Trump, el del trabajo fantástico
ResumenTrump no ha hecho pequeño a Estados Unidos, que es hazaña imposible, pero sí ha conseguido que lo parezca. He aquí su primer gran logro politico, y acaso el último. Al tiempo, amigos, que dirá en noviembre, cuando las elecciones legislativas. le pone una gorra roja , la enfada muchísimo y la manda por el mundo a discutir el precio de las cosas.
Trump no ha hecho pequeño a Estados Unidos, que es hazaña imposible, pero sí ha conseguido que lo parezca. He aquí su primer gran logro politico, y acaso el último. Al tiempo, amigos, que dirá en noviembre, cuando las elecciones legislativas. Trump pilla una superpotencia, ... le pone una gorra roja , la enfada muchísimo y la manda por el mundo a discutir el precio de las cosas. América era una idea antes de ser un país. Una exageración, desde luego, pero una exageración magnífica. Tenía Hollywood, Nueva York, el dólar, Marilyn, la democracia, los portaaviones, Hemingway, la Estatua de la Libertad y la Coca Cola. Pero llegó Trump y convirtió todo aquel imperio sensacional en un birbilirloque de comunidad de vecinos. Trump es el primer presidente que parece estar siempre discutiendo una factura. No gobierna, regatea, amenaza, dice siempre trabajo fantástico, aunque no haya arreglado nada. Hasta va regateando últimamente con la historia, a ver si le saca un descuento. Donde otros presidentes llevaban una doctrina internacional, él lleva una tarifa. La geopolítica ha terminado pareciéndose a una tienda donde el dueño amenaza con subirte el precio si no le dices que tiene razón. Ha logrado del resentimiento una energía electoral. Siempre hace falta un culpable. Ahí está el inmigrante, el extranjero, el periodista, el juez, el funcionario, la universidad, el socio comercial. Trump necesita enemigos como Sinatra necesitaba una orquesta. Y la mafia. Sin enemigo, se le acaba el repertorio. Ahora le insinúan una amante rubísima, y con impresora, pero esto da igual, porque en su caso la novedad sería que no la hubiera. Contra los presidentes anteriores, más o menos atinados, Trump ha invertido la proporción. Así, América parece destinada a representar a Trump. Todo lleva su ademán arbitrario, su encabronamiento con tinte, el farde de su firma intimidante. Yo sospecho que antes que un hombre es un rascacielos. Propio, naturalmente. Donde quizá detrás de tanto lujo espejeante hay una máquina tragaperrras.