Preocupación en Moncloa por que la crisis dinamita su política migratoria
ResumenLa de Ceuta no es una crisis más para el Gobierno. La imagen del Pedro Sánchez inquebrantable se resquebraja. La absoluta soledad que se visibilizó en el Congreso este jueves es extensible a la calle, donde el Ejecutivo ha perdido el ... debate de la opinión pública, porque ya se ha instalado la convicción de que Marruecos está detrás de la entrada masiva de finales de julio.
La de Ceuta no es una crisis más para el Gobierno. Es 'la crisis'. La imagen del Pedro Sánchez inquebrantable se resquebraja. La absoluta soledad que se visibilizó en el Congreso este jueves es extensible a la calle, donde el Ejecutivo ha perdido el ... debate de la opinión pública, porque ya se ha instalado la convicción de que Marruecos está detrás de la entrada masiva de finales de julio. Unas tesis que en Moncloa se resisten a dar por buenas, aunque hayan comenzado a modular su posición. En el Gobierno han puesto en marcha la mecánica habitual para contener los escenarios adversos y que pasa por buscar un enemigo externo —«la internacional ultraderechista», Israel, Rusia...— y apoyarse en las teorías de la conspiración: los contrapoderes del Estado profundo que maniobran de manera activa para derrocar al Gobierno. Victimismo y exención de responsabilidades como palanca para resistir. Sin embargo, en esta ocasión los resultados están siendo muy limitados y con un problema de fondo a medio plazo.En Moncloa hay fundada preocupación por el hecho de que la crisis de Ceuta ha dinamitado por completo su política migratoria , una apuesta decidida —a la contra de la dinámica de la UE— de 'mano blanda' y absorción de la inmigración, con la regularización masiva de hace unos meses como buque insignia. Esta medida ya le generó, en su momento, un reproche de sus socios europeos, que han aprovechado ahora la crisis de Ceuta para saldar cuentas con España por su oposición a endurecer la política de asilo y consolidar la externalización de los centros de deportación en terceros países. Sánchez ha tratado de sortear esas críticas del resto de cancillerías a la regularización reivindicando el éxito del modelo español, que promueve «una Europa abierta con una migración» que contribuye al crecimiento económico nacional. Esto es, una visión utilitarista que queda seriamente dañada con la crisis actual. Así lo reconocen fuentes gubernamentales consultadas por ABC que lamentan que la orientación de sus políticas queda tocada por los errores que se han cometido. En el Ejecutivo son plenamente conscientes de que la inmigración será uno de los vectores claves del ciclo electoral de 2027 y lamentan que su visión se verá comprometida por el episodio de Ceuta.Las reivindicaciones de partidos de la oposición, tanto el PP —que además gobierna en la ciudad autónoma— como Vox, exigiendo una expulsión inmediata de los migrantes para restablecer la normalidad chocan con la legalidad y una burocracia administrativa que se dilatará durante meses, contando —en el mejor de los casos— con la colaboración activa de Marruecos. Esto supone un ejercicio de continua pedagogía que lleva cierta frustración aparejada en el Gobierno, porque consideran que sus esfuerzos son baldíos ante las soluciones rápidas que promete la oposición.En clave electoral esto tendrá un peso decisivo, en un momento en el que el endurecimiento del discurso migratorio tiene pegada incluso entre el electorado progresista. Una percepción de rechazo que se ve acrecentada por la llegada masiva de Ceuta. Esto también preocupa en el Gobierno, donde temen que se multiplique el discurso del odio. Además, en lo puramente estratégico, la crisis migratoria también ha dinamitado todos los planes con los que el Ejecutivo pretendía arrancar el curso. Ya fuera por pura necesidad o visión estratégica, en Moncloa dejaron varios temas en el cajón en julio, con la idea de poder retomarlos en septiembre y desviar la atención de lo que preveían que podía ser el principal desafío a encarar: la agenda judicial.Tal como publicó este diario , Sánchez había diseñado un 'otoño caliente' con varias negociaciones candentes para tratar de recuperar la iniciativa. El Gobierno quería manejar la agenda con negociaciones de alta carga política como el decreto de vivienda, los Presupuestos Generales del Estado (PGE) o la financiación autonómica. También poniendo el foco en la agenda internacional, con la organización de la Cumbre Iberoamericana con España como anfitriona este mes de noviembre y otras citas de relevancia. Sin embargo, todo ha saltado por los aires. En el Ejecutivo reconocen que toda la dinámica que tenían planificada ha quedado en suspenso, se han paralizado los grandes anuncios ante la evidencia de que se verían eclipsados por la crisis migratoria. «Ceuta se lo come todo», aseguran.De hecho, los dos Consejos de Ministros que se han celebrado desde la vuelta del verano han sido prácticamente monográficos con medidas de apoyo y una fuerte inversión de recursos. «Ahora la prioridad es esta», reconocen, también necesitados de paliar la sensación de abandono que se ha instalado en la sociedad ceutí, después de que el presidente del Gobierno no decidiera interrumpir sus vacaciones y esperara a retomar la actividad ordinaria del Ejecutivo para empezar a desplegar las medidas de alivio que se han ido desarrollando desde finales de agosto.Todos los esfuerzos, también presupuestarios, se enfocan ahora en Ceuta, dejando en un segundo término las grandes apuestas que estaba previsto impulsar en la recta final de la legislatura. El Gobierno ya aprobó un Plan socioeconómico para Ceuta en 2022 con un presupuesto de más de 350 millones de euros, cuyo cumplimiento llega al 80%, y el pasado martes alumbró un primer paquete de medidas de 309 millones de euros en ayudas e inversiones con motivo de la crisis actual. El mismo está conformado por transferencias directas, bonificaciones fiscales, programas de apoyo para los trabajadores, autónomos y empresas, así como otros recursos. Además, desde Moncloa también avanzan que se está trabajando con las autoridades locales para diseñar una ampliación extraordinaria del Plan Ceuta, que se espera aprobar en las próximas semanas y que destinará al menos otros 100 millones de euros más. «Otros gobiernos rescataban bancos. Nosotros con estos recursos echamos una mano a las pymes y a los hogares», presumió Sánchez en sede parlamentaria.Dentro de las iniciativas que siguen pendientes se encuadra el paquete de medidas sobre vivienda, que reclaman los socios a la izquierda del PSOE, pero que encuentra oposición en algunos partidos conservadores como el PNV o Junts que son imprescindibles para que salga adelante. En Moncloa puntualizan que el decreto no se llevará al Congreso hasta que no cuente con los votos suficientes. Cuestión distinta son los Presupuestos, que tampoco figuran ya en el orden de prioridades, y cuya falta de apoyos se pensaba utilizar como palanca para la convocatoria electoral. Sin embargo, Ceuta ha supuesto una auténtica patada al tablero y todos los planteamientos se vuelven a repensar en la coyuntura actual.