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El Mundo ·

Súbditos de la secta trumpista-MAGA

Resumen

En 2016, el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, tuiteó lo siguiente: "Si nominamos a Trump, será nuestra destrucción...y nos lo mereceremos". En aquel entonces Twitter todavía no era X manejado por Elon Musk y Graham, un republicano tradicional, aún no se había plegado a quien acabaría por ser el candidato del Partido Republicano. La cúpula republicana creyó que podría controlar al ambicioso empresario, pero sucedió todo lo contrario: acabaron por ser súbditos (y cómplices) de la secta trumpista-MAGA. Graham falleció recientemente y si hay vida después de la muerte (él era un hombre muy creyente), desde el más allá estará reflexionando sobre sus proféticas palabras en el día después de la debacle republicana en las elecciones de medio término.

En 2016, el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, tuiteó lo siguiente: "Si nominamos a Trump, será nuestra destrucción...y nos lo mereceremos". En aquel entonces Twitter todavía no era X manejado por Elon Musk y Graham, un republicano tradicional, aún no se había plegado a quien acabaría por ser el candidato del Partido Republicano. La cúpula republicana creyó que podría controlar al ambicioso empresario, pero sucedió todo lo contrario: acabaron por ser súbditos (y cómplices) de la secta trumpista-MAGA. Graham falleció recientemente y si hay vida después de la muerte (él era un hombre muy creyente), desde el más allá estará reflexionando sobre sus proféticas palabras en el día después de la debacle republicana en las elecciones de medio término. Es verdad que se trata del segundo mandato de Trump, pues después de perder en 2020 contra Joe Biden volvió a ocupar la Casa Blanca hace dos años. Y eso me lleva a otra cita relevante, también enunciada en el ciclo electoral de 2016. En aquellas primarias republicanas, en las que los otros aspirantes a la candidatura presidencial intentaban por todos los medios sortear los golpes bajos de Trump, el entonces senador Marco Rubio hizo la definición más certera de su entonces rival: "Es un estafador" ("hes a con artist"). Luego, al igual que Graham, acabó por obedecer los dictados trumpistas. Tanto, que en el segundo mandato del republicano aceptó ser su secretario de Estado y lo ha respaldado en todas sus aventuras internacionales, incluido el fiasco de la guerra con Irán y hasta la sospechosa alianza con Putin en la invasión a Ucrania. Graham ya no puede opinar entre los vivos acerca de la gigantesca ola azul que en cuestión de horas ha dejado patente el repudio de la mayoría de los votantes estadounidenses al experimento trumpista. Tal vez Rubio pudiera ahondar más sobre lo que quiso decir hace 10 años, cuando comprendió que su entonces rival era, en esencia, un "estafador". Pero no lo hará, porque a estas horas él también estará calculando lo que significa para su supervivencia política estar tan vinculado a un legado que esta noche ha recibido un colosal suspenso. Quizás se deba a que, como apuntó Graham en su día, siempre fue un fracaso. En eso consisten las estafas: mediante un engaño o artificio el estafador induce a otro al error. Con Trump la estafa ha sido colectiva. A gran escala. En ocasiones, el estafador acaba por creerse su propio embuste y más si tiene los rasgos clínicos del narcisismo. Cegado por el falso oropel que lo envuelve (y con un entorno que nunca le dirá al emperador que va en cueros), Trump se pasó toda la campaña antes de las midterms diciendo que pensaran en él a la hora de votar, aunque su nombre no estuviera en la papeleta. ¡Vaya si lo han hecho! Y en el pensamiento también llevaban el alza de precios, la gasolina por las nubes, la escasez de oportunidades laborales, las obscenas facturas médicas, las guerras innecesarias, amigos o familiares a los que ICE se ha llevado en redadas violentas. Dos años con el país sumido en el caos mientras el presidente y su familia se enriquecen con negocios turbios y un desfile de tecno bros y magos de las criptomonedas en la mansión de Mar-A-Lago. Sin duda, la gente ha imaginado a Trump a la hora de votar. Eso es lo que explica el tsunami que ha barrido en la Cámara de Representantes y en el Senado el embuste trumpista. Donald Trump ha pasado la madrugada viendo en la cadena Fox el derrumbe de su estafa piramidal. También se ha dedicado a lanzar mensajes desagradables contra una presentadora de su cadena favorita. Y no ha perdido tiempo en denostar a candidatos que apoyó y que han perdido estrepitosamente. Según él, si los derrotaron es porque son unos inútiles. Es el mismo tipo que Graham presagió como el Terminator de los valores republicanos. El mismísimo sobre el que Rubio advirtió que acabaría estafando a todo el mundo. En los dos años que quedan antes de salir de este timo que tanto ha erosionado la democracia americana, mucho ojo con el expolio y la destrucción por venir si le dejan. En su delirio total antes del rotundo fracaso, se asomó al lago reflectante del Monumento a Lincoln y solo vio el brillo naranja de su ego monstruoso.