Por qué el virus no tiene nada que ver con la covid
ResumenLa reaparición de Fernando Simón en algunos medios afirmando que el riesgo del hantavirus es “muy bajo” para España ha recordado a muchos a sus primeras comparecencias antes de que la covid se convirtiera en una pandemia. Más allá de que las enfermedades infecciosas tienen un punto de imprevisibilidad, esto no tiene nada que ver con aquello; el hantavirus se parece poco al SARS-CoV-2. Son muchas las diferencias entre el patógeno que causó la última gran pandemia y el que ha provocado el brote en el crucero de lujo MV Hondius, que viajaba por el Atlántico. Hay dos que hacen que las consecuencias que pueden provocar ambos sean, a priori, muy distintas: su origen y su transmisibilidad, mucho menor en el caso del hantavirus.
La reaparición de Fernando Simón en algunos medios afirmando que el riesgo del hantavirus es “muy bajo” para España ha recordado a muchos a sus primeras comparecencias antes de que la covid se convirtiera en una pandemia. Más allá de que las enfermedades infecciosas tienen un punto de imprevisibilidad, esto no tiene nada que ver con aquello; el hantavirus se parece poco al SARS-CoV-2. Son muchas las diferencias entre el patógeno que causó la última gran pandemia y el que ha provocado el brote en el crucero de lujo MV Hondius, que viajaba por el Atlántico. Hay dos que hacen que las consecuencias que pueden provocar ambos sean, a priori, muy distintas: su origen y su transmisibilidad, mucho menor en el caso del hantavirus. El coronavirus dio el salto a humanos en 2019. Hasta entonces no se conocía. Se ignoraba, por tanto, todo sobre él: cómo se contagiaba, su periodo de incubación, los síntomas que producía, su letalidad. Fue eso lo que provocó el error de cálculo de prácticamente todas las autoridades sanitarias mundiales en los primeros meses de 2020. En un principio se pensaba que la transmisión del SARS-CoV-2 se producía solo por gotitas de saliva, por lo que la hipótesis era que la expansión sería más controlable. Pero al poco tiempo se descubrió que no era así: se contagiaba por el aire, a través de la respiración, como un catarro. Con la diferencia de que el sistema inmunitario humano no conocía este nuevo virus y en los organismos más vulnerables, o peor predispuestos, causó estragos. El hantavirus, aunque poco frecuente, está presente entre humanos desde hace siglos. Se conocían desde principios del siglo XX las fiebres hemorrágicas con síndrome renal que producían y en 1993, en un brote en Estados Unidos, se descubrió una nueva variante transmitida por roedores que causaba síntomas respiratorios. Y lo que se sabe después de todos estos años es que su transmisión en humanos, aunque posible, es mucho más difícil que la de la covid. A las personas puede llegar a través del contacto directo con roedores ―que son su principal reservorio―, por medio de sus heces, en contextos muy concretos y generalmente con determinadas especies. La cepa de los Andes ―la detectada en el crucero― puede transmitirse entre humanos. Pero es necesario un contacto muy estrecho y directo a través de fluidos. Por ilustrarlo con las dos últimas enfermedades que han causado alertas sanitarias mundiales, la forma de contagio del hantavirus se parece más a la del mpox (antes llamada viruela del mono) que a la covid, aunque el contexto del brote es muy distinto a ambas. Rafael Toledo, catedrático de Parasitología en la Universidad de Valencia, recuerda que en el caso del covid, una persona infectada podía infectar a 10, y esa, a otras 10. “En una segunda generación ya tenemos 100 infectados. Aquí no. Estamos hablando de una transmisión muy ineficiente entre humanos, que es lineal: una persona infecta a otra, esa a otra, y así hasta que se corta. Ya sea porque no contacte con suficiente proximidad y tiempo o que fallezca antes de transmitirla”, señala. La prueba de esto, insiste Toledo, es que a pesar de que las condiciones de un crucero son idóneas para el contagio de una enfermedad infecciosa, en casi 150 tripulantes que tenía el barco, solo se han detectado hasta ahora ocho contagios. Es por eso que los epidemiólogos ―no solo Fernando Simón― están insistiendo en que los riesgos de este brote son mínimos. Conociendo el patógeno, las medidas de precaución para aislar y tratar a los casos deberían ser suficientes para que no se expanda. “Es posible que la información epidemiológica cambie en las próximas horas, pero por lo que se sabe, la experiencia con situaciones previas y simulacros realizados, este escenario seguiría siendo un nivel muy bajo de riesgo (el más bajo de los cuatro niveles) para la población española. Eso sí, dentro del crucero no puede descartarse que algún contacto inicie síntomas en estos días y necesite evacuación”, dice Adrian Hugo Aginagalde, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud pública y Gestión sanitaria (SEMPSPGS) en declaraciones a SMC España. ¿Podría sufrir una mutación el virus que lo convirtiera en más transmisible? Rafael Toledo explica que, aunque es un virus de RNA (como el SARS-CoV-2) que puede mutar fácilmente, la cantidad de cambios que se tendrían que producir para que se propagase con facilidad en humanos es enorme y muy improbable. “La diferencia con el coronavirus es que este ya se contagiaba mucho entre personas y pequeñas variaciones lo hacían más eficiente”, señala. Más allá de la forma de transmisión, que es la que provoca un escenario muy distinto al que dejó la covid, hay otras diferencias con el hantavirus. Este último es mucho más mortal. En el caso del coronavirus, en 2020 se estimó una letalidad del 1,7%, con enormes diferencias por edad: 0,01% en niños de 1 a 14 años, 4,7% en personas de 65 a 74, 12% entre 75 y 84, y 23,6% en mayores de 85. Todo esto, antes de las vacunas y de que la mayoría de la población hubiera tenido contacto con el virus, cuando bajó por debajo del 1%. La letalidad del hantavirus es muy variable. La media para la cepa de los Andes es del 18,5%: entre 2013 y 2018 hubo 598 personas infectadas en Argentina, de las que 111 acabaron falleciendo. En este tipo de enfermedades, no obstante, estas tasas pueden variar mucho en función de su expansión y de los sistemas sanitarios en los que se producen los contagios. Otra gran diferencia es el periodo de incubación: menos de una semana en el caso del SARS-CoV-2 y entre una y seis en el del hantavirus. Esto hace que la observación y la posible cuarentena de personas en contacto con el virus tenga que ser más prolongada. Los síntomas pueden ser parecidos en ambas enfermedades: algo parecido a una gripe que en la mayoría de los casos se queda ahí, pero que se puede agravar. Con toda esta información, los expertos no están preocupados por el posible atraque del barco en suelo español. Antoni Trilla, consultor del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Clínic, explica a SMC: “No hay riesgo para la población general. Si el buque atraca en Canarias, las autoridades sanitarias y los servicios de salud pública pueden realizar una nueva evaluación del estado de salud de todos los pasajeros y tripulación y decidir quiénes deben recibir atención médica y/o ser evacuados médicamente a sus países de origen, y quiénes pueden permanecer en el buque y seguir el viaje programado, informando adecuadamente de las precauciones que tienen que seguir y de los posibles signos de alerta que supondrían la necesidad de consultar a los servicios médicos”.