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Sánchez se aferra a la épica de Lula para alentar la remontada el 29N

Resumen

El PSOE parece instalado en la campaña y el lema que utilizó para las elecciones del 28 de abril de 2019: «Haz que pase». Con la práctica totalidad de las encuestas, a excepción del CIS, augurando una contundente mayoría de derechas que desalojaría a los ... socialistas de la Moncloa, Pedro Sánchez trata de instalar la percepción de que puede dar la sorpresa el 29 de noviembre. Y la victoria de Lula da Silva se ha tornado providencial para sus intereses.

El PSOE parece instalado en la campaña y el lema que utilizó para las elecciones del 28 de abril de 2019: «Haz que pase». Con la práctica totalidad de las encuestas, a excepción del CIS, augurando una contundente mayoría de derechas que desalojaría a los ... socialistas de la Moncloa, Pedro Sánchez trata de instalar la percepción de que puede dar la sorpresa el 29 de noviembre. Y la victoria de Lula da Silva se ha tornado providencial para sus intereses. El vuelco electoral en Brasil —el candidato del Partido de los Trabajadores perdió en la primera vuelta e iba por detrás en todos los sondeos— ha generado una corriente de entusiasmo en la izquierda y su consiguiente instrumentalización a nivel nacional para que permee la sensación de que aquí también es posible romper los pronósticos.El presidente español no tardó en reaccionar a lo que definió como una «gran victoria» de Lula, para augurar: «Lo que ha pasado en Brasil, pasará en España. La remontada del progresismo global acaba de comenzar», escribió en su cuenta de X. Sánchez ya ha planteado los términos de su campaña en una disyuntiva muy similar a la brasileña. Una elección binaria, casi plebiscitaria, entre la democracia —que representa él— o el autoritarismo y la involución —de la derecha y la extrema derecha—. En la Moncloa esperan que Lula pueda viajar en una semanas a Madrid para participar en la Cumbre Iberoamericana de los días 4 y 5 de noviembre, lo que supondría el mejor pistoletazo de salida para la campaña electoral. Reeditar la foto juntos del pasado mes de mayo en Barcelona.En la sala de máquinas de Ferraz están convencidos —y no lo dicen solo como mero recurso retórico de campaña— de que pueden ser primera fuerza en las generales si consiguen movilizar a un millón de indecisos del espectro progresista . Esta activación electoral, de la mano del auge de Vox —que conlleva un proporcional debilitamiento del PP—, les permitiría alcanzar la victoria. Sin embargo, el poder se antoja lejano por la ausencia de un socio vigoroso a su izquierda con el que sumar una mayoría suficiente. Y esa percepción, con tintes desmovilizadores en su electorado, es la que desde los altavoces socialistas se intenta combatir con la extrapolación del modelo brasileño a España.«Lo que demuestra esta elección es que la única encuesta que vale es la del día de las elecciones. Eso es verdad para Brasil y para España», señaló el titular de Exteriores, José Manuel Albares, en RNE. Una frecuencia en la que también sintonizaron sus discursos otros ministros como el de Transportes, Óscar Puente, asegurando que se perciben señales de que «el ciclo comienza a cambiar» o el de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, que también se aferraba al espíritu de la remontada: «Lo respiro, lo noto, lo siento en las calles, cómo la gente se nos acerca, cómo nos anima, fuerza, adelante, hay que sacar esto».No es la primera vez que Sánchez se apoya en la figura de Lula para tratar de obtener rédito político. El presidente del Gobierno ha tratado de hacer tándem con el brasileño en ocasiones precedentes para erigirse como antagonista a nivel internacional a figuras como Donald Trump y Javier Milei, y ha exhibido sintonía con el líder latinoamericano para reivindicarse como referente de un progresismo en horas bajas. Ahora, Sánchez se apropia de una remontada en Brasil que parece lejana en España para tratar de espolear a las huestes progresistas que todavía se reconocen indecisas, buscando que se sientan concernidas en el 29N por su virtual capacidad de dar la vuelta al marcador. Pero ni Sánchez es Lula ni Feijóo es un Bolsonaro que cuestiona el sistema y que se resiste a reconocer el resultado electoral. Sin embargo, el patrón que se busca imponer es el mismo: demonizar al rival para que el miedo al contrario acabe por reforzar las expectativas propias.La patrimonialización de la victoria de Lula no es exclusiva de Sánchez ni del PSOE, el resto de partidos del espectro progresista, en horas bajas, también se han aferrado a los resultados de Brasil para tratar de exhibir músculo «frente a los dueños del mundo», Irene Montero 'dixit'. Por su parte, desde Sumar, el titular de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, se vanaglorió de que «un pueblo consciente y organizado sabe derrotar a los adversarios más poderosos, a las oligarquías y a las extremas derechas que les sirven como lacayos». Un nivel de organización que los partidos de izquierda han sido incapaces de materializar de cara al 29 de noviembre.