← Volver
El País ·

León XIV busca la complicidad con los fieles en la capital catalana: “Bon dia i bona ora”

Resumen

Un grito de entusismo ha resonado por la Catedral de Barcelona sobre las 12.30 desconcertando a los fieles, autoridades, periodistas y trabajadores que esperaban en el templo la llegada del Papa, prevista a las 13.00 horas. Junto a la entrada principal, un grupo de voluntarios, vestidos de azul eléctrico, se apiñaban alrededor del móvil de uno de ellos ellos. “Es que el Papa ya ha llegado a Cataluña”, ha aclarado un joven, señalando la imagen que despedía la pantalla en la que se veía a León XIV en el aeropuerto junto al president Salvador Illa. El grito atronador se ha repetido después, cuando el Papa, acabada ya la homilía, ha agradecido a los fieles, unos 6.000 según la Guardia Urbana, desde la entrada del templo, su paciencia con un sonoro “Bon dia i bona hora, germans i germanes [’Buenos días, hermanos y hermanas’]”.

Un grito de entusismo ha resonado por la Catedral de Barcelona sobre las 12.30 desconcertando a los fieles, autoridades, periodistas y trabajadores que esperaban en el templo la llegada del Papa, prevista a las 13.00 horas. Junto a la entrada principal, un grupo de voluntarios, vestidos de azul eléctrico, se apiñaban alrededor del móvil de uno de ellos ellos. “Es que el Papa ya ha llegado a Cataluña”, ha aclarado un joven, señalando la imagen que despedía la pantalla en la que se veía a León XIV en el aeropuerto junto al president Salvador Illa. El grito atronador se ha repetido después, cuando el Papa, acabada ya la homilía, ha agradecido a los fieles, unos 6.000 según la Guardia Urbana, desde la entrada del templo, su paciencia con un sonoro “Bon dia i bona hora, germans i germanes [’Buenos días, hermanos y hermanas’]”. Con esa frases en catalán y otros fragmentos que ha insertado en su plegaria de la Sexta Hora, el pontífice ha buscado la complicidad de los ciudadanos para acabar con cualquier atisbo de polémica sobre el uso de la lengua en la víspera del acto estrella de su agenda catalana: la bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia. De entrada, el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, le ha saludado en catalán con esta frase: “Bienvenido a Barcelona y a esta catedral dedicada a la Santa Cruz y a Santa Eulalia. No le traduzco porque lo comprende ¿verdad?“, ha dicho. Tras la homilía, el Papa se ha detenido en lo alto de la escalinata de la Catedral y, escoltado por el cardenal, y micro en mano, se ha dirigido a los fieles concentrados bajo un sol implacable: “¡Cuánta alegría, salud! Gracias por estar aquí, por la paciencia y la alegría con que celebramos todos la fe en Cristo. Jesucristo nos ha llamado a ser un solo pueblo unido en la fe. Dios les bendiga a todos”. Bajo unos férreos controles de seguridad y con la recomendación del Govern de recurrir al teletrabajo, Barcelona ha acogido al pontífice con relativa normalidad porque el pulso de la ciudad no se ha detenido. Los profesores, en huelga, se han manifestado por la Gran Vía hasta el Parlament en la enésima movilización por el conflicto que mantienen con el Ejecutivo. Los trabajadores municipales, que reclaman mejoras laborales, han portado estandartes con el alcalde Jaume Collboni caricaturizado como San Papi sordus. Los estudiantes de la selectividad han hecho su primera prueba. Y, en medio de todo ello, no ha faltado a su cita las crónicas averías de Rodalies cuyo sistema se ha caído dos veces. A esa hora, cuando todo eso ocurría, la Catedral estaba en plena organización y ultimando el acto. Bea, de 26 años, abogada, y Pedro, de 18, universitario, son dos de de los 400 voluntarios. A un centenar, por sorteo, les tocó estar en el templo. Van vestidos con una camiseta con el lema Alça la mirada (alza la mirada) que con cuatro viñetas invita a la reflexión empezando por aparcar el móvil hasta mirar la torre de Jesús. “Yo tenía 10 años cuando vino Benedicto XVI. ¡Qué menos que estar aquí“, afirma la letrada. Pedro, que este miércoles no podrá ir a Montserrat porque el jueves tiene examen de literatura en la selectividad, está un poco decepcionado porque cree que Barcelona, a diferencia de Madrid, no se ha volcado con el Papa. Echa de menos actos como los que hubo en la plaça de Lima o Cibeles. ”Han organizado una especie de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que se hace cada cuatro años y aquí no, lamenta. Madrid llevaba días engalanada con carteles dando la bienvenida al Papa, cosa que no ha pasado en Barcelona salvo las grandes pancartas de última hora. Todo eso no ha impedido que alumnas jovencísimas de colegios religiosos, con las banderas blancas y amarillas del Vaticano, desfilaran hacia la plaza de la Catedral desde primera hora con los balcones del Palacio Episcopal engalanados igual que los del Ayuntamiento y el Palau de la Generalitat. “¡Esta es la juventud del Papa, esta es la juventud del Papa!“, han repetido con insistencia. La plaza ha acabado congregando a colegiales, religiosos, turistas y barceloneses que se han pedido día libre para no perderse una jornada histórica. ”Cuando han tocado las campanas, es un pálpito de emoción. Es como cuando ves el sol: transmite la luz”, dicen Teresa y Carmen, que habían pedido hacer fiesta. ”Es que para mí la fe lo es todo”, ha admitido Cristina Deveux, de 86 años, tras concluir la ceremonia, llegada desde México con su hija para ver a León XIV. No todo el mundo estaba tan feliz: un grupo de profesores, con sus camisetas amarillas, reivindicativas, se han quejado de que la policía no les haya dejado acercarse a la plaza y que la visita del Papa haya eclipsado su protesta. O luego vecinos que decían que les ha pedido mil veces el DNI y el certificado del censo para llegar a sus casas en el barrio Gòtic. Al acabar la ceremonia, el arzobispo le ha susurrado al pontífice un Adéu-siau (hasta luego) para que se despidiera así de los fieles. Pero ha sido una despedida a medias porque unos centenares se han quedado ahí. León XIV ha visitado el Claustro y ha recorrido después la decena de metros por la calle del Bisbe hasta el palacio Episcopal saludando a los congregados. Minutos después, otro grito atronador ha sonado en la plaza. El Papa se ha asomado al balcón episcopal, ha bendecido a la multitud y ha dicho en referencia a su visita vespertina al estadio Olímpico: ”¡Id a comer, nos vemos esta tarde!“.