¿Quién heredará la España de los comercios locales? Su futuro, en vilo ante la falta de relevo: "Mi hijo decía que esto es muy sacrificado, que no se veía trabajando así"
ResumenA Juan (62 años) sus padres le enseñaron a llevar la floristería que montaron en el Barrio de Carabanchel en un febrero de 1972. Años después él y uno de sus hermanos tomaron el relevo y se hicieron cargo con apenas 20 años, aparcando sus estudios universitarios. Pese a que hubo una época en la que fueron cinco trabajando, hoy regentan el negocio de las flores solo él y su mujer, Juani (64). A partir de otoño, no sabe quién continuará la historia.
A Juan (62 años) sus padres le enseñaron a llevar la floristería que montaron en el Barrio de Carabanchel en un febrero de 1972. Años después él y uno de sus hermanos tomaron el relevo y se hicieron cargo con apenas 20 años, aparcando sus estudios universitarios. Pese a que hubo una época en la que fueron cinco trabajando, hoy regentan el negocio de las flores solo él y su mujer, Juani (64). A partir de otoño, no sabe quién continuará la historia. Su compañera de vida y de empleo se jubilará en septiembre. Mientras, los ingresos de "la floristería más antigua de la zona sur de Madrid" no les dan margen para contratar a un tercer empleado. "Es completamente inviable. Las ventas han disminuido mucho, pero los gastos aumentan cada vez más", explica Juan. Y él no puede hacer todo el trabajo solo: su floristería no se ciñe a los ramos entregados en mano, sino que incluye el servicio a domicilio y el trato diario con proveedores. Así que se plantea cerrar el negocio. Porque tampoco tiene quien se lo quede: su hija se decantó por estudiar una ingeniería y ahora es profesora universitaria, en vías de presentar su tesis doctoral. La voz de Juan se llena de orgullo al hablar de ella. Pero no esconde el hecho de que "no tenemos relevo generacional". Y relevo generacional es una de las ecuaciones sin solución pero urgentes de resolver en España: la jubilación masiva de dueños de pequeños comercios deja en el aire el futuro de muchos de ellos. Una imagen de los barrios tradicionales en vías de desaparición tras años de auge de las profesiones en el mundo tecnológico, corporativo, legal o médico -y que ahora genera una demanda acuciante de perfiles más técnicos y manuales-. La tormenta perfecta y paradójica que llevará a la reformulación del comercio de proximidad en mitad de una competencia ya de por sí difícil para las pequeñas y medianas empresas (pymes). "El comercio en los barrios está muy complicado. Ya los centros comerciales nos dieron el primer aviso y Amazon nos ha terminado de rematar", corrobora Juan. "¿Me da pena dejar el negocio? Pues sí, mucha. Pero me deja más tranquilo el que mi hija se busque la vida por otro sitio". Porque la viabilidad de su tienda habrá decaído, pero las exigencias y dedicación son las mismas. "El comercio en general es muy sacrificado, porque trabajas por la mañana y por la tarde", explica Juan, a costa de fines de semana, eventos familiares o los festivos más señalados para la mayoría. "En la década de los 80 o 90, o incluso 2000, podías echar muchas horas, pero económicamente era rentable", recuerda, "el problema ahora es que se trabajan muchas horas y no existe esa rentabilidad". Juan en la puerta de la Floristería García Morato de Madrid, en CarabanchelÁngel Navarrete El 2025 terminó en España con un total de 1.342.377 pequeñas y medianas empresas (pymes), según las cifras del portal público IPYME, donde los sectores mayoritarios fueron los servicios, el de la construcción y el agrario. En el mismo período, el 44,3% de los empresarios pensaban en transmitir su pyme y un 29,1% lo planteaba de manera inminente, según el Informe Faedpyme 2025. "Está claro que el problema se debe al factor demográfico", explica Pere Cots, director de Consultoría Estratégica y Financiación de la patronal Pimec, en relación a la jubilación de los baby boomers en marcha desde hace diez o 15 años "y en incremento" que obliga a frontar la sucesión en muchas empresas. Aunque hay más variables responsables de la crisis de relevo. Por ejemplo, el tamaño: la tasa de supervivencia de las empresas familiares se incrementa a medida que lo hace el volumen, según datos del Instituto de Empresa Familiar (IEF). Las microempresas tienen una tasa de supervivencia del 73%, las pequeñas empresas del 79,3% y las medianas, del 82,2%. También influye el sector, dándose los mayores problemas de supervivencia en la construcción (su tasa es del 70,4%), las actividades administrativas (73%) y la hostelería (73,8%). Por otro lado y de vuelta al carácter tradicional de los negocios, "la mayor tasa de supervivencia la tienen las empresas más antiguas. Las que están en manos de la tercera generación (bisnietos) tienen una tasa del 84%, las segunda generación (nietos) del 81,7%, las de primera generación (hijos) del 77,9% y las regentadas por los fundadores sobreviven en un 66,6%", explica Esteban Sastre, director de economía del Instituto de Empresa Familiar del IEF. El análisis La profesionalización de la empresa familiar de la UPF Barcelona School of Management corrobora que "las empresas familiares tienen una vida más larga que las no familiares". Entre otros motivos, porque presentan niveles superiores de profesionalización y "son más resilientes en periodos de recesión" o crisis, explican sus autores, Oriol Amat y Jordi Tarragona. Pero la sucesión siempre se presenta como un reto organizativo. Y cuando se enquista, tiene otras consecuencias: la de la pérdida de cultura local. Es la que lamentan asociaciones de comercio como la Asociación de Floristas de España o Fedepesca, que avisan de que está en riesgo "el patrimonio de tiendas especializadas" y "la riqueza de la alimentación y la identidad". A este último gremio pertenece David (65 años). Él se vio en la misma situación que Juan: la de una jubilación inminente donde no hay relevo. Y hace unos meses echó la persiana de su pescadería y tienda de comida preparada en el Barrio de Salamanca por última vez tras 42 años de actividad. "Mi hijo, con 15 años, empezó a trabajar conmigo. Hasta los 20. Pero un día me dijo, 'Papá, esto es muy sacrificado y no me veo aquí'", relata. David estuvo de acuerdo, y ahora que su hijo trabaja de conductor de autobuses "está contento, trabaja sus ocho horas y gana un sueldo más o menos normal". No como él, que "trabajaba entre 14 y 16 horas todos los días" incluidos los fines de semana para mantener su pescadería. No se arrepiente de haber apostado por ello, pero entiende que su progenie (tiene también una hija abogada y otra psicóloga) haya optado por otras profesiones. Lo que le ha resultado difícil ha sido pasar del intento de traspasar su pescadería y tienda a dejarlo en el alquiler de un local comercial por la falta de candidatos. "No ha querido quedárselo nadie porque es un trabajo muy, muy duro. Ya no es problema de sueldo" sino de condiciones laborales, que hicieron desistir a sus hijos pero también a sus sobrinos. "Nosotros vivíamos para trabajar y los jóvenes viven para disfrutar aunque trabajen. No digo que las nuevas generaciones no sean trabajadoras, pero lo hacen de otra manera". Aunque luego apostilla que "nada más quieren trabajar de funcionarios, ocho horas, calentitos en invierno y fresquitos en verano". En contrapartida ve que los negocios locales están reviviendo gracias a la población inmigrante, que apuesta por el comercio de proximidad con, por ejemplo, fruterías. Aquí habría una oportunidad para salvar las pequeñas empresas, valora, pero no al coste (total) que tiene mantener empleados -que según los datos del INE para su sector, se ha disparado un 31,20% en los últimos diez años, de los 2.264,12 euros por empleado en 2015 a los 2.970,50 euros en 2025-. Y sin trabajadores, no habrá a quién enseñarle el oficio para mantener el negocio. David, frente a su pescadería y tienda de comidas ya cerrada ante la falta de interesados.Ángel Navarrete En la crisis de relevo de los negocios locales, son varias las medidas en marcha para asegurar su supervivencia. Trabajan en su diseño patronales empresariales como Pimec, Cepyme, y las asociaciones locales, como Foes (Soria). También el Ministerio de Trabajo tiene sobre la mesa un informe de una comisión de expertos donde se propone que los trabajadores sean capaces de heredar la empresa. Algo así como un plan de transición planificada, para que los trabajadores mantengan el empleo pese a "la crisis de sucesión a la que se enfrentan las pymes españolas". Porque "un tercio de los propietarios de pymes se jubilará en la próxima década, lo que pondrá en riesgo aproximadamente 600.000 puestos de trabajo cada año" y entre el 70% y el 90% no tiene plan de sucesión. Pero en el caso de Juan no se ha podido costear un trabajador que aprenda el oficio y herede la tienda. O en el caso de David, que sí tenía uno, considera que no todos los empleados están hechos para ser propietarios. "Muchas veces, y esta es la problemática del tamaño, no hay ningún trabajador con capacidad gestora o con vocación empresarial", explica Cots. "En los negocios con plantillas de 15 o 20 empleados, normalmente hay operarios o jefes de equipo. Pero una cosa es ser muy bueno en ese puesto, y otra es ser empresario en todo lo que conlleva: capacidad de asumir riesgos, de gestión, de afrontar crisis...". Pero igualmente insiste en un mensaje esperanzador: "Hay muchos que se traspasan, se transforman, continúan" o se fusionan con otros negocios de toda la vida. Esta es la posibilidad que ahora ansía Luis Ángel (67 años) para su bar-restaurante en San Pedro Manrique (Soria). Llegó su jubilación, y sus dos hijos tenían claro que se dedicarían a otras profesiones. Así que este propietario contrató a dos trabajadores extranjeros para que tomaran el relevo. La solución funcionó durante un año, hasta que ambos decidieron marcharse. Y él ha regresado de su jubilación para mantener su negocio abierto, aunque sea "a medio gas", hasta encontrar comprador. Si no, "en otoño tengo que cerrar" definitivamente. Vender la gallina mientras siga poniendo huevos La clave, resume Cots, es actuar a tiempo, y no vender la empresa cuando se haya agotado el tiempo del empresario, o la actividad ya no tenga el mismo vigor. "Quien compra una compañía adquiere una expectativa de futuro", insiste. "Es algo que al pequeño empresario le cuesta mucho. Preguntan '¿por qué la tengo que vender ahora que me va bien?' Pues precisamente por eso". Desgraciadamente, y como señala Cots, no existe una fórmula matemática para averiguar cuándo es el momento preciso. Sí hay parámetros para calcularlo: "El traspaso se tiene que hacer cuando el empresario se sienta que tiene por delante dos o tres años de capacidad de gestión de su negocio. Y esto puede ocurrir a los 58 años o a los 70". Lo que antes se intuía (y aún ocurre en las pequeñas ciudades) con carteles en la puerta de un comercio donde reza CIERRE POR JUBILACIÓN, hoy adopta un versión más moderna en plataformas como Milanuncios, donde se pueden encontrar ofertas de traspasos en España. El género es variado allí: talleres de reparación de automóvil, peluquerías, ultramarinos, bares y... tintorerías. Como la de Marta (55 años) y Merche (60 años), que no han esperado a que llegue la jubilación de la última para vender su tintorería -con servicios de arreglo textil y de calzado, de venta de lencería y perfumería, planchado...- en Cuarte De Huerva desde hace 12 años. Lo traspasan (sin local, que es de alquiler) al precio de 46.000 euros por todo la combinación de servicios y material. "Es como un mini El Corte Inglés", presume Marta. Pero a diez minutos en coche desde Zaragoza. Ella no tiene hijos; Merche sí pero son ya adultos con sus respectivas profesiones. "Ni se lo han planteado", explica Marta, que ante la situación de no tener quien la acompañe en la empresa, regresará a la propia de su familia, en la construcción. "Podría aguantar un poco más con la tintorería, pero la gallina no hay que venderla ni regalarla cuando ya no da huevos. Porque ahora mismo da un sueldo, no de 4.000 euros, pero sí uno que permite vivir a dos familias", asegura. Merche y Marta, dentro de su tintorería en Cuarte De Huerva (Zaragoza).Toni Galán El proceso de encontrar nuevos dueños, sin embargo, avanza "muy, muy" despacio a la espera de que llegue un comprador que no lo rebaje "a precio peseta". La tintorería "es como un hijo: lo crías para que venga otra persona y lo cuide igual que lo has cuidado tú", describe. Así que Marta y Merche resisten, porque tienen claro que su negocio sigue siendo muy viable. Y que sobrevivirá a las grandes superficies y a Internet. Marta alega para ello dos hechos: que la gente se preocupa cada vez menos de coser, planchar, ... y que "hay negocios que nunca podrá llevar una máquina". Tanto la carnicería, como la fontanería, la mecánica... o las destrezas con la aguja. "Estas tiendas no están en todas las esquinas", asevera. "Claro que es más barato comprar en Internet, pero no vamos a dejar que los negocios se mueran, porque ¿de qué nos sirve? ¿Para ir por una calle gris?", reflexiona. Un alegato al comercio de siempre que, mientras tanto, sigue en vilo ante su futuro.