Pepón Nieto, de las lágrimas de MasterChef a la felicidad de Maestros de la Costura: "He acabado cosiendo el vestuario de mi obra"
ResumenAcostumbrado a esconderse detrás de personajes icónicos como el Mariano de Los hombres de Paco, Pepón Nieto se enfrenta ahora a su papel más complejo: el de él mismo frente a "la máquina del infierno" (así define a la remalladora). El actor es uno de los grandes atractivos de la segunda edición de Maestros de la Costura Celebrity, un taller donde se ha desnudado emocionalmente y donde llegó a jugarse la permanencia por defender un diseño con mensaje social. Nos sentamos con el malagueño para descoser los secretos del programa de La 1, analizar la cara más dura de la moda y descubrir cómo la costura ha terminado colándose en su obra de teatro, La Pasión Infinita. ¿Qué te llevó a decir que sí a participar en Maestros de la Costura?Bueno, porque es un reto.
Acostumbrado a esconderse detrás de personajes icónicos como el Mariano de Los hombres de Paco, Pepón Nieto se enfrenta ahora a su papel más complejo: el de él mismo frente a "la máquina del infierno" (así define a la remalladora). El actor es uno de los grandes atractivos de la segunda edición de Maestros de la Costura Celebrity, un taller donde se ha desnudado emocionalmente y donde llegó a jugarse la permanencia por defender un diseño con mensaje social. Nos sentamos con el malagueño para descoser los secretos del programa de La 1, analizar la cara más dura de la moda y descubrir cómo la costura ha terminado colándose en su obra de teatro, La Pasión Infinita. ¿Qué te llevó a decir que sí a participar en Maestros de la Costura?Bueno, porque es un reto. A mí me gustan los retos y la posibilidad de hacer algo que ya me habían dicho mis compañeros de la anterior edición que era muy divertido, que me iba a encantar, que al final me lo iba a pasar muy bien y que lo que en principio me iba a dar un poco de agobio lo iba a disfrutar mucho. Hablé con Laura Sánchez y Canco Rodríguez que son amigos míos y estuvieron en la anterior edición y me estuvieron contando. Al final pensé: voy a vivir la experiencia.¿En qué momento te diste cuenta de que esto era más difícil de lo que imaginabas?Desde el primer momento. En otros talents, como los de cocina o baile, uno siempre ha cocinado algo o ha bailado. Pero lo de coser es otra cosa: ¿quién tiene una máquina en casa?, ¿quién se pone con patrones? Yo sabía que era muy difícil. Tomé clases antes de empezar con una profesora estupenda, Rosa, que normalmente me cose las cosas del teatro. Me estuvo dando clases porque hay que formarse: saber cómo funciona la máquina, cómo se enhebra, cómo se cose, interpretar un patrón... Si no, estás perdido completamente.Aunque solo se han emitido unas pocas entregas, ¿qué habilidad has descubierto que no sabías que tenías?No sabía que era capaz de hacer algo que se pudiera poner. Hacer algo con las manos y ver que sirve, me da mucha satisfacción. Esa cosa de la artesanía mola mucho descubrirla. Creo que mi fuerte era inventarme algún corte o alguna cosa así. Lo creativo era lo más fuerte para mí. Cuando uno tiene mucha creatividad y le falta técnica, la vas agarrando. Rozaste la expulsión en el segundo programa...Sí, pero creo que ese día los jueces se dieron cuenta de que el mensaje que yo quería dar estaba por encima de la belleza de la ropa. La moda no siempre tiene que ser ponible, a veces es más importante el mensaje que da el diseño. Yo hablaba de los cuerpos no normativos y de la gordofobia. El mensaje estaba claro, no solo en el cartelito, sino en la prenda: un cuerpo desnudo, completamente desfondado. En la grabación lo expliqué mucho más; en el montaje final sale menos, pero el traje estaba bien explicado. Muchas veces vemos cosas en pasarelas que no son ponibles, se hacen para contar una historia. Y yo, en mi modestia y mi falta de habilidad, quería contar una historia. Y la estaba contando. ¿Qué tal la relación con el jurado?Muy bien. Yo estuve también en MasterChef y es totalmente distinto. En Maestros de la Costura te ayudan muchísimo porque son conscientes de lo difícil que es su trabajo, su arte, llevar un taller, coser... y de que nosotros no vamos a poder hacerlo bien. Es imposible que salga una pinza perfectamente puesta si no eres costurero. Todo lo que han podido nos lo han enseñado. Siempre han tenido una buena palabra, incluso cuando hacíamos un churro. Hay retos imposibles, como hacer un traje de alta costura en dos horas. ¿Quién hace eso? Nadie.¿Hay más compañerismo en Maestros de la Costura que en MasterChef?Sí. En MasterChef hay mucha presión. Sudas mucho, curras mucho, es frustrante. La valoración de los jueces era muchísimo más dura. Yo nunca había llorado en un programa de televisión y allí lloré cuando me echaron porque el plato no estaba bien. Lo dejaron muy claro: "Esto es una mierda". En Maestros de la Costura no pasa nada. Es más amable. Hay algo de abrazarte, de hacer cosas con las manos, de admirar lo que hace el compañero: "Qué bien te ha quedado la cremallera", "qué bonito está el traje"... Eso une mucho. ¿Qué va a descubrir la gente de ti que no haya visto en todos estos años de carrera?Que aquí soy yo. Siempre estoy amparado por la ficción: en series, en películas, en teatro... siempre soy un personaje. Aquí soy yo: con mi falta de habilidad, mi empatía, mi compañerismo... Y no solo de mí, en este tipo de talent se ve mucho cómo somos todos en lo personal. Si somos empáticos, si ayudamos, si tenemos buen rollo. Hemos tenido unos compañeros maravillosos. Creo que la gente se va a sorprender con todos.¿Qué fue lo que más te sorprendió del taller?La remalladora es la máquina del infierno. Enhebrar cinco o seis hilos, pasarlos por cinco o seis agujas... y que luego se salga. Y la bordadora. En cada prueba la prenda tiene que estar en el maniquí con la etiqueta bordada. La bordadora se atascaba muchísimo. Y como ellos no entran a ayudar, te dicen: "Si no va, búscate la vida". Éramos 12 personas manipulando una máquina. La volvíamos loca. Y era un conflicto porque terminabas la prenda y no podías bordar la etiqueta. Les teníamos mucho miedo a la bordadora y a la remalladora.Si ganaras el programa, ¿qué significaría para ti?Lo más chulo es poder donar una cantidad muy alta de dinero a una ONG. Todas tienen un motivo justo y les viene muy bien. Poder dar una cantidad tan grande a gente que lo necesita es muy satisfactorio. A nosotros ya nos pagan la semana, vamos a trabajar y ya está. Lo que mola de ganar es poder donar el dinero. Siempre que voy a concursos me divierto mucho, pero esto es lo más satisfactorio.¿Qué papel ha tenido la moda en tu vida fuera de la tele?Yo tiro de vaquero y camiseta siempre. Me cuesta ponerme un traje. Pero sí me fijo en la moda: me parece un medio de expresión maravilloso. Tengo muchos amigos diseñadores, voy a pasarelas, a Cibeles, a desfiles... admiro muchísimo su trabajo. Es una industria dificilísima. Sacar una colección es tremendo. Y ahora que estoy en el programa, más: miro un escaparate y veo cómo está hecha la prenda. Me sorprende que no cueste más. ¿La ropa te ha ayudado a construir personajes?Totalmente. El vestuario, el maquillaje y la peluquería son fundamentales. Te cambian y te componen el personaje, te hacen el 50% del trabajo. No es solo la época: es cómo viste el personaje, lo que lleva, cómo anda. No es lo mismo una gabardina que una chaquetita corta. Te cambia la postura. Influye muchísimo.¿Con qué personaje te reconoce más la gente?Con Mariano de Los hombres de Paco. Fue una serie mítica que cambió mucho la forma de ver la tele. Hacía treinta y tantos de audiencia cuando solo había cuatro cadenas. Marcó muchísimo a mucha gente. Y ahora, con las plataformas, gente muy joven nos reconoce otra vez. ¿Ves a Paco Tous o a Hugo Silva cosiendo en futuras entregas del talent?Sí. Paco y Hugo valen para todo. Son muy buenos en lo que se proponen. ¿Por qué no? Yo tampoco me veía cosiendo y terminé haciéndolo. He estrenado hace poco La Pasión Infinita, estamos de gira, la produzco yo... y parte del vestuario lo he cosido con la máquina que me dieron en Maestros de la Costura. Me ha servido. Los bajos del pantalón ya los hago yo.