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El País ·

Tres mujeres, tres países y una crisis global

Resumen

Tamanna, Hamada y Carmen viven en tres países golpeados por la crisis sin precedentes que atraviesa el sector humanitario. Afganistán, Nigeria y Colombia son apenas tres ejemplos del descomunal impacto del desplome de la financiación internacional, que varias proyecciones cifran en millones de muertos. Estados Unidos, junto a grandes donantes europeos como Reino Unido, Alemania o Francia han optado por recortes salvajes en su ayuda al desarrollo. Cuando los dirigentes del mundo priorizan el rearme frente a la cooperación, ellas son las más perjudicadas y por eso, este 8M, hemos querido poner el foco en las mujeres del Sur Global.

Tamanna, Hamada y Carmen viven en tres países golpeados por la crisis sin precedentes que atraviesa el sector humanitario. Afganistán, Nigeria y Colombia son apenas tres ejemplos del descomunal impacto del desplome de la financiación internacional, que varias proyecciones cifran en millones de muertos. Estados Unidos, junto a grandes donantes europeos como Reino Unido, Alemania o Francia han optado por recortes salvajes en su ayuda al desarrollo. Cuando los dirigentes del mundo priorizan el rearme frente a la cooperación, ellas son las más perjudicadas y por eso, este 8M, hemos querido poner el foco en las mujeres del Sur Global. Las historias de estas tres mujeres las han buscado y escrito tres reporteras de sus respectivos países. Después, desde París, Nade, franco-iraní, se ha encargado de ilustrarlas y en Londres las hemos coordinado y editado. El que tienen entre manos es un proceso colaborativo, construido por mujeres y con el que hemos tratado de transmitir con la menor distorsión posible la realidad que asfixia millones de ellas en el mundo. Las reporteras: Zohal Azad y Ghazal Mohammadi son los pesudónimos de dos reporteras afganas. Forman parte de Rukhshana Media, una organización que informa desde la clandestinidad en Afganistán sobre la brutal realidad de las mujeres y las niñas desde la imposición del apartheid de género por los talibanes tras su regreso al poder en 2021. La reportera: Zubaida Baba Ibrahim es una periodista nigeriana que trabaja en Nigeria Health Watch y que trata de desafiar las narrativas convencionales a través de historias multimedia. En su país, los recortes han golpeado con especial virulencia a las madres y las embarazadas. La reportera: Valentina Parada Lugo es periodista colombiana y trabaja en la redacción de EL PAÍS América en Bogotá. Escribe sobre conflicto armado interno, justicia y derechos humanos con especial atención a las historias de mujeres en contextos de violencia. Las vidas de estas mujeres se truncaron de un día para otro, cuando a miles de Kilómetros de sus casas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió fulminar USAID, la agencia de cooperación del mayor donante del mundo hace ahora un año. Son apenas un ejemplo de todas las que han sentido con virulencia el latigazo de esas decisiones en todo el mundo en los últimos meses. Las tres mujeres que aparecen en este especial, al igual que tantos otros beneficiarios de ayuda, no son sujetos pasivos a la espera de limosna. Son personas con sueños y proyectos, a las que su geografía y su condición de mujer las ha condenado a la vulnerabilidad. Porque cuando el imperativo moral de la ayuda humanitaria vigente durante décadas se derrumba y el conflicto se impone a la cooperación, ellas son las más perjudicadas. Primero, porque la tasa de pobreza es mayor entre las mujeres y necesitan por tanto más la asistencia humanitaria, pero sobre todo, porque gran parte de la cooperación se ocupa de asuntos de los que a menudo, sus gobiernos se desentienden; entre ellos la salud materno-infantil, la planificación familiar o los programas de violencia contra las mujeres. Pero además, cuando las crisis arrecian, las niñas son las primeras a las que sus familias sacan de la escuela para trabajar o acaban vendidas o prostituidas. Y cuando no llegan los fondos para la salud y los enfermos no se curan, las mujeres suelen asumir los cuidados, abandonando sus proyectos de vida y hasta su propia salud. Un dato sirve para entender la gravedad del momento actual: 2025 es el año en el que la mortalidad infantil ha vuelto a crecer por primera vez en 25 años, en parte debido a la falta de recursos para las embarazadas. “Lo que vemos ahora es el impacto inmediato. El largo plazo va a ser devastador”, vaticina Kellie Leeson, de la Women’s Refugee Commission, cuya organización ha elaborado un detallado estudio del impacto de los recortes un año después. En él, detallan por ejemplo que con el desmantelamiento de USAID se suprimió el 94% de los fondos estadounidenses destinados a salud sexual y reproductiva. El Guttmacher Institute cifra en 17 millones los embarazos no deseados fruto de los recortes en apenas un año. El recorte de fondos de cooperación ha dado pie a una reflexión profunda sobre la ayuda humanitaria y la cooperación, que parte de la premisa de que no son ni mucho menos la panacea. Son parte de un sistema imperfecto, que genera dependencia, refleja a menudo las prioridades de los donantes y que desde hace años pide a gritos una reforma profunda. Pero interrumpir la ayuda de forma abrupta sin tiempo para poner en pie alternativas de autosuficiencia, aboca a los países más vulnerables a la catástrofe humanitaria y pone en peligro avances en salud global logrados durante décadas, que nos afectan a todos.