Santander pone fin a la alianza que creó con Blackstone para sanear Popular
ResumenSantander ha puesto fin a la alianza inmobiliaria que constituyó con Blackstone hace ocho años, tras la adquisición del extinto Popular. El banco ha salido del capital de Project Quasar Investments, la sociedad que compartía con el fondo estadounidense desde 2018, según se desprende de las comunicaciones remitidas al Registro Mercantil. Santander, que en origen llegó a controlar el 49% de Quasar, tenía actualmente un 2,94% del capital, después de una primera reducción de participación acometida hace dos años. Tras el movimiento del banco, la inmobiliaria ha pasado a tener como socio único a Quasar Investment, la filial a través de la que Blackstone ha canalizado su participación en Project Quasar desde su creación.
Santander ha puesto fin a la alianza inmobiliaria que constituyó con Blackstone hace ocho años, tras la adquisición del extinto Popular. El banco ha salido del capital de Project Quasar Investments, la sociedad que compartía con el fondo estadounidense desde 2018, según se desprende de las comunicaciones remitidas al Registro Mercantil. Santander, que en origen llegó a controlar el 49% de Quasar, tenía actualmente un 2,94% del capital, después de una primera reducción de participación acometida hace dos años. Tras el movimiento del banco, la inmobiliaria ha pasado a tener como socio único a Quasar Investment, la filial a través de la que Blackstone ha canalizado su participación en Project Quasar desde su creación. Fuentes oficiales de Santander y Blackstone declinaron realizar comentarios. No ha trascendido si el banco ha formalizado su salida del accionariado a través de la venta de su participación a Blackstone o mediante otras fórmulas. La reducción de la participación de Santander que se registró hace dos años se produjo por la dilución derivada de una ampliación de capital que realizó la inmobiliaria para sanearse. El banco no acudió a la operación, lo que rebajó su peso al 3% y elevó el del fondo hasta el 97%. La finalización de la alianza con Blackstone se salda con una pérdida acumulada para Santander de 1.500 millones de euros, el capital que invirtió para poner en marcha la compañía. El banco, que en el momento de la creación de Quasar incorporó la participación a su balance con un valor contable de 1.701 millones, ya rebajó a cero la tasación en 2024. Santander pactó la creación de Quasar en agosto de 2017, apenas dos meses después de adjudicarse Popular. El traspaso a la nueva inmobiliaria de la cartera dañada de Popular fue un elemento central del rescate y de los objetivos de rentabilidad que Santander se fijó entonces. Para constituir Quasar, Santander y Blackstone aportaron cerca de 3.000 millones en capital en conjunto y formalizaron un préstamo sindicado de 7.332 millones. Éste ha tenido que ser refinanciado en estos años y aún se adeudan 3.734 millones, con datos de 2024, últimos disponibles. Entre 2019 y 2024, Quasar ha encadenado seis ejercicios consecutivos en rojo, con pérdidas acumuladas de más de 4.500 millones de euros. La compañía solo logró beneficios en 2018, año de su creación: ganó 1.024 millones gracias a plusvalías contables. Santander y Blackstone elaboraron un plan de negocio que no ha podido cumplirse en sus términos originales, por los propios hándicap de la compañía, así como por la complejidad del entorno macroeconómico y financiero en el que ha desarrollado su actividad. Desde su constitución, Quasar se ha visto lastrada por sus elevados gastos operativos y financieros, además de por el deterioro de su cartera de inmuebles y créditos. Su pobre calidad ha exigido nuevas provisiones estos años. Quasar recibió activos dañados con un valor bruto de 30.000 millones, que fueron tasados en 10.300 millones en el acuerdo alcanzado entre Santander y Blackstone. Aún tiene en balance activos deteriorados por 3.160 millones, con datos a 2024. La transacción inicial incluyó cerca de 20.300 créditos morosos, 81.900 unidades de activos inmobiliarios, el servicer Aliseda y activos fiscales diferidos. Además de las dificultades ligadas a la calidad de su balance, Quasar ha tenido que afrontar en estos años la ralentización inmobiliaria vista en España en 2019, la crisis sobrevenida por la pandemia o la escalada de la inflación y de los tipos interés consecuencia de la guerra en Ucrania, a lo que se han sumado más recientemente las tensiones comerciales globales y el conflicto en Irán.