Código Desktop Imagen para móvil, amp y app Código móvil Código AMP Código APPQue nadie se lleve a engaño. Lo que estamos a punto de presenciar este miércoles, 1 de abril, no es el 'remake' de una película que ya vimos en blanco y negro hace casi sesenta años. Es cierto que la historia rima, como diría un poeta: dos misiones tripuladas a la Luna, pero sin aterrizar en ella; ambas realizadas para preparar el 'desembarco' de humanos en vuelos posteriores... Pero el parecido termina ahí. Los motivos para ir a la Luna no son los mismos ahora que a finales de los sesenta. Entonces fuimos 'de visita', y sólo para que Estados Unidos pudiera demostrar al mundo que podía llegar antes que sus rivales de la Unión Soviética. En total, los doce hombres que pisaron la Luna entre 1969 y 1972 apenas permanecieron allí unas 300 horas. Apolo 8 fue un 'tiro a ciegas' nacido de la paranoia de la Guerra Fría; Artemis 2 no es un sprint, sino el montaje del 'campamento base' para llegar a MartePero ahora volvemos para quedarnos, para explotar sus recursos ... y para establecer una primera 'cabeza de puente' en nuestra ya imparable carrera hacia la conquista del Sistema Solar.Estos días la Tierra contiene el aliento ante el inminente (y de nuevo histórico) lanzamiento de la misión Artemis II. Y en cierto modo resulta inevitable que la memoria colectiva vuelva al mes de diciembre de 1968.Aquella Navidad, Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders se convirtieron en los primeros seres humanos en abandonar la gravedad terrestre para rodear la Luna a bordo del Apolo 8. Fue una gesta de audacia, miedo y... urgencia política.Tripulación principal del Apollo 8 vista dentro del modelo de prueba durante la salida del agua NASAAhora, en abril de 2026, cuatro nuevos astronautas (Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen) se disponen a volver y a hacer, aparentemente, lo mismo. Pero no es así. Las diferencias entre ambas misiones son abismales, tanto como la distancia que separa una regla de cálculo de un superordenador cuántico.Propósitos diferentesPara empezar, esta vez se trata mucho más que de un viaje turístico alrededor de nuestro satélite. Y es que el Apolo 8 fue, en cierto sentido, una misión nacida de la paranoia. La CIA tenía informes (que al final resultaron ser exagerados) de que los soviéticos iban a lanzar una nave tripulada alrededor de la Luna antes de finales del 68. Y la NASA, presa del pánico, le quitó el Módulo Lunar (que no estaba listo) a su nave y decidió enviar el Módulo de Mando solo, en un auténtico 'tiro a ciegas' cuyo único objetivo era llegar antes. Fue una pura y simple carrera de velocidad.Artemis II, en cambio, no es un sprint; es más bien el montaje del campamento base para un maratón. No vamos a la Luna para ganar a nadie (aunque la competencia con China está ahí), sino para aprender a vivir allí. Como bien ha dicho la NASA: en el programa Apolo, la ciencia era la guinda del pastel; en Artemis, la ciencia 'es' el pastel.Esta misión busca probar los sistemas de soporte vital de la nave Orión en el espacio profundo durante 10 días, confirmando que podemos mantener a seres humanos vivos no solo para ir a la Luna, sino para el siguiente objetivo que ya brilla en el horizonte: Marte.Una trayectoria seguraMuchos creen que Artemis II va a orbitar la Luna de la misma forma en que lo hizo Apolo 8. Pero nada más lejos de la realidad. El Apolo 8, de hecho, realizó una 'Inserción en Órbita Lunar' (LOI), algo que en el argot ha quedado registrado como la 'órbita de la muerte'. Y no es para menos. normal ASÍ SERÁ EL VIAJE
1. INICIO DE LA MISIÓN Orion está diseñada para adaptarse al 99 % de la población humana, un rango mayor que cualquier otro proyecto pasado, presente o futuro de la NASA.
2. TEST DE MANEJO Separación de la Orión para las pruebas de manejo manual
3. VIAJE DE IDA Una vez alcanzada la velocidad adecuada, la misión iniciará su trayectoria hacia la Luna
4. SOBREVUELO LUNAR La Orión alcanzará los 6.513 km de altitud en el punto más lejano del vuelo sobre la superficie

Será la nave tripulada que

Será la nave tripulada que
5. VUELTA A LA TIERRA Tras haber rodeado la Luna, Orión vuelve a la Tierra. Aprovechará la gravedad terrestre para regresar y amerizar en el Pacífico, donde un barco recogerá a la tripulación y la cápsula
Para llevarla a cabo, los tripulantes tuvieron que encender su motor principal en el lado oculto de la Luna con objeto de frenar y dejarse atrapar por la gravedad de nuestro satélite. Fue una maniobra arriesgada y aterradora: si el motor no se encendía, la nave saldría disparada al espacio profundo sin posibilidad de regreso, lo que habría significado la muerte segura de los astronautas; si, por el contrario, el motor se encendía durante demasiado tiempo, la nave se estrellaría contra la Luna, con consecuencias igualmente fatales.La nave Orión no frenará para orbitar la Luna: realizará una trayectoria de 'retorno libre' que, si todo falla, devolverá a los astronautas a casa gracias a la pura gravedadY lo más importante, si el motor fallaba al intentar volver a casa (la llamada 'Inyección Trans-Tierra'), el Apolo 8 se quedaría 'atrapado' en una órbita eterna, con sus tripulantes girando alrededor de la Luna para siempre como cadáveres congelados.Traslado del SLS y la nave Orión a la rampa de lanzamiento en el Centro Espacial Kennedy Joel Kowsky / NASAIncluso en julio del año siguiente, cuando Armstrong, Collins y Aldrin aterrizaron por fin en la Luna con el módulo Eagle del Apolo XI, el control de misión barajaba apenas un 40% de probabilidades de éxito. Recordemos que Armstrong, en el último momento y a solo 150 metros del suelo, tuvo que tomar el control manual del módulo de aterrizaje, casi ya sin combustible, para no posarse justo encima de un cráter lleno de rocas. En la actualidad, sería impensable afrontar una misión con ese mismo grado de incertidumbre.El viaje de Artemis II, sin embargo, juega con cartas mucho más seguras: la 'trayectoria de retorno libre híbrida'. Imaginemos un inmenso número ocho trazado entre la Tierra y la Luna. La nave Orión no frenará para entrar en órbita baja como hizo su predecesora. En vez de eso, utilizará la gravedad lunar como una honda. Pasará por detrás de la Luna y la propia gravedad del satélite la «escupirá» de vuelta hacia la Tierra sin necesidad de encendidos críticos de motor (aunque se harán pequeñas correcciones). Es decir, que si todo falla en la nave, la física de Newton se encargará de traer la nave a casa.Simulaciones de lanzamiento en el Centro Espacial Kennedy para la misión Artemis II y pruebas de seguridad con el maniquí «Campos» Kim Shiflettn (NASA) y Rick Eldridge (USAF)Y aún más, esta trayectoria tiene un récord bajo la manga: Artemis II llevará a los astronautas miles de kilómetros más allá de la Luna, alcanzando una distancia de la Tierra superior a los 400.000 km. Lo cual supone llegar más lejos en el espacio de lo que cualquier ser humano (incluidos los del Apolo) haya estado jamás.Del reloj de pulsera a la nave inteligenteOtra diferencia fundamental entre ambas misiones radica, por supuesto, en la tecnología. Desde luego, resulta inquietante pensar que el ordenador del Apolo 8 (el famoso AGC) tenía menos potencia de procesamiento que una calculadora de bolsillo moderna, o incluso que un simple cargador de USB. Y es que, en 1968, los astronautas volaban 'a mano', usando sextantes para mirar las estrellas y calcular su posición si fallaba la radio. Era una mecánica analógica, heroica y con múltiples posibilidades de cometer errores fatales.La nave Orion de Artemis es una bestia diferente. Es más grande (lleva 4 tripulantes en lugar de 3) y es, esencialmente, un robot autónomo que vela por la seguridad de los humanos que van dentro. normal En su parte posterior está el mayor escudo térmico fabricado. Soporta hasta 2.760 ºC durante la reentrada

El aspecto plateado se debe a sus 1.300
losetas térmicas cubiertas de aluminio

El aspecto plateado se debe a sus 1300
losetas térmicas cubiertas de aluminio

El aspecto plateado se debe a sus 1.300
losetas térmicas cubiertas de aluminio
Se divide en dos espacios: zona de aviónica y depósitos (combustible, helio y oxigeno), y la zona habitable presurizada

Debajo de las losetas térmicas

Debajo de las losetas térmicas

Debajo de las losetas térmicas
En la Orión, piloto y copiloto se colocan en dos asientos encima de los destinados a los técnicos de la misión
En el espacio liberado se pueden extender hasta cuatro sacos de dormir sujetos por la zona de la cabeza
La cápsula llevará una maquina de remo para el ejercicio diario
Posee una capacidad de computación 20.000 veces más rápida y tiene 128.000 veces más memoria que Apolo. Y sus sistemas de 'cabina de cristal' (pantallas digitales en lugar de interruptores físicos) gestionan la navegación en tiempo real.Para muchos, sin embargo, la mayor diferencia está en el cohete propulsor. El viejo Saturno V era, desde luego, una auténtica maravilla de la fuerza bruta. El ordenador del Apolo tenía menos potencia que un cargador USB; hoy, la Orión es una nave inteligente capaz de gestionarse sola si la tripulación queda incapacitadaPero el nuevo SLS (Space Launch System) es su heredero hipervitaminado. Aunque visualmente parecidos, el SLS genera un 15% más de empuje al despegue que el Saturno V (8,8 millones de libras, equivalente a 39 millones de Newtons). Es el cohete operativo más potente jamás construido, y su potencia es equiparable a la de más de 25.000 locomotoras juntas.Radiación, el peligro invisibleEste es un punto que a menudo se pasa por alto, pero que es crucial en Artemis. En los años 60, el Apolo 8 atravesó rápidamente los Cinturones de Van Allen (zonas de alta radiación atrapada por el campo magnético terrestre), cruzando los dedos para que no pasara nada. No se sabía mucho sobre los efectos a largo plazo de esa radiación y se decidió asumir, también, ese riesgo.Pero en Artemis II, la nave Orión pasará deliberadamente más tiempo en zonas de radiación y llevará sensores activos para medirla. ¿Por qué? Porque si queremos ir a Marte, un viaje de seis a nueve meses, necesitamos saber exactamente cómo proteger a la tripulación de los rayos cósmicos y las tormentas solares. Apolo esquivó la bala; Artemis quiere estudiar a fondo la pistola.Dos tripulaciones, dos criteriosLlega la hora de mirar las fotos de la tripulación. En el Apolo 8 teníamos a tres hombres blancos, militares, pilotos de pruebas, todos cortados por el mismo patrón. Eran soldados, guerreros de la Guerra Fría. En Artemis II, la tripulación es un espejo mucho más variado (y fiel) de la humanidad que los envía. Tenemos a Christina Koch (que será la primera mujer en viajar más allá de la órbita baja), a Victor Glover (el primer astronauta negro en una misión lunar) y a Jeremy Hansen (el primer canadiense, rompiendo el monopolio exclusivo de EE.UU. en la Luna). Aunque puede que toda esta diversidad no sea más que un espejismo. La administración Trump, en efecto, ha eliminado de la web de la NASA todas las alusiones sobre la presencia femenina y afroamericana en la misión Artemis III que, esta vez sí, pisará la Luna en 2027.A pesar de ello, y corrección política aparte, se trata más bien de una cuestión de puro pragmatismo. Porque la exploración espacial del siglo XXI, lo quiera Trump o no, es colaborativa. Estados Unidos ya no puede (ni quiere) pagar la factura solo. Artemis 2 llevará a los seres humanos a más de 400.000 kilómetros de la Tierra, adentrándose en la oscuridad del espacio profundo mucho más allá de donde llegó cualquier ApoloEl programa Apolo supuso un esfuerzo titánico para el país que lo puso en marcha. Cuatrocientas mil personas participaron en el proyecto, y los costes fueron astronómicos. Al cambio actual, el 'precio' de ir a la Luna fue entonces de unos 250.000 millones de dólares. Que se gastaron, además, sin tener ni una sola garantía de éxito.Artemis, sin embargo, se basa en una alianza internacional y comercial (NASA, ESA, JAXA, CSA, SpaceX, Boeing) que permite un ecosistema, y unos objetivos de exploración, mucho más amplios. El cohete Space Launch System Joel Kowsky (NASA)Si antes se trataba sólo de llegar a la Luna para demostrar una superioridad tecnológica, ahora la idea es establecer allí una presencia humana a largo plazo, desarrollar las tecnologías que nos permitirán ir a Marte y más allá, usando nuestro satélite natural como punto de partida para la expansión del ser humano por el Sistema Solar.En definitiva, Apolo 8 fue un acto de audacia desesperada que nos regaló la famosa foto de la 'Salida de la Tierra' (en la que nuestro planeta se aparece sobre el horizonte lunar) y cambió nuestra conciencia ecológica para siempre. Artemis II, por el contrario, es la madurez tecnológica de una especie que ya no se conforma con visitar la Luna, sino que se prepara para quedarse a vivir en ella.Créditos Coordinación y formato: Hugo Garrido Dirección de arte: Fernando Hernández Edición: Judith de Jorge y Patricia Biosca Diseño, infografía, 3D e ilustraciones: Emma Esser Julián de Velasco Desarrollo: Jorge García Gómez