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El País ·

El Gómez Ulla vuelve a primera línea con la unidad de aislamiento más avanzada de Europa

Resumen

El Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla vuelve al centro de la escena. El recinto que construyó a contra reloj la unidad de aislamiento más avanzada de Europa, durante la crisis del ébola en 2014, ha recibido este domingo al filo de las cuatro y media de la tarde a los 14 pasajeros españoles del crucero MV Hondius, afectado por el brote de hantavirus. Según José García, delegado del sindicato CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) en el hospital, la dirección de recursos humanos mantuvo una reunión con los representantes sindicales ya el pasado viernes para perfilar cada detalle del operativo. Los españoles han entrado en autobús con mascarillas y asilados tras el periplo del crucero hasta el puerto de Granadilla de Abona, en Tenerife, y tras un traslado en un avión militar medicalizado hasta la base de Torrejón de Ardoz, en Madrid.

El Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla vuelve al centro de la escena. El recinto que construyó a contra reloj la unidad de aislamiento más avanzada de Europa, durante la crisis del ébola en 2014, ha recibido este domingo al filo de las cuatro y media de la tarde a los 14 pasajeros españoles del crucero MV Hondius, afectado por el brote de hantavirus. El dispositivo está en marcha. Según José García, delegado del sindicato CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) en el hospital, la dirección de recursos humanos mantuvo una reunión con los representantes sindicales ya el pasado viernes para perfilar cada detalle del operativo. Los españoles han entrado en autobús con mascarillas y asilados tras el periplo del crucero hasta el puerto de Granadilla de Abona, en Tenerife, y tras un traslado en un avión militar medicalizado hasta la base de Torrejón de Ardoz, en Madrid. El Ministerio de Defensa ha declinado responder a las preguntas de este periódico sobre la preparación de este dispositivo. Después de su llegada a Torrejón de Ardoz, el grupo fue trasladado en dos autobuses blancos que fueron escoltados por dos camionetas de la Policía Nacional y otro vehículo sin rotular. A las puertas del Hospital Gómez Ulla, la expectación se encontraba al máximo. Vecinos de la zona se paseaban curiosos por el operativo desplegado afuera del centro médico. Entre breves periodos de lluvia, la espera terminó con el avistamiento de los vehículos en la glorieta del Ejército. Algunos de los presentes aplaudieron su llegada. El delegado de CSIF explicaba el pasado viernes que los viajeros “entrarán por una parte externa al hospital, subirán por un ascensor cerrado y todo el camino se desinfectará y se volverá a limpiar según establecen los protocolos. En ningún momento tendrán contacto con otros pacientes, familiares ni con el personal que no sea estrictamente necesario. Los profesionales que los atienden trabajan en exclusiva para ellos. Son empleados altamente cualificados de la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel (UAAN), que lleva años preparada precisamente para escenarios como este. El protocolo indica que, si los pasajeros llegan sin síntomas, permanecerán en una planta específica habilitada únicamente para ellos, en régimen de cuarentena y bajo vigilancia estricta. Si alguno presenta síntomas, el protocolo escala automáticamente: pasarían a la planta 22. Esta fortaleza sanitaria fue la que acogió en cuarentena a los 21 españoles repatriados de Wuhan en 2020 en los inicios de la pandemia de covid-19. La última planta de este hospital militar, según la documentación oficial, cuenta con ocho habitaciones de doble esclusa, diseñadas para atender a pacientes con infecciones altamente contagiosas o afectados por incidentes nucleares, radiológicos, biológicos o químicos —los llamados incidentes NRBQ—, como el ébola, la gripe aviar, el coronavirus o el ántrax. Entrar en esta planta no es como entrar en ningún otro hospital. El acceso de los enfermos infectados se realiza directamente desde el aparcamiento subterráneo, donde suben en un elevador de uso exclusivo que funciona con presión negativa y ventilación exterior filtrada. Nada sale de ahí sin pasar por un protocolo estricto. Las puertas solo se abren con códigos de seguridad o tarjetas de identificación, y toda la planta está sometida a un control férreo de entradas, salidas y movimiento de personal, pacientes, equipos y documentos. Las habitaciones son como pequeñas fortalezas. Cada una tiene un nivel de equipamiento comparable al de un box de la UCI, pero con características exclusivas. Están equipadas con un doble escalón de presión negativa, agua hiperclorada en las cisternas y protección con peróxido de hidrógeno (agua oxigenada) en todas las superficies y equipos técnicos. El acceso se produce por la esclusa limpia y la salida por la sucia, donde se aplica la desinfección antes de volver al pasillo. El personal sanitario que trabaja dentro opera con equipos de protección que tardan como mínimo 15 minutos en ponerse, lo que limita enormemente su movilidad. Para compensarlo, la unidad cuenta con cámaras de alta resolución capaces de analizar hasta la retina de un paciente, comunicación acústica y monitores de 40 pulgadas en cada habitación que permiten a los enfermos conectarse con sus familias por videollamada, acceder a internet y a los médicos visualizar la historia clínica completa, incluidas radiografías, sin necesidad de entrar físicamente, según la documentación oficial. La llegada de los 14 españoles en cuarentena no es un asunto menor desde el punto de vista logístico. El hospital se ha comprometido a reforzar su plantilla con entre 60 y 90 trabajadores de distintas categorías para hacer frente al dispositivo, según José García, delegado de CSIF. Desde el Sindicato de Enfermería (Satse) se ha precisado que, además, se reducirá la ratio enfermera-paciente para permitir una “vigilancia estricta” de estos enfermos. El Gómez Ulla no llega a esta situación de improviso. Fue el miedo al ébola lo que lo cambió todo. En octubre de 2014, España afrontó una crisis sanitaria inédita tras el contagio de ébola de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, que contrajo el virus después de atender a un misionero repatriado y se convirtió en el primer caso de transmisión registrado fuera de África. Tres ministerios —Sanidad, Defensa y Presidencia del Gobierno— asumieron la responsabilidad de construir una unidad de aislamiento de emergencia. El comité especial que desplegó el Ejecutivo acordó que el lugar idóneo para esta instalación era el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, y que la unidad se ubicaría en la última planta del edificio, la número 22. Las obras comenzaron casi al mismo tiempo que se elaboraban los planos. La remodelación se recibió un año después del inicio de su construcción, el 13 de octubre de 2015. El Gómez Ulla fue construido hace 130 años, en 1896, en el barrio madrileño de Carabanchel. Se levantó con el fin de atender a los heridos y enfermos de la Guerra de Cuba. En 1946, fue rebautizado como Hospital Militar Gómez Ulla en honor al general médico Mariano Gómez Ulla, eminente cirujano militar. Sufrió graves daños durante la Guerra Civil, lo que requirió una importante reconstrucción posterior. En la década de 1970, se llevó a cabo una gran remodelación, modernización y ampliación que incluyó la construcción de su icónica torre monobloque. La última de sus intervenciones, 45 años después, tuvo como resultado lo que hoy se conoce como la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel. Desde entonces forma parte de la Red Nacional Hospitalaria de Infecciones Graves como Centro Nacional de Referencia.