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Suiza llega puntual a su cita con Argentina

Resumen

Suiza ya es, al menos, una de los ocho mejores selecciones de este Mundial. La suerte de los penaltis sonrió a los helvéticos, que se medirán a Messi y compañía en unos cuartos con los que nadie contaba. Sea como fuere, los suizos están a sólo dos partidos de plantarse en la final de Nueva Jersey. Por si queda algún despistado que todavía no haya caído en ello.

De tapada a candidata. Suiza ya es, al menos, una de los ocho mejores selecciones de este Mundial. La suerte de los penaltis sonrió a los helvéticos, que se medirán a Messi y compañía en unos cuartos con los que nadie contaba. Sea como fuere, los suizos están a sólo dos partidos de plantarse en la final de Nueva Jersey. Por si queda algún despistado que todavía no haya caído en ello. La lotería final, con el fallo del Cucho y el acierto de Vargas, resolvió un partido igualadísimo, durísimo y por momentos extenuante. Fueron más de 120 minutos agotadores que no pasarán a la historia de los Mundiales por su calidad ni por su fútbol, pero que resultaron conmovedores por su intensidad. Fue Colombia quien quiso acelerar la eliminatoria desde el pitido inicial. Aviso a navegantes para los que dudaban de su físico por el virus que afectó a la concentración. Suiza aceptó el duelo de atletas. De una de esas batallas nació la primera ocasión. La firmó Puerta, con un disparo con rosca desde la frontal al que respondió plásticamente Kobel. El balón dividido, por cierto, se lo había llevado James en un robo que hubiera firmado el mismísimo Gattuso. Ver para creer. La pausa de hidratación le llegó a Colombia en mal momento. Estaba dominando y, tras los tragos, el panorama cambió. Es lo que tienen las interrupciones. Suiza se recompuso, tomó aire y trazó un plan sencillo. Buscó de manera recurrente la espalda del animoso Daniel Muñoz. Si no fue una orden de Yakin lo pareció, porque los helvéticos inclinaron todos sus ataques hacia esa zona. La estrategia tuvo su premio en dos disparos a puerta de Rieder y Ndoye. Escorados, pero entre los tres palos, encontraron respuesta en un bien colocado Vargas. El pobre bagaje de la primera parte -una ocasión por bando- pareció pesarle más a Suiza. O al menos Yakin sí entendió que debía mover alguna pieza. Eso llevó a Sow al campo, que estuvo cerca de dar la razón a su entrenador en un remate franco llegando desde segunda línea que se fue a las nubes por un resbalón. Esa acción y una falta de Xhaka al lateral de la red terminaron por mostrar que Suiza estaba más que viva. A Colombia le costó de nuevo entrar en faena. Nerviosa e imprecisa, abusaba en exceso del balón largo. Necesitaba ordenar sus ideas y subir un punto la presión. Y de ello se encargó Luis Díaz, que hizo las veces de agitador. Dos carreras suyas bastaron para reagrupar a su tropa. Por ahí empezaron a llegar los acercamientos cafeteros, el más claro el que tuvo y desperdició Luis Suárez, que pifió mandando al córner un disparo frontal a la portería bastante claro. El cambio de cuarto volvió a venirle bien a Suiza, que por entonces se sentía más exigida. Ese nuevo parón, los cambios y el vértigo del todo o nada hicieron que las precauciones se multiplicaran. Los miedos aparecieron y el partido pasó a estar en tierra de nadie. Sólo Ndoye, en un remate cruzado, casi evita la prórroga que todos daban por sentada. Al contrario de lo que suele ser habitual, esta vez el tiempo extra sí mejoró el partido. Y de qué forma. La prórroga fue volcánica. Pasaron más cosas en esos 30 minutos en las dos áreas que en los anteriores 98. Un larguerazo de Lucumi y un durísimo disparo de Campaz que despejó en modo voleibol  Kobel precedieron al paradón de Vargas a Amdouni. Con todo, fue Campaz el que la tuvo más clara. Era el minuto 116, pero su remate, mucho más fácil que el de Iniesta, se fue a las nubes. Ese fallo no auguraba nada bueno en unos penaltis que terminaron por condenar a Colombia, que se marcha del Mundial con una sensación amarga. No fue peor que su rival, pero los fallos de Davinson y Cucho en la tanda dictaron sentencia. Suiza, mientras, sueña en grande. Motivos tiene para ello.