Decir algo de izquierdas
ResumenEn Abril (1998), de Nanni Moretti, hay una escena que resume la impotencia de la izquierda ante la derecha populista. Entonces era Silvio Berlusconi, que hoy casi parece un simpático estadista conservador, y no sé cuál de los tres términos nos queda ya más lejos, supongo que “simpático”. Berlusconi debate en la tele con D’Alema, y Moretti se desespera porque no reacciona a su torrente de tonterías y falacias. Entonces le pega un grito a D’Alema que ya es legendario: “Di qualcosa di sinistra!” (di algo de izquierdas).
En Abril (1998), de Nanni Moretti, hay una escena que resume la impotencia de la izquierda ante la derecha populista. Entonces era Silvio Berlusconi, que hoy casi parece un simpático estadista conservador, y no sé cuál de los tres términos nos queda ya más lejos, supongo que “simpático”. Berlusconi debate en la tele con D’Alema, y Moretti se desespera porque no reacciona a su torrente de tonterías y falacias. Entonces le pega un grito a D’Alema que ya es legendario: “Di qualcosa di sinistra!” (di algo de izquierdas). Decir algo de izquierdas ya es casi tan difícil como hacerlo, pero por algo se empieza. Por eso no se imaginan la ola de fervor que ha despertado Pedro Sánchez en Italia por plantarse ante Trump. Sí, es perfectamente posible que lo haga pensando en sus cosas, pero eso no quita que pueda tener razón. Igual que si lo dijera Feijóo en clave electoral también habría tenido razón, pero es que le cuesta ver estas cosas porque no están en el guion. En todo caso, ¿oponerse a apoyar a EE UU en Irán es de izquierdas o de derechas? Veamos el historial del paciente. El fin de la Guerra Fría trajo tiempos de euforia, se pensaba que el bien había triunfado (la democracia y el capitalismo) y, es más, se había terminado la historia. Tal cual, recordarán que era el título del célebre libro de Fukuyama publicado en 1992. Ese año, con ese espíritu, EE UU se metió en la guerra de Somalia, avalado por la ONU, e iban tan sobrados que el desembarco fue transmitido en directo por la CNN desde la playa. Pero aquello era más complejo de lo que parecía, con mucha tribu rara, y acabó en desastre (vean Black Hawk derribado). Todavía sigue, 34 años después, con el país partido en tres, creo. En 2001, tras el 11-S, EE UU invadió Afganistán para capturar a Bin Laden y echar a los talibanes, gente a la que había estado financiando (vean La guerra de Charlie Wilson). En 2021, como recordarán, se largaron y volvieron los talibanes, más locos que 20 años antes. Aún no nos explicamos cómo, pero Bush hijo también cameló a Blair, Aznar y otros para invadir Irak, porque tenía “armas de destrucción masiva”. Ya entonces no nos lo creíamos, y piensen que Bush hijo parece una persona seria comparado con lo de ahora. Luego Irak fue otro desastre. En 2010 Obama alentó la Primavera Árabe, que empezó en otoño y en Túnez, que no es árabe, ya con el nombre empezaba mal. Libia ahora está partida en dos, creo, y en el caos, porque se empeñaron Francia y el Reino Unido. En Siria estalló una guerra civil que ha durado 13 años y al final manda un exterrorista de Al Qaeda que ahora lleva corbata. La Casa Blanca habla de liar a los kurdos en Irán, cuando Trump los dejó tirados en 2019 en Siria después de usarlos para luchar contra el ISIS. Y volvió a hacerlo el año pasado. En Irán, fue EE UU quien se cargó en 1953 al primer presidente democrático, Mosaddeq, por nacionalizar el petróleo, puso al sah, y luego al fanático Jomeini. En junio Trump bombardeó Irán y proclamó que ya no sería una amenaza nuclear durante años, pero ahora resulta que estaban a punto de tener la bomba atómica. Trump llegó prometiendo que pasaba de las guerras y ya ha bombardeado siete países en un año. Algunos, como Nigeria, sin que aún sepamos bien por qué. Tampoco sabemos por qué se ha arrasado una escuela de niñas en Irán, 180 muertos. En este clima, Macron dice ante un submarino nuclear (quizá se puso de puntillas para parecer más alto): “Para ser libre, hay que ser temido”. Y yo que sigo sin querer apuntarme a un gimnasio. Ante este panorama, decir que a uno todo esto no le parece buena idea no es que sea de izquierdas o de derechas, es de sentido común.