El desastre frente al jardín de Flora, la vecina acostumbrada a que los trenes se paren en su casa: "Desde hace dos años es así"
ResumenFlora se acicala cuando, a esa hora de la mañana, se produce la caída del sistema de seguridad LZB. Los vagones, sus compañeros habituales cada día, se habían detenido. Ella estaba en su casa de campo, ubicada justo frente al escenario de la masacre. «Estaba a punto de ir a una revisión con el médico», narra a Crónica.
Urda, 8:31 del miércoles. Flora se acicala cuando, a esa hora de la mañana, se produce la caída del sistema de seguridad LZB. Los vagones, sus compañeros habituales cada día, se habían detenido. Ella estaba en su casa de campo, ubicada justo frente al escenario de la masacre. «Estaba a punto de ir a una revisión con el médico», narra a Crónica. Desde su jardín se ve sin esfuerzo el AVE 2080 y lo que queda del Iryo 6076. Espanta una mosca del rostro. Enciende un cigarrillo. El humo asciende. Sus manos tiemblan levemente. Mientras ella se preparaba para su cita de primera hora del miércoles, frente a su casa veía lo cotidiano: «Trenes parados... Ya no van tan rápido como antes. Al menos desde hace dos años es así», analiza. Óscar Puente es ministro de Transportes desde el 21 de noviembre de 2023. O 1.072 días atrás. O dos años, 10 meses y 29 días. Pasan los minutos y está a punto de meterse a su coche. En el cristal de atrás justamente hay una pegatina dedicada al milagroso Cristo de Urda. Es devota. El sistema LZB seguía en off en un tramo de 63 km de la línea de alta velocidad Madrid-Sevilla. Su tecnología es ya anticuada, tras ser una de las más avanzadas en su momento, en los años 60, y se utiliza en la alta velocidad española sólo en este recorrido. El fallo, que ha ocurrido otras 170 veces antes en lo que va del año según los datos que proporcionó el ministro Óscar Puente —que lo considera dentro de la «normalidad europea»—, se produjo por un problema de comunicación entre equipos informáticos de la central ubicada en la propia estación de Urda. A unos 300 metros del jardín de Flora, a casi 8 kilómetros del casco urbano del municipio y a 16 de Los Yébenes. Allí, en mitad del campo, junto al granero y a la antigua estación, ella y su marido Satur son los solitarios testigos que ven frenar a los trenes que se detienen por las caídas del LZB. En ese punto en concreto, tal y como ha informado EL MUNDO esta semana, al menos diez veces en lo que va de año. Pero el tramo no estaba considerado oficialmente un punto negro en la red española. Hasta que se produce el choque trágico. Flora Dueñas escucha la explosión dentro de casa. Son las 8:53. Tarda segundos en salir a su jardín. Los perros y las gallinas en silencio. Es testigo del apocalipsis. «Como una bomba, todo envuelto en polvo. Una desgracia», narró su marido. Ella se gira y llama a Emergencias. «Lo hice inmediatamente», afirma sin dudar. Va campo a través en dirección a las vías. Ve las ambulancias de camino... Y vecinos que actuarían heroicamente. El escenario era de hecatombe. El balance hasta el cierre de edición: 67 denuncias por desaparición, al menos 34 heridos hospitalizados. De ellos, 18 en las UCI de Castilla-La Mancha y Madrid, luchando por sobrevivir. Y 69 muertos... Pero la historia empieza con otros personajes. El maquinista del AVE Antonio Acedo y su compañero en prácticas Daniel Muñoz. La maquinista del Iryo Lorena Velázquez. M., el responsable de circulación de la Mesa 2 del Centro de Control de Adif en Atocha, sobre el que el ministro tratará de cargar la responsabilidad de un sistema que falló en cadena. Y centenares de pasajeros que, a bordo del AVE 2080 y del Iryo 6076, han emprendido —hace apenas una hora— el viaje que cambiaría por siempre su vida frente al jardín de Flora. M., EL SEÑALADO DE LA MESA 2 DE ATOCHA Cabina de mando del tren AVE 2080, detenido a 25 kilómetros. «¿Atocha? No te oigo bien. Me ha dado un fallo de transmisión por bloqueo parcial... ¿Me escuchas?», decía con algo de angustia Antonio Acedo, el maquinista del 2080. Conversa con el centro de control de Madrid a las 8:32. Intercambian información técnica. Le indican que conecte y desconecte el LZB y que reanude la marcha. Su protección será el sistema de bloqueo de señalización lateral (BSL). Se basa en señales luminosas que se ubican junto a las vías. Desde Atocha, el controlador M. le pide que circule «en marcha normal». —¿Con marcha normal? —repregunta prudente el maquinista Acedo. Le contestan positivamente. A sus 36 años llevaba su oficio en la sangre. Su padre también fue maquinista. Con él viajaba un aprendiz, Daniel Muñoz, otro amante de las locomotoras, sólo un lustro más joven. Acedo era un poeta de la imagen. Retrataba las estaciones en blanco y negro. Viajaba habitualmente con su Werlisa, otra Start tipo Rolleicord y una Minolta 7000. También se solía quejar habitualmente del estado de las vías. Del deterioro del sistema. Su conversación con Atocha dura tres minutos y 59 segundos. En la Mesa 2 del centro de control de Adif, que supervisa unos 150 kilómetros de vía, el responsable M. no es consciente de que esa noche será señalado con filtraciones interesadas por el desastre que se está gestando. El propio Puente es quien da pinceladas de su labor y su experiencia. «Esta persona llevaba dos horas trabajando cuando estos hechos se producen. Dos horas», recalca en rueda de prensa para intentar quitar hierro a la hipótesis de una sobrecarga de trabajo. Según pudo saber Crónica, M. ingresó en el centro de Adif en una promoción relativamente reciente tras superar su formación en el sur de Madrid. Puente subrayó el viernes que gestionaba ese sector desde febrero de este 2026. «Era un sector que conocía bien...», deslizó el titular de Transportes.Quienes conocen a M. lo describen como enamorado de su misión. Orgulloso de ser quien es y experto en informática y comunicaciones. «Un gran compañero», se refieren a él desde una importante empresa de telecomunicación en la que trabajó antes de saltar a la gestión ferroviaria. «Gestor de incidencias», recalcan desde otra. Está indignado por la filtración de los audios y va a dar batalla. En paralelo, por el momento, se ha negado a declarar ante la Guardia Civil en la investigación del accidente. Puente aporta el resto del perfil: «Es una persona de 48 años. Un hombre de edad media, adecuadamente formado, y con suficiente experiencia». MILAGROS COTIDIANOS DENTRO DEL AVE 2080 El cronómetro comienza a correr a las 8:36. Atocha da la orden al AVE 2080 de avanzar a «marcha normal», que le permite alcanzar velocidades de hasta 200 kilómetros por hora, sin que nadie repare en que hay un tren Iryo detenido por delante, exactamente frente al jardín de Flora, por culpa de la caída del sistema LZB. Dentro del 2080, un pasajero se cambia de asiento. No es consciente de que esa decisión, unos minutos más tarde, le cambiaría la vida. Rosa había escuchado por megafonía, durante el parón, que había «aglomeración en la vía». Sus compañeros de vagón se lo tomaron a chanza. No entendían lo del «atasco» entre raíles. Vista desde un silo que se encuentra al lado de la casa de Flora.ELENA IRIBAS Una azafata recorría los vagones con viandas. La cafetería se había llenado de comensales. Infusiones, bocadillos, zumos... Era la hora del desayuno. Algunas de las 397 personas en su interior seguían durmiendo. Como los turistas brasileños Josimar y Victoria, apoyados uno en el otro. Habían salido de la capital a las 8:03. Otros aporreaban los teclados de sus ordenadores. Había tantos motivos para hacer ese trayecto. Algunos ni siquiera habían comenzado su viaje en Madrid. Diego venía desde Logroño. Había ido a visitar a su amor. Andrea bebía un café. La existencia cotidiana. LORENA MANTUVO LA SERENIDAD Lorena Velázquez, maquinista del Iryo 6076, habla con Madrid serena. Antes de subirse a una locomotora que va a más de 250 kilómetros por hora fue terapeuta ocupacional. Se graduó en la primera promoción de la compañía italiana. Superó a más de un millar de candidatos. «Buenos días, Atocha... Estoy detenida ante la señal de entrada de Urda», apunta Velázquez a las 8:41. Como había denunciado semanas antes el presidente de su empresa en el Senado, los fallos del sistema LZB causan los parones que ve Flora desde su casa constantemente. Volver a poner en marcha los trenes es trabajoso. Desde Atocha le leen el mismo telefonema, LZB4, que le han dictado unos minutos antes a Antonio Acedo: «Maquinista de tren 6076, desconecte y vuelva a conectar el sistema LZB y reanude la marcha al amparo del BSL con marcha normal». «Vale, perfecto. Muchas gracias», concluye Velázquez.Lorena lo intenta. Pero no puede avanzar. Mientras, el AVE 2080 ya lleva avanzando cinco minutos. Aún es imposible que el maquinista Acedo pueda verla. Cabe señalar que la mirilla de un francotirador alcanza un máximo de unos tres kilómetros, aproximadamente lo mismo que tarda en frenar un tren de alta velocidad. EL HERVIDERO ATOCHA En esos minutos decisivos, el Centro de Control de Atocha era un hervidero de voces e instrucciones. El sistema seguía caído. «Operaba en circunstancias de absoluta normalidad y contaba con 16 controladores en sala. Cuenta en el centro de control con pantallas y sistemas que le permiten conocer en todo momento dónde están situados los trenes. Esos sistemas en este caso funcionaron y nosotros hemos podido comprobarlo. Es decir, quienes estaban en el centro de control tenían a la vista lo que estaba sucediendo», parece querer exculparse Puente. Los ferroviarios no se callan. Desde dentro nos cuentan el desastre existente en un centro que debería ser puntero. Con equipos obsoletos. Algunos que parecen ordenadores de hace tres décadas. LA MUERTE ACELERA La maquinista del Iryo insiste a las 8:48. No le tiembla la voz. «No me está permitiendo el tren reiniciar el sistema LZB y... por eso estoy todavía detenida ante la señal de entrada». Desde Atocha, la grabación de la conversación continúa. Se escuchan distintas voces. —De verdad, tronco... El 6076 está teniendo problemas con el equipo... Está avanzando hasta que se detenga. —Esperad un momento... ¿Este se está...? —Un momento, el 2061 que está al hilo de Urda... Es un desconecte, ¿no? ¿No estábamos haciendo eso? En Urda tenemos el problema... Era un absoluto caos en ese instante. Es el inicio de otro conteo. Cinco minutos en los que venía la muerte acelerando y se pudo hacer algo. Puente: «El centro recibió el mensaje, pero no tomó ninguna acción». Mientras, Inés se cambiaba de asiento para charlar con sus amigas. Otro milagro. Joander dormitaba. Jorge veía pasar el carrito de aperitivos. Josué y Diamary comentaban su boda, que habían celebrado dos semanas antes. Él, paramédico y bombero. Ella, enfermera. Salvarían vidas, pero no lo sabían entonces. Tanya y Sebastián, sin conocerse, esperaban pacientes que el tren volviera a arrancar. Eduarda, mimaba a sus dos gatos. REZANDO POR ELLOS Desde el jardín de Flora se ve hoy la escena entera. Los restos del AVE, los vagones calcinados del Iryo... Ella recuerda el olor a polvo y muerte. Y el sonido. «Como una bomba».Lo enigmático es que nadie pudo ser testigo antes de ella de la desgracia. Pero, desde el 112, le dijeron que ya iba en camino ayuda. «No tardé ni medio minuto en llamar a Emergencias». ¿Fue Atocha? ¿Un pasajero? Un helicóptero pasa por encima de su cabeza. Una calada al cigarro. «Esto es el horror». Se despide y recomienda visitar al Santuario del Cristo de Urda. «A rezar». Allí, el agotado párroco junta las manos. Juanmi ora con devoción. Por Antonio, Daniel, José Manuel, Fátima, Julieta, Marisa, Antonio, Ana, Adriana, María, Patricia, César, Nelson, Agustín, Francisco, Juan, David, Andrea, Raúl, Daniel, Alberto, Carlos, Curro, Tamara...