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El Mundo ·

El prodigioso cine iraní, con dos películas en los Oscar y en colapso por la guerra: "Jamás un bombardeo ha liberado a ningún pueblo"

Resumen

"Sentimos una especie de disonancia cognitiva al estar aquí mientras sucede lo que sucede en Irán", comentan al otro lado del zoom Sara Khaki y Mohammad Reza Eyni. Ellos son los directores del documental Cutting Through Rocks, hablan desde Los Ángeles y comparten con Jafar Panahi, director de Un simple accidente, el privilegio de estar nominados a los Oscar. Se podría decir, a un lado el puzzle de nacionalidades al que obligan las coproducciones, que Irán es el único país -descartadas las potencias Estados Unidos, Reino Unido y Francia- que cuenta con dos representantes en los premios de la Academia de Hollywood. O, mejor, dos películas candidatas a los Oscar discurren en el mismo sitio ahora mismo arrasado por las bombas.

"Sentimos una especie de disonancia cognitiva al estar aquí mientras sucede lo que sucede en Irán", comentan al otro lado del zoom Sara Khaki y Mohammad Reza Eyni. Ellos son los directores del documental Cutting Through Rocks, hablan desde Los Ángeles y comparten con Jafar Panahi, director de Un simple accidente, el privilegio de estar nominados a los Oscar. Se podría decir, a un lado el puzzle de nacionalidades al que obligan las coproducciones, que Irán es el único país -descartadas las potencias Estados Unidos, Reino Unido y Francia- que cuenta con dos representantes en los premios de la Academia de Hollywood. O, mejor, dos películas candidatas a los Oscar discurren en el mismo sitio ahora mismo arrasado por las bombas. "Para nosotros", comenta Mohammad, "el cine es una forma de resistencia. Es básico enseñar al mundo que, cuando se habla de los iraníes, se habla de gente real con sus deseos, sus aspiraciones... Eso es lo que las noticias del día a día y los discursos belicistas nunca reflejan". A lo que Sara añade: "Jamás un bombardeo ha liberado a ningún pueblo. No se libera a un pueblo asesinándolo". La pareja verbaliza a su modo el estado de consternación de una de las cinematografías más bellas y deslumbrantes que ha dado el mundo con la figura del ya fallecido Abbas Kiarostami (1940-2016) en su vértice más alto. "Las personas buscan formas de resistencia ante lo que no les gusta. Unos combaten. Yo creo mi mundo personal, y me alejo", decía este último en una entrevista concedida a EL MUNDO poco antes de morir por aquello de comprometerse sin hacerlo del todo. Desde que estalló el conflicto ni el citado Panahi, último ganador de la Palma de Oro, ni el siempre comprometido Mohammad Rasoulof —la otra gran figura viva del cine persa y cuyo último trabajo, La semilla de la higuera sagrada, optó también al Oscar en 2025— han concedido entrevistas y solo han realizado contadas manifestaciones públicas. El segundo se manifestó en las redes sociales para celebrar el asesinato de Alí Jameneí: "Es, sin duda, la figura más odiada de la historia contemporánea de Irán", escribió. Para saber másCine. Jafar Panahi, Palma de Oro en Cannes: "En la cárcel te das cuenta de que ayudar no es una elección, es un deber"Redacción: LUIS MARTÍNEZ CannesJafar Panahi, Palma de Oro en Cannes: "En la cárcel te das cuenta de que ayudar no es una elección, es un deber"Cine. Un simple accidente: Jafar Panahi celebra su libertad con una vibrante lección de cine (****)Redacción: LUIS MARTÍNEZ Un simple accidente: Jafar Panahi celebra su libertad con una vibrante lección de cine (****) Y mientras, entre el silencio cauto y la indignación más evidente, las películas, una a una, describen la lucha de un pueblo por la resistencia, por la justicia, por la posibilidad de perdón incluso y por, otra vez, la liberación. Cutting Through Rocks, que llega a Los Ángeles tras ganar el Gran Premio del Jurado en Sundace, narra la historia de una matrona en lucha contra su destino. Sara Shahverdi, así se llama la protagonista, no solo es la primera mujer de una región remota de noroeste de Irán en ir en moto de un lado a otro, también fue la primera en ser concejala electa y todo su empeño es acabar con los matrimonios infantiles y lograr, contra las más arraigadas tradiciones patriarcales, que las jóvenes se independicen y estudien. El documental se rodó durante ocho años y en ese tiempo sucedió de todo: desde falsas acusaciones que cuestionaban su identidad de género al acoso de las autoridades pasando por los atardeceres más subyugantes del cine reciente. "Lo que muestra la película es que el cambio es posible y siempre surge desde dentro. Por supuesto que hay resistencias con represalias brutales desde el gobierno como hemos visto hace nada, pero es posible", comenta la directora Sara y Mohammad le da la razón y hasta sube la apuesta: "Son cambios que, antes de la guerra, estábamos presenciando día a día. Gracias al ejemplo de Sara Shahverdi, ahora hay 150 mujeres que son copropietarias de las tierras con sus esposos. Eso es una completa novedad. Antes las mujeres no tenían nada. Ahora son muchas las jóvenes que tienen un referente y quieren seguir, de una forma u otra, los pasos de ella. El cine también tiene esta función: extender la semilla de cambio. Hasta ahora siempre hemos visto en pantalla historias de Teherán y grandes ciudades, pero, como hemos demostrado, también hay historias de resilencia y cambio en los lugares más remotos. Qué pasará con todo esto a partir de ahora es algo que soy incapaz de predecir". Sara y Mohammad viven ahora en Nueva York, "aunque nuestra alma", dicen, "está en Irán y, en cuanto podamos volveremos". Sobre ellos, de momento, no pesa ninguna prohibición ni condena. No es lo habitual. Todas las voces destacadas del cine iraní han estado o están, de una forma u otra, acosadas, perseguidas o directamente condenadas por el régimen de los ayatolás. Cuando Mohammad Rasoulof presentó en 2011 en Cannes su película Goodbye fue sentenciado a seis años de prisión y una prohibición de realizar películas durante 20 años por presunta propaganda contra el régimen. Tiempo después, en 2020, obtendría el Oso de Oro por There is no evil, premio que tuvo que recoger su hija porque él estaba encarcelado. Su enfrentamiento al régimen de los ayatolás se recrudecería en 2022 cuando apoyó públicamente las manifestaciones que estallaron en Irán tras el derrumbe de un edificio donde murieron más de 40 personas. Jafar Panahi, tras recibir la última Palma de Oro en CannesAFP Más tarde una nueva condena de ocho años de prisión acompañada de latigazos le llegó durante la cuarta semana de rodaje de La semilla de la higuera sagrada. Tuvo que transferir lo rodado al extranjero, cambiar los planes de rodaje y huir a pie por la frontera hasta Alemania. Su oposición al régimen siempre ha sido frontal y sin eufemismos. "Los cambios son solo cambios cosméticos, propaganda. La represión sigue intacta y hay que tener en cuenta que la represión en Irán no es una herramienta del régimen para mantenerse, la represión es la misma esencia de la República Islámica. Por eso creo que dentro de la República Islámica no hay opción alguna para los derechos humanos. Nunca habrá una mejora real dentro del régimen. El problema es el propio régimen", respondía a la pregunta por la supuesta apertura cuando se cumplió el segundo aniversario del asesinato de Masha Amini a manos de la llamada "policía de la moral" por no llevar el velo. El caso de Jafar Panahi se antoja más sangrante si cabe. El tercer director de la historia del cine, tras Antonioni y Altman, en ganar la Palma de Oro en Cannes, el León de Oro en Venecia y el Oso de Oro en Berlín inició su calvario contra la dictadura en 2009 cuando decidió asistir al funeral de un estudiante asesinado en las protestas de la llamada Revolución Verde. Acusado de rodar una película contra el régimen, el gobierno le impuso una prohibición de viajar y de filmar durante 20 años. Además de una pena de prisión de seis años por "propaganda contra el sistema". Fue en el festival de Cannes de 2010 cuando Juliette Binoche le dedicó unas palabras emocionadas al recoger el premio a mejor actriz por Copia certificada, dirigida por Abbas Kiarostami. Animado por las lágrimas de Binoche quizá, nada ha impedido que siguiera trabajando y desde entonces ha filmado de manera siempre interrumpida Esto no es una película (2011), Closed Curtain (2013), Taxi Teherán (2015), Tres caras (2018) y Los osos no existen (2022). En todas ellas, la vida acosada del director mancha literalmente la imagen en un juego prodigioso de espejos a un lado y otro de la realidad de su país, entre la fabulación y lo real. El último (o penúltimo) capítulo de su pelea desigual contra su gobierno llegó en 2022. En julio de ese año fue arrestado y encarcelado. Tras seis meses en la prisión de Evin, en Teherán,Panahi fue liberado en febrero de 2023 tras una huelga de hambre. Acto seguido, completó, 15 años después de que empezara todo, Un simple accidente, la película que el valdría la Palma de Oro y que ahora representa a Francia, que no a Irán, en los Oscar. En Cannes, sin mostrarse optimista del todo, Panahi enseñaba una cierta esperanza. "Las circunstancias en Irán no son ni mejores ni más libres que antes. Lo que ha sucedido es que el Gobierno no está en condiciones de volver a su statu quo anterior. Porque la gente se resiste. Mientras el Gobierno impone nuevos castigos y endurece las cosas, la gente resiste y hace lo que quiere. No es que abran la mano y ofrezcan más libertad, sino que ya no pueden controlar las cosas como antes", manifestó. Y su comentario contrasta con el mutismo forzado que ahora mantiene quizá porque, tras los bombardeos, todo vuelve donde antes. Mohammad Rasoulof, en el festival de Cannes en 2025Getty "Tengo la impresión de que se trata de una gran y absurda partida de ajedrez entre una dictadura y una gran potencia donde las vidas de la gente son irrelevantes. Por eso es tan importante dar la voz a los cambios como los de una matrona motorista que lo transforma todo", dice Mohammad. A lo que Sara añade: "Nunca en la historia se ha encontrado que una fuerza externa genere un cambio positivo atacando, bombardeando o imponiendo su criterio desde fuera. Por supuesto que puede haber cambios radicales de este modo, pero dudo mucho que sean positivos. El caos siempre empeora las cosas. No es justo que después de asistir con los propios ojos a una transformación como la promovida por Sara Shalverdi y de ver a mujeres jóvenes de repente orgullosas de su propio futuro, todo se venga abajo. No es justo. No lo es. El pueblo iraní merece un futuro mejor. Merece una vida mejor, no merece vivir bajo la incertidumbre y la ansiedad todo el tiempo". Y ahí lo deja. Junto a Sara Khaki y Mohammad Reza Eyni, Mohammad Rasoulof y Jafar Panahi. Y al lado de estos cuatro cineastas, los también directores Mohsen Makhmalbaf y sus hijas Samira y Hana, Majid Majidi, Bahman Ghobadi, Asghar Farhadi y la pareja de directores Maryam Moghaddam y Behtash Sanaeeha. Estos últimos, responsables de Mi postre favorito, fueron sentenciados a 14 meses de cárcel por "perturbar la opinión pública" puesto que su actriz protagonista no llevaba velo. Y no lejos, la actriz y también directora Zahra Amir Ebrahimi, la mujer que, tras filtrarse de manera nada inocente un vídeo íntimo con su pareja, fue condenada a 97 latigazos. Huyó a París. "Se habla de los directores, pero las actrices que se quitan el hijab son las auténticas heroínas en silencio. El cambio, de llegar, tiene que ser desde ahí, desde las mujeres", declaró en su momento y Sara Shahverdi, desde su motocicleta en Cutting Through Rocks, le da la razón. Nunca antes el cine quiso y pudo tanto.