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Por qué voté a Florentino

Resumen

Recuerdo cómo, cuándo y por qué voté a Florentino Pérez en el año 2000. Me estrené en democracia 12 días después de cumplir 18 años. Voté a Pérez harto de la deriva de un presidente de bajo vuelo que ponía a sus hijos en los equipos de fútbol y baloncesto con un estilo demasiado cercano a Jesús Gil. Los socios estaban en peligro, Figo me dio igual.

Recuerdo cómo, cuándo y por qué voté a Florentino Pérez en el año 2000. Me estrené en democracia 12 días después de cumplir 18 años. Me lo tomé muy en serio. Voté a Pérez harto de la deriva de un presidente de bajo vuelo que ponía a sus hijos en los equipos de fútbol y baloncesto con un estilo demasiado cercano a Jesús Gil. Los socios estaban en peligro, Figo me dio igual. Florentino me convenció con dos propuestas sólidas: un código ético impediría a las empresas de la directiva trabajar con el Madrid y las decisiones deportivas las tomaría Jorge Valdano.

Los primeros años fueron gloriosos. Aplicó lo prometido. Valdano daba una cara profesional, educada y elegante de lo que pasaba en el césped. Aunque a veces saliera tan mal que se llevó por delante al primer Pérez. En los despachos, el club despegó. Con su vuelta asumimos el golpe de estado a los estatutos tras el escándalo de la asamblea manipulada por Ramón Calderón. Creímos aquello de que venían los jeques a robar el club y comenzó el declive democrático al mismo ritmo en el que se ganaban títulos. En su segunda etapa Florentino prescindió de los directivos deportivos que tantos disgustos le dieron. Aprendió a gestionar al Madrid a todos los niveles, incluido el deportivo. Le salió bien, sin oposición y sin dar explicaciones.

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En la última década cayó en la obsesión por el legado (el estadio y la Superliga) y el control financiero del club (la privatización). Los argumentos para vender un porcentaje del 5%, el 10% o el 50% de la entidad son peregrinos y paternalistas. Habla de devolver el club a los socios porque se lo han robado “los periodistas”. Presume de cuentas para después hablar del apocalipsis. Y lo peor es cuando pone precio al sentimiento de los socios como si nuestras familias nos hubieran hecho el carné junto con una cuenta bebé. Estas elecciones no van de fútbol ni de fichajes, aunque sea lo divertido. Van de si el Real Madrid es el mejor club independiente del mundo o somos como los demás.

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