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El Mundo ·

La calle sin nombre y con pleno de robos junto a Puerta del Ángel: "La puerta de mi coche apareció en un camión de Marruecos"

Resumen

Los misterios de la ciudad de vez en cuando deciden cruzar sus destinos en un mismo punto. Y lo hacen como si se tratara del aleph, ese agujero en el aire por donde donde pasaba la vida entera, el universo. Pero en la mayoría de las ocasiones que esto ocurre no es por algo bueno. Así les ha pasado a los inquilinos de un callejón que, para más inri, ni siquiera tiene nombre; o más bien, se considera solo un hijo de la calle madre, el Paseo de Extremadura.

Los misterios de la ciudad de vez en cuando deciden cruzar sus destinos en un mismo punto. Y lo hacen como si se tratara del aleph, ese agujero en el aire por donde donde pasaba la vida entera, el universo. Pero en la mayoría de las ocasiones que esto ocurre no es por algo bueno. Así les ha pasado a los inquilinos de un callejón que, para más inri, ni siquiera tiene nombre; o más bien, se considera solo un hijo de la calle madre, el Paseo de Extremadura. Los inquilinos de este callejón, decíamos, no están precisamente felices de que hayan decidido coincidir en su pequeña calle varios ladrones, o quizá los mismos. El caso es que a todos les ha tocado esa lotería de la mala suerte y fueron víctima de los ladrones en el último año. Situémonos: el punto en cuestión es un callejón peatonal, una pequeña vía que une el Paseo de Extremadura con su paralela, San Crispín, en el barrio de Puerta del Ángel, distrito de Latina. Por motivos desconocidos, no tiene nombre. Su dirección -sin cartel- sigue siendo Paseo de Extremadura. Existen varios más a uno y otro lado del paseo que sí fueron bautizados. Entrando en el callejón sin nombre desde San Crispín, encontramos enseguida la peluquería Eyre Artisti, cuya propietaria, Yully Rincón, ya explica lo que pasa: "En cuestión de unos pocos meses nos robaron a todos. Y todavía nosotros tuvimos suerte, porque cuando ya habían roto el cierre se encontraron con que había otra puerta con una cerradura muy fuerte y decidieron darse la vuelta". Para probar cómo ocurrió, muestra el vídeo de la cámara de seguridad: se presume que son altas horas de la noche cuando un tipo, una sombra más bien, corta el cierre con una cizalla y con la paciencia del experto. Un cómplice aguarda en la calle para avisar si viene alguien. La sombra se abre hueco y se cuela en la entrada de la peluquería, pero se topa con la puerta, pelea unos minutos con ella y se acaba marchando. Uno de los ladrones durante el robo en la peluquería.E. M. "Total, ¿para robar qué, unos secadores?", se resigna Yully, que al menos cuenta con la suerte de haberse librado, y explica cómo cambió el cierre de reja por uno de lamas que no deja ningún resquicio al aire. Sus dos empleados, Víctor y Andrés, recuerdan además cómo un tiempo después -todos los robos de esta calle ocurrieron hace varios meses, espaciados en 10-12 semanas- les intentaron asaltar de nuevo, esta vez después de arrear varias pedradas al escaparate. El grueso cristal les salvó, así que ni tan mal. Pero el local junto a la peluquería, la Autoescuela Guía, regentada por Víctor Jiménez, no salió tan bien parado. Los ladrones fueron bastante más osados en su caso. "A mí entraron a robarme a plena luz del día, aprovechando que me había ido a comer y no había echado el cierre de la tienda, solo había dejado la puerta cerrada con el cerrojo", recuerda. ¿Qué le robaron? "Lo revolvieron todo, buscaron dinero, pero no creo que hubiera ni 20 euros, porque no dejo nada en la oficina, así que se llevaron los cascos de la moto que usamos para las clases. Ya ves, nada, pero destrozaron todo para buscar algo que llevarse", explica mientras enseña fotos de toda la autoescuela patas arriba, en completo desorden, y la cerradura forzada con una palanca. Sin embargo, a Víctor el robo gordo se lo hicieron tres días antes de entrar en su autoescuela, en la cercana calle Caramuel: "Se llevaron el coche que tenía para dar las clases, que estaba en el taller, y unos meses después me llamó la Policía y me dijo que había aparecido en un desguace totalmente destrozado. Menos una puerta, ¡que apareció en un camión en Marruecos!", recuerda aún con sorpresa. A la vuelta de la autoescuela, mucho más a la vista, está la óptica Gaes, a la que entraron también a plena luz del día, recuerda una de sus empleadas: "Estaba otra compañera mía dentro de la tienda, en la parte de atrás. Les vio entrar con la cara tapada y entonces se agachó y se quedó muy quieta, muerta de miedo. Les vio llevarse lo que había en la caja y ya salió cuando se marcharon de la tienda. Imagínate el susto que se llevó". Más suerte tuvo el local de enfrente de la autoescuela, la tienda china XM Outlet, cuyo dueño, con un español precario y cierta reticencia, dice que también le rompieron el cristal para intentar robarle, pero al final no se llevaron nada. La autoescuela tras el asalto.E. M. Sí arramplaron, en cambio, con la academia de inglés School House MandM, donde entraron de noche, también rompiendo el cierre, y sustrajeron lo que pudieron, recuerda su propietario: "Ahora hemos cambiado el cierre por uno mejor y puesto una alarma, y esperamos que no pase más...". Las pequeñas historias concentradas en este callejón terminan, por el momento, con una moto robada abandonada desde el pasado verano en la acera, que finalmente se llevó la Policía hace poco. Con tanta aventura, ¿no se merece un nombre esta calle?