EEUU, calculaba en 15.000 millones los gastos finales, superando los republicanos a los demócratas en al menos un 11%. Han sido las elecciones de medio mandato más caras de la historia, con donaciones individuales a los republicanos, como las de Elon Musk, de más de 500 millones de dólares. La enorme frustración de los ciudadanos con la gestión de la economía ha pesado mucho más que el descontento con los demócratas que hizo naufragar la campaña de Kamala Harris en 2024. "El voto por correo y el voto anticipado benefician siempre a los demócratas y este año han sido muy elevados, superando probablemente los 50 millones de votos", señala el profesor Allan Lichtman, que ha pronosticado correctamente los resultados de casi todas las elecciones en Estados Unidos desde los años 80. La recuperación de la mayoría en el Congreso por los demócratas puede desbaratar gran parte de la agenda del presidente Donald Trump en sus dos últimos años de mandato. Anteponiendo la venda a la herida, Trump había dicho que, si los demócratas controlan el Congreso, vetará todas sus iniciativas mientras sea presidente. En su último mitin de campaña, el representante por Nueva York y líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, describió el legado de Trump como "un cementerio de promesas rotas" y prometió -si ganaban los demócratas- restablecer las ayudas eliminadas por Trump a la Sanidad (Medicaid y ACA), acabar con la guerra de Irán y perseguir a los corruptos. "Los delincuentes deberán rendir cuentas y la Administración Trump es la más corrupta, extremista y violadora de leyes y de normas que jamás hemos visto", afirmó. Repitiendo el mensaje catastrofista de Trump, el republicano Mike Johnson, speaker o presidente de la cámara saliente, cerró la campaña de su partido en Michigan advirtiendo que una victoria demócrata sería "el fin de la república, acabaría con los fundamentos de América y embarcaría al país en una peligrosa y oscura deriva hacia el comunismo". "Es una batalla entre la ideología comunista, marxista y socialista, y la América de los padres fundadores", añadió. La mayoría de los electores no se lo ha creído, pero la brecha que separa a las dos Américas es más profunda que nunca. Millones de estadounidenses celebran la victoria de mujeres y de representantes de minorías donde nunca habían ganado. Estados como Florida y Georgia nunca habían elegido gobernadores/as de color, Texas y California nunca habían elegido gobernador/a hispanos (Gina Hinojosa y Xavier Becerra), Colorado nunca había elegido a una representante negra, New Jersey nunca había elegido a un congresista musulmán ni Nueva York a una nativa. El nuevo Congreso no sólo puede hacer descarrilar la agenda de Trump en sus dos últimos años de presidente, sino que lo condena a dos años de pato cojo volcado tanto en su defensa en los tribunales y en el Congreso como en la consolidación de su legado político. A ello hay que añadir el deseo de muchos legisladores demócratas y de la mayor parte del electorado de poner coto al enriquecimiento personal de Trump, de su familia y de sus amigos multimillonarios que han hecho de la Casa Blanca una gran fuente de negocio. Un Legislativo con mayoría azul no mirará para otro lado, como ha hecho el saliente, ante la corrupción rampante, las tarifas sin sentido, los desplantes a aliados, las concesiones gratuitas a la Rusia de Putin, la traición a Ucrania, las purgas sucesivas de embajadores y mandos militares, una guerra contra Irán sin autorización del Congreso, las redadas indiscriminadas de inmigrantes y la campaña de ataques letales contra supuestos narcotraficantes en América Latina sin prueba alguna que los justifique. De ahí a que prosperen nuevos intentos de impeachment, como los dos fallidos en el primer mandato de Trump, hay un gran trecho. Volverían a fracasar frente al muro de los dos tercios necesarios en el Senado para salir adelante. Las matemáticas este año también han favorecido a los demócratas. Al menos 71 congresistas (11 senadores y 60 representantes) no se presentaban a reelección. De los 11 senadores que se han retirado voluntariamente siete eran republicanos y cuatro demócratas. De los 60 representantes que no se han presentado, 37 eran republicanos y 23 demócratas. De los 35 escaños del Senado en juego, 22 los ocupaban republicanos y 13 demócratas. Las casi 150 medidas políticas que se han votado en docenas de estados (una de cada tres relacionadas con la construcción de centros de datos y la inteligencia artificial) indican una creciente frustración del electorado con muchas de las promesas que dieron la victoria a Trump en 2024 y con sus principales decisiones desde entonces.