No hay quinto fácil: Pogacar se enfrenta a la difícil tarea de la manita amarilla
ResumenTadej Pogacar afrontará el Tour de Francia 2026 con una cita con la historia. En París puede levantar su quinto maillot amarillo y entrar en un club reservado a cuatro nombres mayores del ciclismo: Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Todos comprobaron que el quinto Tour no se regala. El esloveno llega con cuatro títulos, empatado con Chris Froome, y con una trayectoria que dialoga con la de los grandes: ganó a la primera, sufrió tropiezos después de dominar y, como Merckx e Hinault en su apogeo, no negocia las etapas.
Tadej Pogacar afrontará el Tour de Francia 2026 con una cita con la historia. En París puede levantar su quinto maillot amarillo y entrar en un club reservado a cuatro nombres mayores del ciclismo: Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Todos lo lograron. Todos comprobaron que el quinto Tour no se regala. El esloveno llega con cuatro títulos, empatado con Chris Froome, y con una trayectoria que dialoga con la de los grandes: ganó a la primera, sufrió tropiezos después de dominar y, como Merckx e Hinault en su apogeo, no negocia las etapas. Pero el pasado advierte: el quinto suele ser el más áspero. Jacques Anquetil (1957, 1961, 1962, 1963, 1964) El pionero marcó el camino moderno. Dominio absoluto en la contrarreloj y sangre fría en la montaña. Debutó en 1957 casi por accidente —Louison Bobet renunció— y se llevó el Tour con apenas 23 años. Perfeccionó el método en los años siguientes hasta coronarse cuatro veces seguidas. El quinto, en 1964, fue su obra más fina. Venía del Giro y se le vio vulnerable. Todo se decidió en el Puy de Dôme, frente a Raymond Poulidor. Anquetil resistió codo con codo hasta ceder lo justo y rematar después en la crono final. “Son 13 segundos más de los que necesitaba”, resumió. El jersey era el objetivo. Eddy Merckx (1969, 1970, 1971, 1972, 1974) El Tour de 1969 sigue siendo la vara de medir. Seis etapas, general por casi 18 minutos, puntos, montaña y combatividad. Un debut de demolición. Merckx convirtió el Tour en territorio conquistado y acumuló exhibiciones —ocho etapas en 1970 y 1972— con una voracidad inédita. En 1971 sobrevivió al golpe de Luis Ocaña gracias a su instinto ofensivo y a un accidente ajeno. En 1973 paró para ganar Giro y Vuelta; en 1974 regresó para mantener el pleno. El sexto parecía inevitable… hasta Pra-Loup (1975), donde Bernard Thévenet rompió la racha. Cinco Tours, ni uno más. Bernard Hinault (1978, 1979, 1981, 1982, 1985) El Tejón debutó cuando estaba listo y ganó. Astucia en 1978, desparrame en 1979 (siete etapas, ataque final en los Campos Elíseos). Una lesión le sacó de amarillo en 1980, pero volvió para sumar dos más. El récord estaba a tiro… y se le escapó entre lesiones y la irrupción de Laurent Fignon. El quinto llegó en 1985, a contracorriente: caída dura, pelea interna con Greg LeMond y victoria desde la resistencia. Hinault tenía ese don: ganar incluso sin ser el más fuerte. En 1986 prometió ayudar a LeMond y terminó atacando por instinto; cedió el Tour, ganó etapas y se fue sin sentirse derrotado. Miguel Indurain (1991, 1992, 1993, 1994, 1995) El navarro tardó en despegar. Abandonos, puestos lejanos, trabajo para otros. Hasta que explotó. A partir de 1991 impuso un reinado de consenso: grandes ventajas en la crono y control en la montaña. Nadie como él para convertir el Tour en un ejercicio de administración. Cinco Tours, cinco subcampeones distintos. Repartía etapas, tejía alianzas y desactivaba ofensivas. El sexto parecía cantado en 1996… hasta Les Arcs y Hautacam. El golpe fue definitivo. Se despidió con un oro olímpico contrarreloj y la dignidad intacta. El espejo para Pogacar Anquetil enseñó el método, Merckx la ambición total, Hinault la resiliencia y Indurain el control. Pogacar tiene un poco de todos. Pero la historia es clara: el quinto Tour no se gana solo con piernas. Se gana con cabeza, equipo, timing y una pizca de fortuna. París espera. Y la historia, también. Cuanto más difícil mejor para Tadej Tadej Pogacar afronta en esta edición una de esas aventuras que separan a los campeones de las leyendas. El esloveno busca su quinto Tour, una frontera que sólo han cruzado Anquetil, Merckx, Hinault e Induráin, y la historia le advierte de que casi nadie llegó hasta allí sin sufrir. Anquetil salvó el amarillo por apenas 14 segundos ante Poulidor en el Puy de Dôme; Hinault tuvo que contener la ambición interna de LeMond; Induráin vivió en Mende su jornada más angustiosa, acosado por la ONCE y por Jalabert. Sólo Merckx convirtió su quinta corona en una exhibición casi sin grietas. Ese es el espejo ante el que se coloca Pogacar: dominar como el Caníbal o sobrevivir como los otros gigantes. Llega con la sensación de estar más rápido que nunca, pero el quinto Tour suele exigir algo más que piernas. Exige cabeza, equipo, sangre fría y capacidad para recomponerse cuando la carrera muerde. En Barcelona arrancará una persecución contra la historia, con Vingegaard y el resto de aspirantes preparados para buscar cualquier debilidad en el rey del ciclismo actual en cada puerto del recorrido.