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Hispanidad y sectas 'evangélicas'

Resumen

Mientras el fantoche Trump lanza calumnias groseras contra León XIV, los adeptos más alienados de las sectas 'evangélicas' han lanzado en las redes sociales una campaña iconoclasta, en la que mientras destruyen imágenes religiosas de escayola invocan versículos del Éxodo que condenan la idolatría. melonadas se inscriben en la más pura tradición protestante, que en puridad no es otra cosa sino antirromanismo, odio a la fe católica, aliñado con pretensiones de purismo bíblico. Desde sus mismos orígenes, la exégesis protestante, aprovechando la mundanidad de la corte papal renacentista, ha calumniado encarnizadamente el Papado, considerando que la visión apocalíptica de la Gran Ramera se refiere a Roma, convertida en sede del Anticristo; y el fantoche Trump , asegurando que León XIV desea que los iraníes tengan bombas atómicas y otros dilates por el estilo, no hace sino inscribirse –en versión cerril y australopiteca– en esa tradición furiosa. También la vesania iconoclasta –que es odio a la Belleza y a su encarnación máxima, la Virgen María que sostiene al Niño Dios– es elemento constitutivo del protestantismo, que al negar a María el título de Madre de Dios negó a sus adeptos la posibilidad de criar a Dios en su regazo.

Mientras el fantoche Trump lanza calumnias groseras contra León XIV, los adeptos más alienados de las sectas 'evangélicas' han lanzado en las redes sociales una campaña iconoclasta, en la que mientras destruyen imágenes religiosas de escayola invocan versículos del Éxodo que condenan la idolatría. Ambas ... melonadas se inscriben en la más pura tradición protestante, que en puridad no es otra cosa sino antirromanismo, odio a la fe católica, aliñado con pretensiones de purismo bíblico. Desde sus mismos orígenes, la exégesis protestante, aprovechando la mundanidad de la corte papal renacentista, ha calumniado encarnizadamente el Papado, considerando que la visión apocalíptica de la Gran Ramera se refiere a Roma, convertida en sede del Anticristo; y el fantoche Trump , asegurando que León XIV desea que los iraníes tengan bombas atómicas y otros dilates por el estilo, no hace sino inscribirse –en versión cerril y australopiteca– en esa tradición furiosa. También la vesania iconoclasta –que es odio a la Belleza y a su encarnación máxima, la Virgen María que sostiene al Niño Dios– es elemento constitutivo del protestantismo, que al negar a María el título de Madre de Dios negó a sus adeptos la posibilidad de criar a Dios en su regazo. De ahí que, como escribe Foxá, con Lutero se secaran «todos los lirios simbólicos de la Edad Media». Naturalmente, estas delicadezas estéticas, expresión máxima de la civilización católica, los zoquetes 'evangélicos' que han lanzado esa campaña en redes sociales no pueden ni siquiera vislumbrarlas; pues su pensamiento ha dejado de ser simbólico, para chapotear en las literalidades más zafias y maniqueas.Habría que empezar a señalar que catolicismo y protestantismo son como agua y aceite; jamás podrán cuajar una civilización conjunta (de ahí el fracaso constitutivo de engendros como la Unión del Pudridero Europeo). Pues la idea fundante de la cultura católica es el concepto escolástico de la unidad universal de todos los hombres, su igualdad esencial sin negar el valor de sus diferencias; mientras que la idea fundante de la 'cultura' (que en realidad es barbarie) protestante es el concepto de 'designio', de élite o pueblo elegido, que alcanza su paroxismo en la doctrina del 'Destino Manifiesto', que proclama a los Estados Unidos una «nación ungida» por Dios a la que todos los demás pueblos y naciones deben pleitesía, en una suerte de continuidad fatua con las promesas de la Antigua Alianza. De ahí que todas las sectas 'evangélicas' sean fervientemente sionistas; en realidad, más allá de todas las objeciones teológicas y morales que podríamos aducir contra ellas, debemos reconocer que las sectas 'evangélicas', en puridad, son una plataforma para la hegemonía geopolítica del anglosionismo en los países de tradición católica.Que la introducción de las sectas 'evangélicas' en la América hispánica, allá por los años setenta, fue una operación diseñada y financiada por la CIA es algo sobradamente demostrado. Ya en el Informe Rockefeller (1969), se advertía al presidente Nixon que la Iglesia católica no era un «aliado confiable» y que muchos sectores católicos se estaban volviendo «fuerzas de cambio social» peligrosas para los intereses gringos. Así que se decidió reemplazar la influencia católica, siquiera entre las clases populares, por una religiosidad más 'conservadora' y 'apolítica' que centrase su mensaje en la 'salvación personal'. Ahora empezamos a asistir, en volandas de la avalancha inmigratoria, a la eclosión de las sectas 'evangélicas' también en España, que sirviéndose de nuevo de un mensaje de 'salvación personal' esconden una exaltación de la prosperidad y el individualismo. Resulta especialmente indecente que desde la derecha española se aplauda esta proliferación de sectas 'evangélicas', presentándola como una nueva forma de Hispanidad y haciendo creer a las masas cretinizadas adscritas a su negociado ideológico que los 'evangélicos' comparten 'nuestra cultura' y 'nuestra formas de vida'.Desde luego, una inmigración procedente de la América hispánica (es decir, de la América católica) es mil veces más deseable que una inmigración musulmana; pero una inmigración protestante será tan disolvente del 'ethos' católico como la musulmana. Escribía Leonardo Castellani con su habitual perspicacia que «la mentalidad actual del protestantismo degenerado es mahometismo cultural y religioso»; y lo documentaba leyendo las novelas que entonces triunfaban en Yanquilandia, desde Ayn Rand a Sinclair Lewis, donde descubría «que ese pueblo vivaz, poderosísimo y temible» profesaba una moral profundamente anticatólica, lo que se percibía tanto en aspectos dogmáticos (sustitución de la mística por el emotivismo, antisacramentalismo, naturalismo, etcétera), como en su culto a la riqueza, en su consideración de las guerras injustas que convienen a sus intereses económicos como 'guerras santas' o en su exaltación bárbara del 'struggle for life' y el 'self-made man'. No sé si este cóctel puede calificarse exactamente de 'mahometismo' (aunque conviene resaltar que Castellani consideraba que el 'mahometismo' es un judaísmo simplificado explicado a pastores de cabras); lo que resulta evidente es su vocación anticatólica y disolvente del ideal de la Hispanidad.Podría decirse sin exageración que las sectas 'evangélicas' que se promueven insensatamente desde la derecha de rompe y rasga son un subproducto cultural 'yanqui', exactamente igual que la ideología 'woke' que promueve la izquierda caniche. Paradójicamente, el activista 'queer' y el predicador pentecostal son, como Aureliano y Juan de Panonia en el cuento de Borges, una misma persona; y ambos desempeñan la misma misión, aunque se dirijan a públicos diversos que ingenuamente se creen antípodas (pero que están al servicio del mismo amo, el imperialismo anglosionista). Es, desde luego, abyecto querer convertir España en una versión degradada de California, como pretenden la izquierda caniche, pero igualmente abyecto es querer convertir España en una imitación casposa de Miami, como pretende nuestra derecha de rompe y rasga, promoviendo desnortadamente una parodia siniestra de la Hispanidad donde las sectas 'evangélicas' hacen su agosto entre los hispanoamericanos más pobres, mientras los más ricos acaparan los pisos de los barrios pijos, inflando el mercado inmobiliario.