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Monstruos con un disfraz retórico

Resumen

La condena a nueve años y medio de prisión para Xabier Ron, profesor de una niña de 12 años a la que violó de forma sádica y a la que contagió la sífilis, recuerda demasiado a la condena a quince años de prisión para Martiño ... Ramos Soto, profesor de música de una niña a la que también violó, y que se fugó a Cuba para evitar su ingreso en prisión. Ambos eran figuras reconocidas de la izquierda gallega. Ambos abrazaban el discurso de la solidaridad, la justicia social y el feminismo como lobos disfrazados de corderos.

La condena a nueve años y medio de prisión para Xabier Ron, profesor de una niña de 12 años a la que violó de forma sádica y a la que contagió la sífilis, recuerda demasiado a la condena a quince años de prisión para Martiño ... Ramos Soto, profesor de música de una niña a la que también violó, y que se fugó a Cuba para evitar su ingreso en prisión. Ambos eran figuras reconocidas de la izquierda gallega. Ambos abrazaban el discurso de la solidaridad, la justicia social y el feminismo como lobos disfrazados de corderos. Se movían en los ambientes feministas sin que sonase una alarma. Participaban de la política activamente y daban clase a menores.De Xabier Ron he podido encontrar este tuit, y algunos otros: «El trabajo (falazmente) vilipendiado de organizaciones como Infancia Libre explica el asesinato de un niño a manos de su padre. ¿Cuándo asumiremos que un maltratador no puede ser un buen padre? Si existe un contexto de maltratos y violencia sexual conviene escuchar siempre al menor y dejarse de supuestos (y acientíficos) síndromes de alienación parental (que siempre buscan el descrédito de la mujer)». Una investigación policial describió el 'modus operandi' de las madres de Infancia Libre, a las que se refiere Ron. Lideradas por María Sevilla, empleaban denuncias falsas de agresión sexual contra sus hijos por parte de sus padres para separarlos de ellos. Sevilla fue condenada por tener secuestrado a su hijo en una casa aislada del mundo, con las paredes cubiertas de inscripciones bíblicas. Había sepultado al padre, Rafael Marcos, con denuncias espurias y crueles, y maltrataba al niño separándolo de todo: escuela, padre, familia, realidad. La Justicia le impuso una pena de cuatro años y pico, pero el gobierno de PSOE y Podemos la indultó junto a Juana Rivas. Cuando Irene Montero, entonces ministra, salió a justificar ese indulto, se refirió a Rafael Marcos, que era inocente, como un maltratador. La Justicia condenó a la ministra por calumnias y tuvo que pagar 18.000 euros a Rafael Marcos, quien vive hoy con su hijo.Durante unos años, María Sevilla fue una activista reconocida por el feminismo institucional. Podemos la invitó a la Asamblea de Madrid, el Parlamento andaluz y el Congreso de los Diputados, y la fichó como asesora para asuntos de infancia en su afán por prohibir las alusiones a la alienación parental en los juzgados de violencia de género. Sevilla concedía entrevistas a los medios de comunicación, en las que se presentaba, como Rivas, como una madre sufrida y protectora: una pobre mujer que se veía obligada a esconder a sus criaturas de un monstruo desaforado al que la justicia patriarcal se negaba a dar caza. Podemos se desvinculó finalmente de ella, pero no de sus reivindicaciones. El Gobierno pretende ahora que la alienación parental, que es la influencia maligna de un progenitor sobre el niño para ponerlo en contra del otro, se sustituya por la violencia vicaria, que es lo mismo pero sólo puede ejercerlo el padre.En todos estos casos hay elementos comunes pese a las diferencias evidentes. Maltrato contra unos niños por parte de gente que se disfraza con un traje de retórica. Hombres muy feministas, brasas y señaladores, que luego resultan ser violadores pederastas; madres supuestamente protectoras que en realidad hacen sufrir a sus propios hijos al mentirles y separarlos de sus padres. Pero lo gracioso es que esta colección de personajes deprimentes se ha movido por las organizaciones de izquierda sin levantar sospechas. Grupos moralistas, supuestamente vigilantes, que se dicen preocupados por la seguridad sexual y el bienestar y la protección de los menores y que señalan como enemigo a quien tiene un discurso crítico con el feminismo . Desconfían de personas de comportamiento intachable y acogen a personajes abyectos.El disfraz retórico es viejo como el crimen. «Por sus frutos los conoceréis» es una célebre enseñanza bíblica en que Jesús advierte sobre los falsos profetas. Señala que la verdadera naturaleza, los valores o las intenciones de una persona no se conocen por lo que dice, sino por sus actos y resultados (los frutos). De ahí que nadie se sorprenda si aparecen sacerdotes folladores que sermonean sobre la pureza, el recato y la castidad; o ladrones a gran escala que emplean la monserga de la generosidad entre los pueblos; o defraudadores de Hacienda que hacen jaculatorias ante los servicios públicos; o cocainómanos que llaman yonkis a los demás; o multipropietarios de vivienda que señalan a los Fondos Buitre como únicos responsables del lío inmobiliario; o José Luis Ábalos soltando que es feminista por ser socialista mientras roba y vive de puta en puta; o Zapatero con una caja fuerte llena de joyas sin declarar y haciendo negocios con narcodictaduras. Cualquier inmoral con un mínimo de inteligencia tratará de ser percibido como un ciudadano ejemplar. Así disfruta durante un tiempo de impunidad y comete sus delitos sin despertar sospechas. El magnate Robert Durst ocultó durante décadas sus asesinatos bajo una apariencia de hombre de negocios y filántropo, y el asesino en serie de mujeres Ted Bundy se escondía tras una cara bonita, un verbo de perfecto estudiante y unas maneras de vástago de una familia de clase acomodada. Yo desconfío siempre de quien me dice cómo me tengo que comportar. Cuanto más agresivo es el discurso moral de un individuo, más sospechoso me parece. Porque no cuesta nada tratar bien a los demás y ser honrado si uno es bueno y la construcción de su personalidad está bien estructurada, pero nadie que sea realmente bueno tiene esa necesidad imperiosa de pasarse el día contando a los cuatro vientos lo bueno que es. «Por sus frutos los conoceréis» tiene un correlato obvio y necesario: por sus palabras, por sus confesiones, por sus lecciones los desconoceréis.A Juan Carlos Monedero lo ha sancionado dos años la Universidad Complutense por hacer supuestamente comentarios sexuales a las alumnas. Monedero se defiende y asegura que las acusaciones son falsas, pero se ha pasado toda su carrera política diciendo «yo sí te creo, hermana». Lo mismo con Íñigo Errejón. Poco creíble resulta el delito del que lo acusa Elisa Mouliaá, pero fue su discurso el que cimentó el dogma que acabó con su carrera.