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El Mundo ·

Thomas Duve: "La reflexión sobre la condición humana es más actual que nunca con la IA"

Resumen

¿Qué hace un grupo tan nutrido de investigadores estudiando la Escuela de Salamanca en Alemania?La razón por la que nos dedicamos a la Escuela de Salamanca es su gran significado para la historia del pensamiento jurídico, moral, filosófico y de otros ámbitos, y también por su importancia para la evolución del derecho, tanto en Europa como en otras latitudes. Además, muchos textos no estaban accesibles cuando empezamos el proyecto, y ahora ofrecemos a investigadores de todo el mundo ediciones digitales de textos fundamentales.¿Qué es exactamente la Escuela de Salamanca?Es una pregunta difícil y bastante discutida. Nosotros no la vemos solo como el conjunto de autores que estudiaron y enseñaron teología en Salamanca, sino como un movimiento intelectual y una escuela de práctica normativa: de derecho, de filosofía y de moral práctica, también fuera de España. Incorporamos autores de América Latina y de Filipinas para mostrar esa dimensión global de la escuela.

¿Qué hace un grupo tan nutrido de investigadores estudiando la Escuela de Salamanca en Alemania?La razón por la que nos dedicamos a la Escuela de Salamanca es su gran significado para la historia del pensamiento jurídico, moral, filosófico y de otros ámbitos, y también por su importancia para la evolución del derecho, tanto en Europa como en otras latitudes. Además, muchos textos no estaban accesibles cuando empezamos el proyecto, y ahora ofrecemos a investigadores de todo el mundo ediciones digitales de textos fundamentales.¿Qué es exactamente la Escuela de Salamanca?Es una pregunta difícil y bastante discutida. Nosotros no la vemos solo como el conjunto de autores que estudiaron y enseñaron teología en Salamanca, sino como un movimiento intelectual y una escuela de práctica normativa: de derecho, de filosofía y de moral práctica, también fuera de España. Incorporamos autores de América Latina y de Filipinas para mostrar esa dimensión global de la escuela. Francisco de Vitoria, de quien se celebran los 500 años de su llegada a Salamanca, fue importantísimo, pero no fue el único. Fue la persona indicada en el lugar indicado, pero no el inventor de todo, como a veces se le presenta. El saber siempre se crea en comunidades epistémicas, y después hay personas que logran mayor importancia, pero siempre son parte de un contexto.¿Fue Salamanca el origen del derecho internacional?El papel de la Escuela de Salamanca en la historia del derecho internacional público es muy importante. Fueron teólogos y filósofos que tomaron una posición crítica hacia la expansión de lo que hoy es España, y plantearon dudas morales, filosóficas y hasta teológicas sobre la conquista. Al mismo tiempo, propusieron nuevas visiones sobre cuando una guerra puede ser considerada justa, y en qué circunstancias había que restituir bienes obtenidos de manera ilegal. Pero esa aportación, a mi manera de ver, no es lo más importante, ni la única. Es famosa también porque los investigadores la han destacado de manera especial. A finales del siglo XIX, españoles como Eduardo de Hinojosa reivindicaron a Francisco de Vitoria como padre del derecho internacional. Esa imagen responde a un momento en que España quería volver a entrar en el grupo de naciones que habían aportado algo a la ciencia mundial, y también al momento en que el derecho internacional se fundaba como disciplina jurídica. En los últimos 30 años, esa imagen positiva de la escuela y de Francisco de Vitoria ha sido criticada por investigadores que dicen que Vitoria y la Escuela de Salamanca inventaron un derecho internacional al servicio de los imperios coloniales. Las dos posiciones son, de alguna forma, igualmente eurocéntricas, porque subestiman que hubo muchos autores, también en otras latitudes, que contribuyeron a ese pensamiento.Volveremos a este debate. Pero, según dice, no es lo más importante.Esta discusión ha opacado otras dimensiones de la escuela: por ejemplo las reflexiones sobre conceptos jurídicos fundamentales como la culpa, la responsabilidad o la restitución si uno causó un daño injusto. Estos conceptos parecen menos espectaculares, pero tienen una importancia enorme para la historia del derecho. Lo que más me impresiona, sin embargo, es que estos pensadores trataron de diseñar el derecho, pero también normas y reglas en la economía y en otros ámbitos de la vida, a partir de una reflexión profunda sobre la naturaleza del ser humano. Todo su pensamiento partía de ciertas ideas y reflexiones sobre qué somos los seres humanos y para qué estamos en este mundo. Hoy, en tiempos de inteligencia artificial, esa reflexión –cómo podemos crear sistemas jurídicos, económicos y políticos que partan de una reflexión sobre la condición humana– es más actual que nunca.León XIV habló en el Congreso de los Diputados de la Escuela de Salamanca, y también de la condición humana y de inteligencia artificial. Escuchándole a usted, me da la impresión de que quizá el Papa haya leído algunos de sus trabajos.Supongo que tendrá mejores cosas que leer, pero sí sé que tenemos una serie de publicaciones de libros sobre la Escuela de Salamanca y que uno de los libros le fue entregado recientemente al Papa.Creo que el Papa hizo algo muy inteligente. Vino a decir: ustedes los españoles están orgullosos de su historia, pero esa historia también les obliga a abrazar y defender una concepción de la persona que estaba en la Escuela de Salamanca.O, por lo menos, a ver esa dimensión. Obviamente, la esencia del ser humano es algo sobre lo que cada cual puede tener distintas opiniones, pero el intento de proponer esta reflexión me parece hoy más importante que nunca. Creo que las humanidades tienen una gran responsabilidad y oportunidad: tenemos que volver a hacernos las preguntas fundamentales sobre el ser humano y la dimensión cultural de nuestra vida. Sobre qué es lo que nos distingue, por ejemplo, de los robots y las máquinas. Nos habíamos quedado en que hay dos visiones típicas de la Escuela de Salamanca: la decimonónica que la exalta y la que la ha criticado en las últimas décadas. ¿Ambas simplifican?Sí, pero la visión que resalta los logros de la Escuela de Salamanca sigue muy presente. Y ambas visiones están muy influenciadas por debates políticos actuales y a veces resultan un poco anacrónicas. Lamentablemente, la polarización política también influye sobre la visión del pasado, con debates entre tendencias más nacionalistas, con una visión positiva de la Escuela de Salamanca, y las teorías poscoloniales y decoloniales, que son muy críticas. Sabemos que el pasado siempre se interpreta desde nuestra posición actual, y hoy vivimos en un mundo con opiniones políticas muy diversas. Se discute mucho, por ejemplo, si hay que pedir perdón desde las metrópolis a los pueblos indígenas. Es un debate que quizá simplifica las cosas, pero, ¿qué piensa usted?Muchos debates sobre interpretaciones históricas son, en el fondo, debates sobre qué relación queremos tener hoy. Desde la perspectiva actual, nos parece que se cometieron muchos crímenes e injusticias. Es importante reconocer que ciertas partes del mundo se han aprovechado: los últimos 500 años se han caracterizado por estructuras asimétricas, tanto en lo económico como en la producción de conocimiento, y es innegable que la colonización ha tenido consecuencias que llegan hasta el presente. Pero estos son discursos con los que hoy negociamos nuestras relaciones con otros: no se trata de hacer un juicio de valor sobre el siglo XVI desde la lógica actual. Por eso mantengo distancia tanto con la gran celebración de los pensadores de Salamanca como con su crítica radical. Fueron intelectuales notables de su época y, obviamente, es imposible juzgarlos desde la perspectiva de hoy. Usted sostiene que los argumentos de la Escuela de Salamanca sobre lo que hoy llamaríamos la libre circulación de personas y mercancías se han simplificado.La actitud de Vitoria hacia la expansión europea y la conquista fue ambivalente: llegó a la conclusión de que las justificaciones que presentaba la Corona no eran ciertas, pero desarrolló una nueva justificación basada en el derecho de todos los seres humanos a circular libremente por el mundo y a predicar su fe. Ese derecho tenía una contrapartida: todos los seres humanos están obligados a acoger a personas que sufren y tienen necesidades, y a darles sostenimiento básico. Domingo de Soto lo definió así claramente en una famosa deliberación sobre los pobres. Desde entonces hasta hoy, hemos protegido jurídicamente la libertad de circular, sobre todo a través del libre comercio. Pero, en la Escuela de Salamanca, si puedo circular libremente, también tengo que aceptar a quienes circulan. Nosotros hemos restringido mucho ese derecho tras la crisis migratoria. Hemos compartimentado ese pensamiento. La globalización ha creado instituciones dedicadas a la libre circulación de mercancías, no tanto a la libre circulación de personas. Para decirlo muy puntual: nos gusta exportar, pero también nos gusta limitar la inmigración. En la Escuela de Salamanca eran dos caras de la misma moneda.Voy a caer yo ahora en el anacronismo, pero volvemos a estar, como en el siglo XVI, en otro momento de grandes cambios globales, y los límites del poder de los que se hablaba en Salamanca también parece que se están renegociando. La Presidencia de EEUU ha asumido poderes que habrían sido impensables hace unas décadas.La Escuela de Salamanca se formó en una época de enormes desafíos morales: la expansión y la conquista, las posibilidades de ganancia, las turbulencias macroeconómicas que causaba la importación de plata a Europa… Además, fue una época de división política por la Reforma protestante y hubo una gran revolución tecnológica. La visión del mundo cambió, y eso creaba necesidad de orientación y reflexión. Hay cierta similitud con nuestro tiempo, y Salamanca fue parte de la historia europea de búsqueda de limitación al ejercicio del poder, a partir de una reflexión cristiana. Creo que se ha subestimado la importancia de esa dimensión religiosa para la evolución de conceptos seculares en la historia de Occidente. Se pueden compartir esos valores o no, pero no se puede ignorar que han sido el sostén de nuestros sistemas jurídicos y políticos.Con la perspectiva que nos da una secularización avanzada, ¿podemos volver a mirar al cristianismo fuera de esa polarización, como un recurso más entre otros?Más allá de si uno comparte o no la fe, o si es parte de iglesias cristianas o no, nos conviene volver a conocer mejor las bases de nuestra cultura jurídica y política. Quizás el proceso de descristianización de Europa nos da más libertad para volver hoy a mirar el cristianismo como una opción y una posibilidad, y no tanto como un poder que oprime. En las sociedades secularizadas nos surgen muchas preguntas muy difíciles de responder sobre valores fundamentales: ¿qué derechos adjudicar a máquinas? ¿Dónde trazar la diferencia entre máquinas y seres humanos? También hay un gran debate sobre la distinción entre naturaleza y cultura, derechos de los animales, derechos de la naturaleza…Y no es posible responder desde un horizonte teológico, como el del siglo XVI.Un jurista alemán, Ernst-Wolfgang Böckenförde, también muy famoso entre juristas en España, decía que nuestra Constitución no es capaz de sostener los fundamentos sobre los cuales ha sido establecida. Las constituciones seculares tienen un cierto déficit o una cierta fragilidad al no estar fundamentadas, por falta de consenso, en principios universalmente aceptados. Y nos tenemos que posicionar frente a ese posible déficit de legitimación, más allá de la legitimación democrática, que sin duda existe. En un momento en que estamos negociando jurídicamente conceptos claves, esto es algo que tenemos que discutir. Sin demonizar a otros, como puedan ser China o el Islam, tenemos que poder decir: «Allá donde otros tienen su base, ¿dónde está la nuestra?».En el siglo XVI tenían el reto de definir a la persona en un momento en que otras culturas, otras clases de personas, estaban entrando en circulación. Ahora, la inteligencia artificial y los cambios geopolíticos plantean también cuestiones sobre qué es una persona y la relación entre culturas. Tenemos desafíos similares a los de aquella primera globalización. Sí, sin duda. Tanto por el progreso tecnológico como por la desmembración del fundamento político o religioso, y por la búsqueda de valores y orientación. Por eso es importante que entendamos por qué hemos llegado a nuestra forma de protección de la persona, sin juzgar a los que han tenido otra historia y están buscando otros caminos para la protección del ser humano contra el abuso del poder. Si no conocemos las bases de nuestra propia historia, nos va a ser muy difícil entrar en un diálogo fructífero con otras culturas. Una enseñanza importante es que el sistema que se ha dado en Europa, si bien se ha globalizado, es fruto de nuestra historia muy particular, no es universal.¿Qué enseña la historia sobre los actuales desafíos del Estado de derecho?Nos ayuda tener presentes situaciones históricas que han dado origen a normas y sistemas jurídicos que protegen al ser humano contra el abuso de poder. Como alemán, pienso en la historia trágica de Alemania en el siglo XX, con el nazismo y el Holocausto. Después del régimen nacionalsocialista, Alemania adoptó ciertos principios y trató de convertirlos en derechos fundamentales. La capacidad de aprender de la historia es limitada, pero sí podemos aprender que han existido abusos de poder atroces, a los cuales no queremos volver.Más en general, ¿para qué sirve la historia?Muchas veces la historia sirve para afirmar la propia visión del mundo. Pero yo, personalmente, y muchos de los que trabajamos en esto hacemos justo lo contrario: miramos a la historia para cuestionar certezas. Hoy tenemos que estudiar el pasado, nuestros sistemas jurídicos y políticos, con ojos críticos y cuestionar sus fundamentos. Pero, al mismo tiempo, tenemos que conocer nuestro pasado porque estamos en una época de cierta rivalidad de sistemas. China, por ejemplo, nos puede aparecer desde Occidente una oferta no muy atractiva, pero hay muchas regiones del mundo y países que sí la consideran una oferta más funcional y más interesante. Y yo creo que, para movernos en esa lamentable rivalidad entre sistemas, es muy necesario que conozcamos bien nuestra propia cultura y las de los otros. No para caer en un discurso de superioridad o de demonización de otros. Al contrario, para poder entrar en un diálogo entre iguales con quienes están bastante convencidos de sus sistemas. DNIDesplegableNacido en 1967, es catedrático en la Universidad Goethe, profesor honorario de la CUPL en Pekín, China, y miembro honorario de la Sociedad Americana para la Historia Legal. Ha editado, junto a la investigadora de Harvard Tamar Herzog, 'Historia del derecho de America Latina en Perspectiva Global' (Tirant, 2025).