Trump y Xi abren una nueva etapa de relaciones con más entendimiento
ResumenDonald Trump y Xi Jinping clausuraron este viernes en Pekín una cumbre entre las dos mayores economías del planeta con un resultado más estético que práctico. Más allá de extender su tregua comercial, ambos líderes se han esforzado estos dos últimos días en transmitir un mensaje de deshielo en el plano económico, pero no han podido ocultar los importantes desacuerdos estratégicos que no han podido cerrar para avanzar en los anuncios grandilocuentes que tanto les gusta a ambos. Si el presidente de EEUU no ha dado grandes titulares estos días no ha sido solo por cortesía durante la visita oficial, sino más bien porque la delegación estadounidense, incluyendo al propio Trump, han estado usando teléfonos y ordenadores desechables por miedo a que su anfitrión les espiara sus dispositivos personales. Así que el presidente ha tenido acceso muy limitado a sus redes sociales, donde acostumbra a hacer todos sus anuncios.
Donald Trump y Xi Jinping clausuraron este viernes en Pekín una cumbre entre las dos mayores economías del planeta con un resultado más estético que práctico. Más allá de extender su tregua comercial, ambos líderes se han esforzado estos dos últimos días en transmitir un mensaje de deshielo en el plano económico, pero no han podido ocultar los importantes desacuerdos estratégicos que no han podido cerrar para avanzar en los anuncios grandilocuentes que tanto les gusta a ambos. Si el presidente de EEUU no ha dado grandes titulares estos días no ha sido solo por cortesía durante la visita oficial, sino más bien porque la delegación estadounidense, incluyendo al propio Trump, han estado usando teléfonos y ordenadores desechables por miedo a que su anfitrión les espiara sus dispositivos personales. Así que el presidente ha tenido acceso muy limitado a sus redes sociales, donde acostumbra a hacer todos sus anuncios. Pero lo cierto es que tampoco tenía mucho que contar. Tras dos jornadas de reuniones, banquetes oficiales y encuentros con empresarios, Trump se va de Pekín sin apuntarse la gran victoria comercial que esperaba. Sin contratos reales para Apple, Nvidia o Tesla, cuyos consejeros delegados han formado parte de la delegación norteamericana. Solo el guiño de Pekín prometiendo "una China más abierta" a las multinacionales estadounidenses. También estaba allí el CEO de Boeing, Kelly Ortberg, que esperaba lograr un gran acuerdo. Vuelve a casa con un encargo preliminar de 200 aviones que ha decepcionado al mercado, que esperaba llegar a los 750, cifra que China deja en el aire para el futuro. Sus acciones se desplomaron ayer más de un 8% ante la falta de mayores avances tras la cumbre en China. Trump necesitaba apuntarse este tanto, pero Pekín se ha resistido a concedérselo por completo. China ha accedido a ampliar compras de productos estadounidenses, especialmente soja, carne y energía, además de los posibles aviones de Boeing, pero no en cantidades que al presidente de EEUU le sirva para contentar al empresariado y su base electoral agrícola e industrial. Washington llevaba meses presionando para reactivar grandes contratos aeronáuticos y aumentar las exportaciones agrícolas hacia China tras el deterioro comercial provocado por los aranceles y las restricciones tecnológicas. Pekín ha abierto el grifo, mostrando su disposición a avanzar en el futuro, pero dejando claro también que lo cerrará tan pronto como no consiga lo que busca de EEUU. En primer lugar, tecnología y acceso a los chips de IA más avanzados. En este sentido, la estrategia de Trump ha sido la misma que la de su anfitrión. En su comitiva estaba Jensen Huang, fundador y CEO de Nvidia. Pero sin nuevos compromisos más allá de "abrir un canal de negociación". China también quiere que EEUU deje de apoyar a Taiwán y de garantizar su seguridad en caso de una potencial operación militar por parte de Pekín. Igualmente, Washington no ha cambiado de opinión. Su postura sobre la isla sigue siendo la misma, pero Trump ha dejado en el aire el envío de un paquete de ayuda militar valorado en cerca de 11.000 millones de dólares a Taipei que ya cuenta con el visto bueno del Congreso norteamericano. En general, los esfuerzos de Washington y Pekín se han centrado en escenificar un principio de distensión comercial y tecnológica en un momento especialmente sensible para la economía global, marcado por la guerra de Irán, la incertidumbre energética y el temor de los mercados a una nueva fragmentación del comercio mundial. En esta línea, Trump ha logrado el compromiso de China de "hacer de intermediario" con Irán, dada la relación que Pekín mantiene con Teherán. Ambos coinciden en que el estrecho de Ormuz debe reabrirse cuanto antes y que ningún país puede controlar el canal. Una vez más, ninguna de las partes ha concretado en qué consiste este ofrecimiento de mediación. EEUU se ha comprometido a estudiar la posibilidad de levantar las sanciones a las empresas chinas que compren petróleo iraní. El principal resultado tangible de la cumbre fue el compromiso de ambas partes para profundizar la tregua comercial alcanzada el pasado otoño y mantener abiertos los canales de negociación sobre minerales críticos y tierras raras, un asunto prioritario para Washington por su dependencia de China en componentes esenciales para la industria tecnológica, automovilística y militar. Funcionarios estadounidenses adelantaron además la creación de nuevos mecanismos bilaterales para avanzar en esta senda, incluyendo un posible consejo de comercio y otro de inversiones integrado por ambas potencias, aunque de momento no deja de ser una idea más sobre la mesa que no quedó concretada. Más allá de los gestos de cordialidad y de la pompa de la cumbre, la sensación que predomina entre analistas e inversores es que la cita ha concluido con avances limitados y, sobre todo, temporales. La reunión sirvió para evitar un deterioro mayor de la relación, pero no resolvió los grandes puntos de fricción estructural entre ambas potencias. Ni Estados Unidos logró acceso sin restricciones a las tierras raras, ni China obtuvo concesiones relevantes sobre Taiwán, el asunto más sensible para Xi Jinping. Ahí es donde está uno de los mayores obstáculos. Ya lo avisó el presidente chino el primer día de la cumbre, cuando advirtió de que no habría ningún acuerdo mientras EEUU apoyara la independencia de Taiwán. Y aunque desde la Casa Blanca se mantuvo un tono conciliador en esta parte, también son conscientes de la debilidad negociadora en la que les ha situado el enquistado conflicto con Irán en el tablero geopolítico.