Un Trump golpeado por el revés económico de la guerra en casa celebra el encarecimiento del petróleo: "Vamos a hacer mucho dinero"
ResumenEl jueves por la mañana, con el precio del petróleo de nuevo por encima de 100 dólares el barril, el presidente Donald Trump celebró en sus redes sociales la gran oportunidad de negocio. "Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, con gran diferencia; por lo tanto, cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero. PERO, de mucho mayor interés e importancia para mí, como presidente, es impedir que un imperio maligno —Irán— obtenga armas nucleares y destruya Oriente Medio y, de hecho, el mundo entero. ¡Jamás permitiré que eso suceda!", escribió.
El jueves por la mañana, con el precio del petróleo de nuevo por encima de 100 dólares el barril, el presidente Donald Trump celebró en sus redes sociales la gran oportunidad de negocio. "Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, con gran diferencia; por lo tanto, cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero. PERO, de mucho mayor interés e importancia para mí, como presidente, es impedir que un imperio maligno —Irán— obtenga armas nucleares y destruya Oriente Medio y, de hecho, el mundo entero. ¡Jamás permitiré que eso suceda!", escribió. Minutos después, su ministro de Energía, Chris Wright, repitió en una entrevista en televisión el mismo argumentario: "Afortunadamente, Estados Unidos produce más petróleo del que puede consumir, somos un exportador neto. Así que, en general, para la economía estadounidense, esto no es una mala noticia", afirmó. Entre algunos traders y analistas la imagen que vino a la cabeza fue la de un emperador romano entusiasmado al ver arder la ciudad. Mientras el turismo se desploma en Oriente Próximo, las commodities se disparan y analistas e inversores empiezan a prepararse ante un posible parón serio a la economía, el presidente de la primera potencia del mundo parece disfrutar de la situación, proclamando literalmente victoria un día en Kentucky y jugando a la ambigüedad poco después sobre cuándo durará esta nueva crisis. "La economía está en plena expansión, es fenomenal", repitió ayer. En su largo Discurso sobre el Estado de la Unión, hace apenas unas semanas, Trump aseguró que el precio de la gasolina en partes del país estaba ya en torno a los dos dólares el galón (3,8 litros). No era cierto, pero desde entonces la subida ha sido brutal. El precio promedio llegó a 3,48 dólares por galón el lunes, según la AAA, la principal asociación del motor. Un 17% más que antes de los bombardeos. Lo mismo ocurre con el diésel, que se ha disparado un 24%. El domingo por la noche, los futuros del crudo llegaron a 120 dólares por barril, si bien la jornada no fue tan negra como lo esperado, y cerró por debajo de los 90 dólares. Este jueves ha vuelto a sobrepasar los 100, y los cálculos son que si se mantienen así, la gasolina podría llegar a los cuatro dólares el galón tan pronto como la semana que viene. A pesar de la euforia de Trump, la administración está preocupada. A partir de cierto nivel de precios, el petróleo logrado con técnicas de fracking empieza a no resultar tan interesante. EEUU ha levantado parte de sus sanciones para que haya más crudo en circulación. Y ahora incluso planear exenciones temporales a una ley marítima centenaria que exige el uso de buques de construcción estadounidense para el transporte de mercancías entre puertos de Estados Unidos. La inquietud es evidente. Irak ha reducido su producción y empresas como Total Energies han visto reducida la suya hasta un 15% por los ataques iraníes por toda la zona. Goldman Sachs estima que el bloqueo de Ormuz tiene un impacto para la cadena de suministro de crudo 17 veces mayor que el golpe a la producción de petróleo rusa tras la invasión de Ucrania, que llevó temporalmente el precio del barril a los 139 dólares. No hay movilización de reservas que pueda compensar los 20 millones de barriles que pasan por el Estrecho cada día, un 20% de la producción global. La guerra le cuesta una fortuna diaria a EEUU, sin entrar siquiera en las consecuencias derivadas. La primera semana de fuego, al menos 11.300 millones de dólares, según los cálculos del Pentágono enviados al Congreso. Además, el jueves, el gigante de la financiación hipotecaria Freddie Mac indicó que la tasa promedio de las hipotecas a 30 años de interés fijo en Estados Unidos había subido al 6,11%, la segunda semana consecutiva de repuntes. El bono a 10 años del Tesoro, la tasa de referencia principal para el mercado inmobiliario, llegó al 4,25%, cuando estaba por debajo del 4% antes de los bombardeos en Teherán. El cuadro macro se está desquebrajando. Primero fue la decisión del Tribunal Supremo que declaró ilegales la amplia mayoría de los aranceles de Trump. A eso hay que sumar ahora el gasto en las operaciones militares, el déficit y el coste de la deuda en un entorno cada vez más caro. Los últimos datos mostraron que la economía de EEUU perdió 92.000 empleos en febrero, mientras que las revisiones a los datos de diciembre y enero revelaron 69.000 empleos menos de lo estimado originalmente. La Oficina de Presupuesto del Congreso ha informado esta semana que el país ha sumado otro billón de dólares al déficit federal en los primeros cinco meses del año fiscal. Desde octubre, el equipo del secretario Scott Bessen tuvo que desembolsar 31.000 millones de dólares adicionales en intereses netos sobre la deuda pública. En esos cinco meses, el Tesoro destinó un total de 433.000 millones de dólares al servicio de la deuda pública, la cual se aproxima ya a 38,9 billones de dólares. El Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB) calcula que los pagos de intereses de la deuda superarán el billón de dólares este año y rebasarán los dos billones anuales en 2036, cifras cada vez más insostenibles incluso para la nación del dólar.