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El Gobierno esquiva el efecto Montero: «No es un plebiscito para Sánchez»

Resumen

El PSOE encara la recta final de la campaña en Andalucía con las alarmas disparadas sobre la posibilidad, cada vez más cierta, de encajar un mal resultado en las urnas. María Jesús Montero no compite contra Juanma Moreno el próximo domingo —en las filas ... socialistas son plenamente conscientes de que la posibilidad de gobernar está descartada— sino que se mide consigo misma. Con su capacidad de mantener o mejorar los 30 escaños en los que Juan Espadas situó en 2022 el suelo histórico del partido.

El PSOE encara la recta final de la campaña en Andalucía con las alarmas disparadas sobre la posibilidad, cada vez más cierta, de encajar un mal resultado en las urnas. María Jesús Montero no compite contra Juanma Moreno el próximo domingo —en las filas ... socialistas son plenamente conscientes de que la posibilidad de gobernar está descartada— sino que se mide consigo misma. Con su capacidad de mantener o mejorar los 30 escaños en los que Juan Espadas situó en 2022 el suelo histórico del partido. Un abismo electoral en el que fuera su bastión histórico, donde han perdido la posición hegemónica que mantuvieron durante décadas.A medida que se consume el calendario hacia el 17 de mayo los temores son más fundados. La preocupación latente por la falta de movilización del electorado alcanzó su punto álgido el pasado lunes cuando la candidata socialista erró el tiro al calificar como «accidente laboral» la muerte de dos guardias civiles en un operativo contra el narcotráfico en Huelva. «Esto nos da la puntilla», señalaban a ABC desde el partido, lamentándose de que un patinazo así, durante el debate de Canal Sur, podía acabar por sentenciar la campaña.El traspié, más allá de forzar una rectificación de Montero, sirvió para proyectar la absoluta soledad de la candidata socialista. Una soledad que ya se percibió en el funeral por los dos agentes —donde no acudió ningún ministro— y en la fría reacción de Moncloa a su metedura de pata. En el Ejecutivo no quisieron «caer en la trampa» de comentar la jugada en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, por lo que evitaron respaldar públicamente lo que defendían en privado, que a efectos legales y de cara a futuras indemnizaciones, el tratamiento que se le tiene que dar a lo ocurrido es el de accidente laboral. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sufrió este miércoles la indignación por la actuación gubernamental con una lluvia de abucheos en una jura en Baeza.Noticia relacionada general No No El PSOE acusa el desgaste por Ábalos: desmovilización electoral y grietas con los socios Ainhoa MartínezEn el Ejecutivo, del que Montero formó parte hasta hace poco más de dos meses, comienzan a tomar precauciones para evitar un eventual efecto contagio por los resultados en Andalucía. La tirita antes de la herida. De este modo, ya han comenzado a desvincularse de un futuro mal resultado, descartando que una debacle en Andalucía vaya a tener ningún impacto en la arena nacional. «Esto no es un plebiscito para Sánchez», anticipan, puntualizando que el presidente del Gobierno se someterá al examen que le corresponde «allá por 2027». De este modo, cierran el paso a los comentarios interesados que anticipan consecuencias en Madrid por el desenlace andaluz. Se refieren, en concreto, al argumentario que está desplegando Juanma Moreno estos días, para tratar de movilizar a su electorado, asegurando que una «derrota muy fuerte» del PSOE en la elecciones del domingo podría llevar a Sánchez a adelantar las generales a este mismo mes de julio. El candidato del PP, que reconoce que el presidente del Gobierno es «imprevisible», alienta una «rebelión de los alcaldes» que le presionaría para anticipar las urnas. Esto siempre que los socialistas se hundan por debajo de los 25 escaños. Sin embargo, en Moncloa descartan este escenario y mantienen la hoja de ruta. Aunque es evidente que existen presiones internas para que Sánchez convoque antes de las municipales y autonómicas de dentro de un año, lo cierto es que en el Ejecutivo niegan esta posibilidad y se reafirman en su vocación de agotar la legislatura.En el Ejecutivo reiteran, además, que Montero era «la mejor candidata» para las andaluzas. «No había nadie mejor», insisten, para sacudirse la responsabilidad de quienes, internamente, acusan a Sánchez de haber mandado «al matadero» a la que fuera su todopoderosa número dos en Madrid. Prueba de ello son las propias resistencias de Montero, que trató de zafarse sin éxito del encargo de liderar el PSOE andaluz en la interna y en las urnas, consciente de que esto la condenaba, en el mejor de los casos, a dejar el Gobierno central para liderar la oposición a Moreno.Tal como publicó ABC , la que fuera vicepresidenta primera incluso presionó a Sánchez para que propiciase una coincidencia electoral con las generales, un efecto arrastre que podría beneficiarla en las urnas. Con la calculadora en la mano, en Ferraz defienden que, a nivel nacional, el presidente movió 580.000 votos más que Espadas en las autonómicas, y con estos números Sánchez solo se comprometió a una «máxima implicación» en la contienda. Este miércoles, ambos compartieron en Granada un mitin previo al cierre en Sevilla el viernes.En privado, fuentes del partido reconocen que la campaña no está tirando y que la imposición desde Madrid de ciertos marcos tampoco ha ayudado. Montero no ha hecho ningún esfuerzo por romper su cordón umbilical con Moncloa —algo que sería inverosímil después de presumir de ser la mujer más poderosa dentro del Ejecutivo y el partido—, pero sí ha tratado de reivindicar un rumbo propio, centrado en la gestión de los servicios públicos y no tanto en azuzar el miedo al entendimiento poselectoral de PP y Vox. Aunque durante días desde el Gobierno se jaleó la cuestión de la «prioridad nacional», rubricada en los pactos de Extremadura y Aragón, en Andalucía trataron de quitarse del foco, porque creen que ese discurso acaba beneficiando a Moreno.Las únicas opciones de éxito relativo para el PSOE pasarán, el próximo domingo, por no caer por debajo de los 30 diputados y que el PP no consiga la mayoría absoluta que le otorgan algunas encuestas. La noche será de una volatilidad extrema, reconocen los socialistas, porque hay escaños —los restos— que se decidirán por unos pocos miles de votos. Ahí puede estar la diferencia entre salvar los muebles o el descalabro y en el partido contienen el aliento, conscientes de que Andalucía, aunque en Moncloa traten de desvincularse, es una plaza clave también para las generales. Es la región que más diputados reparte en el Congreso —61— y junto con Cataluña es un bastión fundamental para cimentar los resultados del partido.