Acabar con "la prima de riesgo del terror": así vende ahora la Administración Trump su montaña rusa con el precio del petróleo
ResumenEn las últimas dos semanas, el Gobierno de Donald Trump ha dicho una cosa y la contraria constantemente. Sobre las razones para empezar la guerra en Irán (de hecho, también sobre si era una guerra o no), sobre los objetivos de la misma, sobre qué medios serían utilizados y la posible duración. Habló de un ataque inminente de Teherán, de que estaban cerca de nuevo de conseguir armas nucleares, del imperativo de destruir sus misiles balísticos, de la necesidad de aniquilar su Armada, de la obligación de cortar los lazos con sus proxis por todo Oriente Próximo. Trump dijo que sería algo rápido, que no había que tener prisa, que los objetivos estaban ya casi todos conseguidos, y también que todavía no se había conseguido lo suficiente.
En las últimas dos semanas, el Gobierno de Donald Trump ha dicho una cosa y la contraria constantemente. Sobre las razones para empezar la guerra en Irán (de hecho, también sobre si era una guerra o no), sobre los objetivos de la misma, sobre qué medios serían utilizados y la posible duración. Habló de un ataque inminente de Teherán, de que estaban cerca de nuevo de conseguir armas nucleares, del imperativo de destruir sus misiles balísticos, de la necesidad de aniquilar su Armada, de la obligación de cortar los lazos con sus proxis por todo Oriente Próximo. Trump dijo que sería algo rápido, que no había que tener prisa, que los objetivos estaban ya casi todos conseguidos, y también que todavía no se había conseguido lo suficiente. Este viernes, aseguró que todo acabará pronto, pero sólo «cuando lo sienta, ¿de acuerdo? Cuando sienta en mis huesos» que es el momento. Trump aseguró que no habría una invasión, pero también que no se descartaba que soldados estadounidenses pusieran sus botas sobre el terreno. Que quizás habría una revuelta popular o que apoyaba una intervención de los kurdos. Y ahora, toda esa retórica confusa, cambiante y contradictoria se ha trasladado también al sector de la energía, los costes del petróleo y el impacto sobre la economía mundial. Durante días, la administración sostuvo que los bombardeos sobre Irán serían rápidos y no tendrían grandes efectos. Cuando empezaron a tenerlos, aseguraron que estaba todo previsto, aunque se muestren incapaces de esbozarlo y admitan a puerta cerrada en el Congreso que pensaban que Irán se iba a rendir enseguida y no tenía la capacidad de responder como ha hecho. «Tendremos quizás precios un poco elevados durante un breve periodo, pero tan pronto como esto termine, esos precios van a bajar, creo que lo harán incluso por debajo de los niveles anteriores», le dijo el presidente a los periodistas en una comparecencia en el Despacho Oval junto al canciller alemán Friedrich Merz. «Bajarán muy rápido, y nos habremos librado de un gran cáncer sobre la faz de la Tierra». «Los precios del petróleo a corto plazo -que caerán rápidamente una vez que haya concluido la eliminación de la amenaza nuclear iraní- son un precio muy pequeño que pagar por la seguridad y la paz de los EEUU. ¡SOLO LOS NECIOS pensarían lo contrario!», publicó Trump el domingo pasado en su cuenta de Truth Social. A lo largo de la semana, el discurso ha seguido cambiando. Así, el presidente se mostró incluso eufórico en público, diciendo y haciendo decir a sus ministros que la subida del precio del crudo era una noticia magnífica para Estados Unidos, a pesar de que el coste de la gasolina y el diésel ha subido entre un 17 y un 25% para los consumidores en apenas dos semanas por todo el país. Y de que los riesgos de inflación vuelven a estar muy presentes, complicando aún más la tarea de una Reserva Federal a la que la Casa Blanca exige que baje inmediatamente los tipos de interés convocando una reunión de emergencia. «Estados Unidos es el mayor productor de petróleo del mundo, con gran diferencia; por lo tanto, cuando los precios del petróleo suben, ganamos mucho dinero. PERO, de mucho mayor interés e importancia para mí, como presidente, es impedir que un imperio maligno -Irán- obtenga armas nucleares y destruya Oriente Medio y, de hecho, el mundo entero. ¡Jamás permitiré que eso suceda!», celebró Trump con el barril por encima de los 100 dólares. La administración, que reacciona cada día en función del argumento marcado desde Truth Social, ahora mismo está en modo de contención de daños. El mensaje público es que todo está bajo control, que no hay nada que temer y que estamos ante una pequeña subida de los precios, inevitable y prevista. Pero que los efectos a medio y largo plazo serán extraordinarios. Más aún, la tesis que defienden en televisiones y periódicos es que esta tercera guerra del Golfo en ciernes es casi lo mejor que le podía pasar al mundo, porque servirá para corregir un desequilibrio sistémico, algo que han llamado «la prima del terror» en el precio de los hidrocarburos. Lo ha desarrollado Peter Navarro, el gran gurú arancelario de Trump, en un ensayo en el que sostiene que Trump está haciendo frente no sólo el programa nuclear de Irán, sus arsenales de misiles balísticos y a su patrocinio del terrorismo, sino «un problema que ha pasado desapercibido: durante más de cuatro décadas, el comportamiento desestabilizador de Irán ha impuesto un impuesto oculto a la economía mundial, manifestado en precios del petróleo más elevados y un crecimiento más lento. Podríamos denominarlo la 'prima del terror de Irán». Apoyándose en diversos estudios e índices académicos, Navarro en nombre de la Casa Blanca explica que los analistas de mercado «estiman habitualmente que las tensiones relacionadas con Irán añaden, en condiciones normales, entre 5 y 15 dólares por barril a los precios mundiales del petróleo» y por eso «durante las grandes crisis, como la actual, los precios del petróleo pueden dispararse por encima de los 100 dólares por barril», ya que una cuarta parte del comercio mundial de crudo por vía marítima transita por el Golfo Pérsico, gran parte de ello a través del estrecho de Ormuz. Donde es vulnerable no sólo a las acciones directas de los ayatolás, sino de sus afines, de Hizbolá a Hamás pasando por los hutíes y diversas milicias en Irak. La tesis del Gobierno Trump prosigue citando al FMI, para sugerir «que un aumento sostenido del 10% en los precios del petróleo resta entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales al crecimiento mundial durante el año siguiente. Al aplicar esta regla general a una prima persistente de entre 5 y 15 dólares por barril vinculada a Irán -lo que equivale aproximadamente a un impacto petrolero de entre el 7% y el 21% a los niveles de precios actuales-, se estima un lastre de entre el 0,1% y el 0,4% para la producción mundial. En la economía mundial actual, valorada en unos 115 billones de dólares, esto se traduce en pérdidas de entre 100.000 y 450.000 millones de dólares anuales, dice Navarro. Y por eso, la operación Furia Épica, que ha provocado la «mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo», según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, «una vez eliminada la amenaza que Irán representa para los mercados energéticos mundiales», reducirá esa prima de riesgo del terror «lo que resultaría en precios más bajos, con beneficios para el poder adquisitivo de los hogares». La maquinaria está en marcha para inundar de mensajes similares. La Casa Blanca repicó el viernes una columna de opinión que defiende el «Triunfo energético de Trump», aplaudiendo a sus ministros e insistiendo en que los problemas en Ormuz serán de «corta duración», un «dolor a corto plazo para un beneficio a largo plazo» al «privar a Irán de la capacidad de mantener al mundo como rehén cada vez que lo desee». Lo cierto es que a pesar del triunfalismo, al mismo tiempo la administración, el año electoral y con la gasolina un 20% más cara que en febrero, está moviendo todos los recortes para aumentar la producción y la circulación de crudo. Desde movilizar millones de barriles en reservas, algo que Trump siempre reprochó a Joe Biden al considerar que era oportunista y políticamente ventajista, a levantar las sanciones a Rusia, lo que puede tener un efecto devastador en Ucrania. Además, EEUU ha decidido suspender temporalmente la conocida como Jones Act, una ley de hace un siglo que obliga a que el comercio entre puertos estadounidenses se haga con barcos norteamericanos, abriendo la puerta a que buques cisterna extranjeros ayuden a abastecer a las refinerías de la Costa Este con combustible procedente de la Costa del Golfo y de otras partes de Estados Unidos. Por no hablar de los viajes a Caracas para acelerar la producción, de la mano del régimen de Delcy Rodríguez. Según la CNN, el secretario de Energía, Chris Wright; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y el secretario del Interior, Doug Burgum, llevan la iniciativa para explorar un conjunto de nuevas opciones de la mano del Consejo Nacional de Dominio Energético de la Casa Blanca. Además de los factores regulatorios, como la mencionada Ley Jones para agilizar el flujo, suspender temporalmente los impuestos federales sobre la gasolina, flexibilizar las normativas medioambientales relativas a los combustibles. «También han evaluado medidas más drásticas, tales como imponer nuevas restricciones a las exportaciones estadounidenses, la posibilidad de establecer controles de precios e incluso lograr que el Departamento del Tesoro intervenga directamente en los mercados de futuros del petróleo para ejercer presión a la baja sobre los precios». Igual que hizo en el de las divisas no hace tanto para estabilizar el dólar y el yen. Esta última opción de intervenir en los derivados sería un «desastre bíblico», según Terry Duffy, director ejecutivo de CME Group, la entidad que gestiona la bolsa de futuros de petróleo de EEUU. Si el Gobierno intenta meter mano para controlar los precios, dijo Duffy, lo que haría es socavar la confianza del mercado. Pero el runrún entre los traders desde el lunes, cuando los futuros del crudo llegaron a 120 dólares por barril pero acabaron conteniéndose hasta los 80 al cierre de la jornada, es que quizás el Tesoro ya estaba metiendo mano. En Financial Times, Bob McNally, el exasesor energético de la Casa Blanca y responsable de una consultora, dijo que resultaba evidente que «la idea de que el Tesoro de EEUU venda futuros de crudo del mes próximo» estaba recibiendo más atención de lo habitual. Tiempos extraordinarios, medidas fuera de lo ordinario.