Los “temporeros” de La Moncloa: así funciona el mundo de los asesores del presidente
ResumenEn el mundo de Pedro Sánchez apenas existe la improvisación. Todo lo que hace y dice en público el presidente, que apenas deja espacio a preguntas de periodistas o espacios sin control, está muy medido. Desde un debate parlamentario con decenas de datos, un anuncio como el de la desclasificación de los documentos del 23-F, un discurso como el de esta semana del “no a la guerra”, a un vídeo de TikTok con recomendaciones de libros o música. Todo tiene detrás a un gran grupo de asesores, de analistas, de expertos en distintos temas, muchos de ellos llamativamente jóvenes, con trayectorias académicas brillantes.
En el mundo de Pedro Sánchez apenas existe la improvisación. Todo lo que hace y dice en público el presidente, que apenas deja espacio a preguntas de periodistas o espacios sin control, está muy medido. Desde un debate parlamentario con decenas de datos, un anuncio como el de la desclasificación de los documentos del 23-F, un discurso como el de esta semana del “no a la guerra”, a un vídeo de TikTok con recomendaciones de libros o música. Todo tiene detrás a un gran grupo de asesores, de analistas, de expertos en distintos temas, muchos de ellos llamativamente jóvenes, con trayectorias académicas brillantes. Más de 700 personas trabajan en el Gabinete de Sánchez, que ha cambiado completamente de perfiles y personas desde que lo dirige Diego Rubio, hace año y medio. 330 de ellos son analistas, especialistas en datos, en políticas públicas, diplomáticos, investigadores de la universidad. Es el corazón del Gobierno, que en un esquema tan presidencialista como el de Sánchez, manda más que la mayoría de los ministerios. En el equipo de Rubio, que acaba de cumplir 40 años y viene también del mundo académico ajeno a la política, presumen de no ser del PSOE ni de ningún partido y tienen en su enorme mayoría perfiles técnicos. Algunos les apodan “temporeros”, porque están de paso, pero ellos reivindican precisamente esa temporalidad. “Aquí casi todo el mundo está en excedencia forzosa. Tiene un trabajo al que volver, y está aquí por otros incentivos, por formar parte de esto”, explica Borja Monreal, responsable de Políticas Públicas. No son profesionales de la política, y generan recelos en el PSOE, donde les acusan de saber mucho de hacer papeles y datos pero no tener ni idea de política real. Ellos lo niegan. De hecho, explican que otros gabinetes europeos se están interesando por lo que hace el de Sánchez, y no solo los progresistas. Hace dos semanas, La Moncloa tuvo de visita a los decanos de las principales escuelas de gobierno del mundo (Oxford, Cambridge, Princeton, Berkeley, Hertie, Sciences Po) para explicarles cómo funcionan. La semana pasada, albergó el encuentro anual de la red de centros de gobierno de la OCDE, que reúne a los 38 países más avanzados del mundo y del que este año España es anfitrión. EL PAÍS estuvo esta semana en La Moncloa visitando las zonas de trabajo de este equipo de Sánchez con algunos de sus responsables como anfitriones. José Fernández Albertos (política nacional), Monreal (políticas públicas), Patricia Pinta (innovación política y social), esta sí con historia política, que viene del primer Podemos, Jesús Perea (discurso), y José Rama (análisis territorial), con otros recientes fichajes conocidos como José Pablo Ferrándiz, experto en sondeos, explicaron cómo funcionan, cómo se gestiona un Gabinete en un momento en el que Sánchez vive un mundo dual: tiene reconocimiento internacional, especialmente entre los progresistas, pero a la vez sufre una situación política de máxima debilidad, con sondeos muy negativos, dos batacazos electorales del PSOE recientes en Extremadura y Aragón y una ola de derechas en todo el mundo que parece llegar a España. Rubio ha ido expandiendo el equipo, que ha colonizado un segundo edificio en La Moncloa, el llamado Servicios ―donde antes se llevaba la gestión más básica― además del conocido de Semillas, donde siempre estuvo el Gabinete, y siguen los despachos más poderosos. Semillas aún conserva un aire a la Transición, con despachos nobles, muebles antiguos y olor de historia política, pero en Servicios todo son oficinas diáfanas, ambiente de empresa tecnológica, con gente muy joven ―muchos rondan los 30 años― y ninguna sensación de que el Ejecutivo está a punto de caer. Rama, que lleva desde el principio en La Moncloa, reniega de ese olor de final de ciclo. “Las políticas públicas del Gobierno tienen mucha aceptación pública. Nosotros ya vivimos en 2023 que esto era imposible, que no había ninguna manera de revalidar el Gobierno. Estamos en 2026 y aquí seguimos”, recuerda. Lejos de la sensación de final, lo que tienen en Moncloa es mucha gente que quiere incorporarse. “Antes nos costaba fichar, nadie quería venir porque pensaban que duraríamos poco. Ahora tenemos decenas de peticiones en LinkedIn cada día. La gente sabe que aquí están pasando cosas”, insiste Monreal. “La idea de que el Gobierno está a punto de acabar se ha diluido. Además, no nos sentimos en absoluto como los últimos mohicanos de la izquierda. Al revés, somos los primeros del mundo nuevo que viene”, remata Pinta. El veterano Perea, que sí es de partido y ya hacía los primeros discursos de Sánchez en 2018, recuerda esa época. “Entonces sí que había sensación de provisionalidad. Veníamos de una moción de censura. No era fácil fichar. Muchos pensaban que duraríamos seis meses”, asegura. Las cosas han cambiado mucho con el nuevo equipo en La Moncloa. Se ha incorporado la inteligencia artificial, se utilizan sofisticados sistemas para detectar y combatir campañas de desinformación en redes y se apuesta por perfiles para trabajar mejor los datos y el análisis de políticas públicas, y más jóvenes, también para pensar también en redes. Sánchez tiene cuenta de TikTok desde septiembre de 2025. Y el cambio ha sido muy importante, señalan en su equipo. Buena parte de La Moncloa está volcada en combatir el dominio de la ultraderecha en ese mundo, la gran batalla pendiente de la izquierda mundial. Los discursos del presidente, que él suele retocar directamente, también están cambiando mucho. Hay muchos más datos, mucha más ciencia detrás de cada intervención. Se han acortado de media un 30%. Ahora suelen ser 1.700 palabras, antes 2.500. Y se quiere bajar más. El equipo de discurso son siete personas, pero puede haber hasta 50 que intervengan en uno importante. Se mira todo con lupa. Saben que habrá manipulación, y se trata de dejar el mínimo espacio. El ejemplo que más duele en La Moncloa es de la dana, el famoso “si necesita más recursos, que los pida”, que dijo Sánchez. La derecha le dio la vuelta y parecía que el presidente estaba regateando ayuda, cuando era lo contrario. Era una manipulación clara, pero funcionó. Desde entonces, todo se mide aún más. En cada discurso hay seis y ocho personas “mirando minas”, cuentan en el equipo. Y se chequea cada dato tres veces. Sánchez es muy duro con los errores. Muchas de las decisiones clave se toman aquí, algo que a veces genera recelos en algunos ministerios. La orden es clara: La Moncloa coordina y decide tiempos, prioridades, estrategias. Algunos ministros tienen mucho poder, como María Jesús Montero, Félix Bolaños, Óscar López y Óscar Puente, miembros del núcleo duro de Sánchez. Y nadie les tose. Pero en otros Moncloa se impone más. Algunos en el equipo explican que mientras los ministerios están muy concentrados en la gestión, en La Moncloa hay más gente liberada para pensar a medio plazo. Pero la competición es muchas veces inevitable. El hiperliderazgo de Sánchez hace que todos los grandes mensajes los dé él. Por eso en La Moncloa hay que tener discurso de todo. Y detrás hay muchos papeles. “En una misma semana podemos estar con el 8-M, con el burka, con educación, con sanidad, con la guerra, con el 23-F”, resume Albertos. Desde los ministerios se quejan de que en La Moncloa tienen muchas ideas irrealizables. Y en el Gabinete presionan porque si el presidente da una orden, siempre se acaba pudiendo hacer, como pasó con la desclasificación de los documentos del 23-F, que fue muy decepcionante para muchos expertos, pero para La Moncloa fue un reto porque, en un primer momento, los ministerios no sabían ni qué documentos tenían. En La Moncloa se gestionó también el aumento del gasto en defensa al 2%, con 10.000 millones extra, y la batalla para negarse al 5% que exigía Trump, o los grandes anuncios en vivienda. “La ambición no es copiar lo mejor que hacen otros países. Queremos ir por delante si es posible y que nos copien otros”, resume Monreal. “Tenemos equipos trabajando en migraciones, en vivienda, en educación, viendo lo que puede pasar en los próximos seis meses. Así que cuando llega algo gordo, hemos tenido a mucha gente pensando en eso. Tenemos documentos hechos de casi todo”, remata. Todo este poder de Rubio y su equipo genera previsibles recelos. La política es siempre muy competitiva, a veces salvaje. Pero distintas fuentes coinciden en que la clave para que el núcleo duro funcione bien es que Bolaños y Rubio, que con Montero son la clave del día a día de La Moncloa, tienen choques lógicos, pero conviven bien y están lejísimos de lo que pasó en 2021, cuando Sánchez hizo su gran cambio de Gobierno y apartó a Carmen Calvo, José Luis Ábalos e Iván Redondo. “Eso era de locos. Carmen e Iván no se hablaban. Las personas más importantes del Gobierno estaban muy peleadas. Y por eso el presidente cortó por lo sano. Ahora todo es mucho más normal, con discusiones típicas pero sin guerras imposibles. Cada uno respeta el espacio del otro”, sentencia un veterano de La Moncloa que conoce bien la historia del núcleo duro de Sánchez. El equipo de Rubio trabaja pues no ya como si tuvieran un año y medio por delante, lo que queda de legislatura, sino como si fueran a seguir también después. Siguen fichando, haciendo planes a medio y largo plazo, preparando anuncios para dentro de seis meses, pensando en debate para abrir, mirando lo que hacen los demás. Ya son, con el del francés Emmanuel Macron y el húngaro Viktor Orbán, el Gabinete más veterano de la Unión Europea. Todos los demás los miran ante su inédita resistencia. Y ellos trabajan para seguir sorprendiendo con su longevidad.