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Expansión ·

Por qué los 'viernes rediseñados' vencen a la semana de cuatro días

Resumen

Trabajar menos, vivir mejor y producir igual o más... Muy resumida, esta es la filosofía que sostiene la gran promesa laboral de las estrategias de la nueva gestión del tiempo, como es el caso de la tan traída y llevada semana laboral de cuatro días. Quienes la defienden suelen citar supuestos éxitos internacionales de iniciativas piloto, como la del proyecto británico que reunió a 61 empresas y cerca de 2.900 trabajadores, y mostró mejoras en estrés, burnout y continuidad empresarial, aunque resultó difícil de implantar, ya que exigió rediseñar procesos, turnos, reuniones, atención al cliente, objetivos y métricas. El debate casi eterno (y sin resolver) de esa especie de fantasía que supone aplicar la reducción de jornada sin reducir el sueldo sigue estando muy presente.

Trabajar menos, vivir mejor y producir igual o más... Muy resumida, esta es la filosofía que sostiene la gran promesa laboral de las estrategias de la nueva gestión del tiempo, como es el caso de la tan traída y llevada semana laboral de cuatro días. Quienes la defienden suelen citar supuestos éxitos internacionales de iniciativas piloto, como la del proyecto británico que reunió a 61 empresas y cerca de 2.900 trabajadores, y mostró mejoras en estrés, burnout y continuidad empresarial, aunque resultó difícil de implantar, ya que exigió rediseñar procesos, turnos, reuniones, atención al cliente, objetivos y métricas. El debate casi eterno (y sin resolver) de esa especie de fantasía que supone aplicar la reducción de jornada sin reducir el sueldo sigue estando muy presente. En los últimos años no han dejado de aparecer modelos que completaban, justificaban, apoyaban o incluso pretendían sustituir a la semana de cuatro días. Hemos visto el modelo 3+2 que ofrece flexibilidad espacial, permitiendo a los empleados realizar parte de sus tareas desde casa sin perder la interacción presencial; otras fórmulas como el job sharing, que podría ser válido si se establecen acuerdos individuales; el shift-based hiring (contratación por turnos flexibles), o las de los perma-lance, que son autónomos y responsables de su propio horario de trabajo... Y hasta modelos de workcations que requieren de una autogestión avanzada del tiempo que obliga a planificar, priorizar y organizar la jornada laboral desde ubicaciones no habituales, equilibrando productividad y bienestar personal. Ahora aparece una alternativa menos épica, más simple, y quizá más viable: la posibilidad de reconfigurar el viernes. Y así, hay quien habla de los viernes rediseñados. La idea no consiste en vender como novedad los viernes cortos, los summer fridays o los viernes sin reuniones, porque todo esto ya existe. La novedad de los viernes rediseñados está en reinterpretar esas prácticas dispersas como un modelo organizativo emergente: una semana 4+1, con cuatro días de alta coordinación y un quinto día de menor intensidad, más remoto, más asincrónico, más orientado a cerrar tareas, a pensar, a revisar y a recuperar energía. Si la semana de cuatro días exige retirar formalmente un día entero de trabajo, el viernes rediseñado propone conservar el quinto día, pero cambiando su función. De lunes a jueves se concentrarían la coordinación, las reuniones críticas, la producción compartida, el trabajo presencial y las decisiones; el viernes quedaría reservado para tareas de cierre, trabajo profundo, revisión, planificación, documentación, aprendizaje individual o desconexión anticipada condicionada a los resultados. No sería un "viernes fantasma", sino un viernes con menos ruido organizativo. Este enfoque conecta con la idea de Cal Newport -gurú de la gestión del tiempo, profesor en Georgetown y autor de Slow Productivity- de "trabajar con menos tareas simultáneas, a un ritmo más natural y con obsesión por la calidad; aplicada al calendario, esa filosofía sugiere que no todos los días tienen que tener la misma densidad cognitiva ni social". El viernes ha dejado de parecerse al resto de la semana. No siempre es un día libre, ni siquiera un beneficio formal. Es una jornada más corta, más remota, menos visible, con menos reuniones y menor intensidad social. La pregunta ya no es si el viernes ha cambiado, sino si las organizaciones podrán y querrán gestionarlo. Ahí puede estar la solución más realista para avanzar en la reducción de jornada: no saltar directamente de cinco días a cuatro, sino empezar por rediseñar el quinto. Se trata de una propuesta más pragmática que la semana de cuatro días completa, porque no obliga a clausurar un día entero ni a reducir de golpe el tiempo formal de trabajo. Siguiendo con los ejemplos de casos británicos, los datos sugieren que ese viernes distinto ya existe, aunque muchas empresas no lo reconozcan: Virgin Media O2 detectó en Reino Unido una caída del tráfico de banda ancha los viernes por la tarde. En una encuesta, casi un tercio de adultos británicos admitía terminar antes los viernes; el 61% sentía que se lo había ganado; y un 24% reconocía haber salido antes manteniendo su estado digital como "activo". No es sólo flexibilidad: es una reducción informal de jornada sin reglas claras. El trabajo híbrido refuerza esa tendencia, y otro estudio de Kastle Systems concluye que "los martes suelen ser los días de mayor ocupación de oficinas" en Estados Unidos, y "los viernes los más bajos". Eso implica que la semana laboral ya no es homogénea: la presencia, las reuniones y la coordinación se concentran en los días centrales. El viernes rediseñado podría convertirse así en estrategia, y también ayudaría a resolver la paranoia de la productividad que, según Microsoft, lleva a que el 85% de los líderes tenga dificultades para confiar en la productividad de sus equipos híbridos. Si se mide la presencia, los empleados simulan presencia; si se pactan los resultados, la disponibilidad y la cobertura, el viernes puede dejar de ser un secreto y convertirse en una herramienta de productividad. Este cambio no equivale automáticamente a trabajar menos. El estudio experimental de otro gurú mundial de la gestión del tiempo, Nicholas Bloom, en Nature, muestra que un modelo híbrido con dos días semanales de trabajo desde casa no daña el rendimiento, que mejora la satisfacción laboral y reduce las renuncias en un tercio. La conclusión relevante para el viernes rediseñado no es que cualquier flexibilidad funcione, sino que la presencia continua en la oficina no es una condición necesaria para sostener el desempeño cuando el modelo está bien definido. El viernes rediseñado puede ser más equitativo que una semana de cuatro días mal implantada. La flexibilidad beneficia más a trabajadores del conocimiento, directivos y profesionales con autonomía sobre su agenda. Joe O'Connor, uno de los especialistas internacionales más visibles en semana de cuatro días, insiste en que los modelos de jornada reducida no fracasan porque sean imposibles, sino cuando las organizaciones mantienen las mismas cargas, las mismas reuniones y expectativas poco claras. Esa advertencia encaja perfectamente con el viernes: reducir intensidad sin rediseñar el trabajo sólo comprime el problema.