El mariscal "favorito" de Trump y un discreto líder burócrata: la dupla paquistaní que logró el alto el fuego en Irán
ResumenEl despacho del primer ministro paquistaní, a los pies de las colinas de Margalla, una cadena ondulada y verde que marca el límite natural de Islamabad y proyecta su sombra sobre el distrito gubernamental, no suele ser escenario de gestos grandilocuentes. En cambio, en la madrugada del miércoles, mientras las grandes capitales occidentales contenían la respiración ante las amenazas de Donald Trump de atacar a Irán y "hacer desaparecer una civilización entera", la figura de Shehbaz Sharif, de 74 años, emergió a golpe de tuit. El líder paquistaní pidió "encarecidamente" al presidente de Estados Unidos que aplazara dos semanas el ultimátum, a la vez que solicitaba "a los hermanos iraníes" que reabrieran el Estrecho de Ormuz durante el mismo periodo como "gesto de buena voluntad". Menos de una hora después, Trump anunció el alto el fuego bilateral, reconociendo el papel central de Pakistán en la mediación.
El despacho del primer ministro paquistaní, a los pies de las colinas de Margalla, una cadena ondulada y verde que marca el límite natural de Islamabad y proyecta su sombra sobre el distrito gubernamental, no suele ser escenario de gestos grandilocuentes. En cambio, en la madrugada del miércoles, mientras las grandes capitales occidentales contenían la respiración ante las amenazas de Donald Trump de atacar a Irán y "hacer desaparecer una civilización entera", la figura de Shehbaz Sharif, de 74 años, emergió a golpe de tuit. El líder paquistaní pidió "encarecidamente" al presidente de Estados Unidos que aplazara dos semanas el ultimátum, a la vez que solicitaba "a los hermanos iraníes" que reabrieran el Estrecho de Ormuz durante el mismo periodo como "gesto de buena voluntad". Menos de una hora después, Trump anunció el alto el fuego bilateral, reconociendo el papel central de Pakistán en la mediación. El estadounidense aseguró que había mantenido conversaciones con el primer ministro Sharif y con poderoso jefe del ejército paquistaní, el general Asim Munir, a quien muchos señalan ahora como el principal artífice -aunque en un segundo plano público- de la tregua temporal. Este episodio ha catapultado a Sharif y a Munir al centro de la escena diplomática, con el primero actuando como voz de la iniciativa y el segundo como su cerebro estratégico. Fue el primer ministro quien después anunció que Islamabad acogerá el viernes la primera ronda de negociaciones cara a cara para alcanzar un acuerdo de paz. Pero una sorpresa aún mayor la soltó más tarde el propio Trump al comentar que China, que durante décadas ha sostenido a la sancionada economía del régimen iraní, había persuadido a Teherán para negociar. Así lo han reconocido los propios funcionarios iraníes. La superpotencia asiática se comprometió además a actuar como garante de que EEUU acepte algunos de los 10 puntos propuestos por la República Islámica para alcanzar el fin definitivo del conflicto. En Pekín guardaron silencio sobre esta intervención en el último minuto que empujó a Irán a aceptar el acuerdo del alto el fuego. Mientras, desde Islamabad, Sharif se pasó el miércoles publicando mensajes en X agradeciendo el apoyo en la mediación de China y de otros actores relevantes de Oriente Próximo. Los focos internacionales apuntan ahora por primera vez a un dirigente que es heredero de una de las dinastías políticas más influyentes de Pakistán y hermano menor de Nawaz Sharif, tres veces primer ministro. El actual líder ha construido su reputación como gestor eficaz, sobre todo en su etapa al frente de la región de Punjab. Su estilo, dicen los analistas locales, es más burocrático que el de sus predecesores, con perfiles más carismáticos (y también autoritarios). Pero el estallido de la guerra en Oriente Próximo hizo que Sharif emergiera como puente entre EEUU e Irán debido a las estrechas relaciones de Islamabad con ambos países. En contraste, la figura de Munir (58 años) es producto de una tendencia histórica en Pakistán: donde la línea entre gobernanza civil y militar es deliberadamente difusa, y donde los generales son a menudo tanto árbitros como actores políticos. El punto fuerte del general en el tablero global es que ha logrado entablar una relación personal con Trump. Vestido con un traje de negocios en lugar de uniforme militar, visitó Washington con Sharif el año pasado después de elogiar la intervención "audaz y visionaria" del líder estadounidense en un fugaz enfrentamiento entre Pakistán e India en la dividida Cachemira. Trump llegó a referirse a Munir como su "mariscal de campo favorito". La buena sintonía del general con Trump, contaron algunos funcionarios de Washington a medios estadounidenses, se debió a que, cuando el republicano arrancó su segundo mandato, Munir compartió información de Inteligencia y entregó a un militante talibán sospechoso de planear el atentado de 2021 en el aeropuerto de Kabul, un gesto que en EUU se interpretó como prueba de estrecha cooperación en materia antiterrorista. Además, Munir dijo públicamente que Pakistán había propuesto a Trump para el Nobel de la Paz por su papel en la mediación del conflicto con India. Todo este acercamiento fue más que notable teniendo en cuenta que, durante su primer mandato, Trump acusaba a Islamabad de ofrecer refugio a terroristas -Osama bin Laden fue localizado en territorio paquistaní en 2011-, y que la anterior Administración Biden llegó a describir a Pakistán como uno de los países más peligrosos del mundo por sus ambiciones nucleares. Pero en los últimos meses, la Casa Blanca ha señalado a Munir como un interlocutor clave en la lucha antiterrorista. "Interlocutor nocturno" El militar ha sido identificado como "interlocutor nocturno" entre altos funcionarios estadounidenses -incluido el vicepresidente JD Vance y el enviado especial Steve Witkoff- y el canciller iraní Abbas Araghchi, lo que le dio una posición singular para tender puentes donde otros no podían. Munir, que fue jefe de la principal agencia de espionaje de Pakistán, fue designado como máximo general en 2022 por Sharif. A finales del año pasado, una enmienda constitucional creó un nuevo cargo que lo situaba por encima de las tres ramas de las Fuerzas Armadas y le concedía inmunidad vitalicia, equiparándolo en protección legal al primer ministro. Oficialmente debía retirarse en 2027, pero el nuevo puesto, con mandato de cinco años, reiniciaba de facto el reloj de mando. Y el título de mariscal de campo que también ostenta le abre la puerta a seguir influyendo incluso tras la jubilación formal. En un país acostumbrado a alternar dictaduras militares y gobiernos civiles autoritarios, Munir carga en sus manos con una mezcla entre arbitraje y gobernanza. Sharif y Munir se han pasado las últimas semanas activando un canal indirecto en momentos en que las comunicaciones oficiales estaban congeladas. No ha sido una negociación al uso, con delegaciones sentadas frente a frente, sino una coreografía de mensajes medidos y coordinación continua con actores regionales como Egipto y Turquía, quienes también jugaron papeles auxiliares en mantener abiertos caminos de diálogo.