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La batalla política y cultural entre Aragón y Cataluña por las pinturas que la Generalitat debe devolver por sentencia en el Supremo: "Las instituciones catalanas siguen reteniendo las obras de Sijena"

Resumen

El Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca) se prepara para recibir de vuelta sus pinturas murales del siglo XIII. Por ahora, la sobria Sala Capitular cuenta con sus gruesos muros de piedra y cinco arcos dispuestos paralelamente a lo largo del espacio rectangular. La estancia está climatizada, con absoluto control de luz, temperatura y humedad. La decoración está reservada para esas obras de arte religiosas y de influencia románica que, durante 700 años, llenaron de color y belleza el lugar.

El Real Monasterio de Santa María de Sijena (Huesca) se prepara para recibir de vuelta sus pinturas murales del siglo XIII. Por ahora, la sobria Sala Capitular cuenta con sus gruesos muros de piedra y cinco arcos dispuestos paralelamente a lo largo del espacio rectangular. La estancia está climatizada, con absoluto control de luz, temperatura y humedad. La decoración está reservada para esas obras de arte religiosas y de influencia románica que, durante 700 años, llenaron de color y belleza el lugar. En el futuro, allí se pretende ofrecer «una experiencia gourmet, de sólo 10 o 15 personas cada 15 minutos», según vaticina Pedro Olloqui, director general de Cultura del Gobierno de Aragón. A 230 kilómetros, en Barcelona, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), se exhiben en la sala 16 las pinturas que tanto espera Sijena. Forman parte de la colección permanente de arte medieval románico. Allí también cuentan con las condiciones idóneas para su conservación. Tal y como especifica Carme Ramell, jefa del Área de Restauración del MNAC, «estamos en una parte del museo que no da al exterior. Además, se encuentra en una estructura que no tiene contacto con el muro original del recinto», lo cual «da mucha estabilidad climática». Asegura que se hacen revisiones periódicas y el mantenimiento justo para evitar (más) daños. Cataluña y Aragón se disputan estas obras de arte desde hace, al menos, 70 años. En 2025, el Tribunal Supremo dictaminó en una sentencia firme que los 132 metros cuadrados de pinturas murales deben volver a su lugar original y que el MNAC debe encargarse del traslado y de los costes económicos. El fallo desestimó los recursos de casación presentados por el museo catalán y por la Generalitat y ratificaron las resoluciones anteriores. Por tanto, tras ganar en los tribunales, Aragón exige su restitución como patrimonio propio. Mientras, el MNAC advierte de que trasladarlas podría causar daños «irremediables» por su fragilidad. LA ÚLTIMA QUERELLA La última batalla de esta larga guerra judicial se inició desde Cataluña a finales del pasado marzo. Cinco ex consejeros, independentistas, de Cultura de la Generalitat —entre ellos, Lluís Puig, huido de la justicia por el caso del procés— interpusieron una querella contra la jueza de Huesca, los responsables del Gobierno de Aragón y el propio Ayuntamiento de Sijena. Los querellantes sostienen que trasladar las obras sería un «delito contra el patrimonio histórico» y desde Aragón esperan que esta reclamación judicial sea inadmitida. Entretanto, la jueza aconsejó crear un comité de expertos que establezca cómo debe ejecutarse la sentencia. Crónica se desplaza al origen del conflicto, al monasterio de Sijena, y también a Barcelona, para viajar en el tiempo y conocer cómo se desató esta contienda cultural, política y judicial entre dos comunidades autónomas. La reina Sancha de Castilla fundó en 1188 el Real Monasterio de Santa María de Sijena, el mismo que más tarde se convertiría en el más importante de la Corona de Aragón. El lugar fue el refugio de destacados elementos artísticos de la Edad Media. En 1923 fue declarado Bien de Interés Cultural, una designación que en 2016 se extendió al más valioso de sus tesoros: el que se encontraba en la Sala Capitular. En una acuarela pintada en 1848 por el artista Valentín Carderera se evidencia la intensa decoración del lugar, con una policromía suntuosa, reflejo de la riqueza del monasterio. Entrada del Real Monasterio de Santa María de Sijena.Toni Galán Los murales constaban de distintas escenas del antiguo testamento, representadas en las enjutas de los arcos: Adán y Eva en el Paraíso, la tentación y la expulsión de ambos, el arca de Noé, los hermanos Caín y Abel, el sacrificio de Isaac,, Moisés y Aaron, la adoración al cordero de oro, las tablas de Moisés y la unción de Samuel a David. También se escenificaron episodios del nuevo testamento, como la crucifixión, en el muro meridional, al sur de la sala. Tanto los murales como el resto de los tesoros artísticos del monasterio se dispersaron entre guerras y saqueos. En 1936 el infortunio llegó a los artesones de la Sala Capitular. En plena Guerra Civil, el monasterio fue incendiado por los anarquistas. El 1 de octubre de ese mismo año, el arquitecto Josep Gudiol, que formaba parte del Servicio de Salvamento de Patrimonio de la Generalitat, acudió al monasterio, que, en ese entonces, pertenecía a la diócesis de Lleida. Su misión era rescatar lo que se pudiera de aquellos murales, quemados y destruidos en un alto porcentaje. Mediante la técnica del strappo —un método de extracción que permite separar solo la capa pictórica de los muros—, Gudiol arrancó las obras. Para ello, aplicó una tela de algodón encolada sobre la superficie pintada y, una vez seca, tiró con cuidado de ella para desprender la capa pictórica. Por último, la transfirió a un nuevo soporte. Así, gracias al que era el método más eficaz de la época, salió con los fragmentos hacia su taller. En 1940 se trasladaron al MNAC. ¿Expolio o rescate? Sobre aquel momento histórico comienzan las discrepancias entre Aragón y Cataluña. Mientras que para los primeros la acción de Gudiol fue un «expolio», para los segundos fue una «operación de salvamento». El director general de Cultura de Aragón considera que «el ánimo del arrancamiento de las pinturas no fue con intención de conservación o de salvamento: fue apropiatorio». Para sustentar su premisa, alega que «aun con sentencia firme, las instituciones catalanas las siguen reteniendo ilegítimamente». No obstante, desde el MNAC defienden la labor de Gudiol. «Por eso las pinturas se han salvado; de lo contrario, hoy no estarían. La única alternativa hubiese sido la intemperie», razonan. Arriba, Ildefonso Salillas, Pedro Olloqui y José Jaime Castellón enseñan la belleza del monasterio, en Sijena. Abajo, las pinturas aragonesas en la sala 16 del MNAC, en Barcelona.Toni Galán / Gorka LoinazAraba Press Ambos lados coinciden sólo en un aspecto: las obras pertenecen a la administración aragonesa. Para ser exactos, a la localidad oscense de Villanueva de Sijena. Sin embargo, desde el Gobierno de Aragón consideran que los motivos para no haber entregado todavía las obras trascienden los aspectos técnicos y se debe a razones políticas. «La política independentista trata de apropiarse las señas de identidad que construyen la españolidad», critica Olloqui, y remata: «La cuestión donde coinciden Sijena y el Guernica es en la apropiación por los nacionalismos de patrimonio y símbolos que no les pertenecen». la sentencia, aún por cumplir El gobierno aragonés asevera que «hay una voluntad por parte del MNAC de alejarse del cumplimiento de la sentencia». No obstante, desde el MNAC se defienden y niegan que estén evitando la entrega de las pinturas. «Nosotros queremos acatar lo que dice la sentencia, pero no sabemos cómo hacerlo sin dañar», reconoce la jefa del Área de Restauración del museo. Ramell y Cristina Martí, restauradora de pintura mural del MNAC, esgrimen los argumentos técnicos para explicar por qué mover este arte románico es complicado. En primer lugar, recuerdan que los frescos sufrieron daños y pérdidas durante el incendio, donde se alcanzaron temperaturas de más de 800 grados. Tal y como se evidencia en los informes técnicos, aportados a este suplemento y hechos por técnicos del MNAC y del Centro Internacional de Estudios para la Conservación y la Restauración de los Bienes Culturales (ICCROM), el fuego produjo una reacción química que no sólo alteró sus pigmentos sino sus propios componentes. Esto ocasiona que la ya de por sí fina capa pictórica sea más porosa y susceptible a grietas. Por tanto, se produjeron «levantamientos de capa pictórica». «Aquí tenemos gruesos de pintura que van de las tres a las seis micras, es decir, alrededor de tan solo medio milímetro de pintura quemada con restos de cola del arranque», según detalla la jefa de Restauración, Carme Ramell. A ello se suman los materiales que se usaron para fijar las pinturas a un nuevo soporte y para realizar las reintegraciones con las que Gudiol completó algunas de las partes que se perdieron en el incendio. UNA posible "Reacción química" En definitiva, un cóctel de químicos: «Tenemos un conjunto de estratos en el que el más fino es el de pintura original. Por detrás, esa cola de leche y calcio, la estructura de yeso y las telas de algodón; por delante, restos de cola del arranque», ahonda Ramell, que asegura que «todos esos materiales reaccionan de forma distinta a cambios ambientales, vibraciones y movimiento». Los informes concluyen que el estado de las obras es «frágil» y está condicionado por «la técnica pictórica original, los efectos del incendio de 1936, los materiales añadidos, en la intervención de arranque y traspaso y las intervenciones de restauración y mantenimiento posteriores». Las restauradoras Cristina Martí y Carme Ramell, del MNAC, muestran los daños en las pinturas de Sijena.Gorka LoinazAraba Press Para resumir, desde el MNAC indican que han detectado «700 puntos donde hay levantamientos de pintura y grietas». Por tanto, alegan que «el traslado es una operación de conservación de una gran envergadura que requiere de personal muy especializado con conocimientos de distintos ámbitos: ingeniería, conservación, restauración, química y física». El Gobierno de Aragón, por su parte, también dispone de estudios técnicos que avalan el traslado de las obras y que, según indican, podrían demostrar que no ha recibido todos los cuidados adecuados en el museo de Barcelona. Al solicitar dichos informes, indican a este suplemento que están en manos del juzgado. Según Olloqui, esos documentos reconocen ciertos daños, pero, a su vez «aclaran perfectamente la viabilidad del traslado», especialmente «si tienes unos técnicos que son colaborativos y que entienden que todo es viable con los medios técnicos que existen en la actualidad». Dispuestos a asumir el "riesgo" «Conocemos totalmente la situación química de las pinturas: es estable. Siempre hay riesgo, y cuando se hizo el traslado en el 36, más», insiste el director aragonés. Para ejecutar el cambio de comunidad, proponen dividirlos en 72 fragmentos. «Es obvio que es una superficie enorme y que no se puede trasladar en su totalidad, igual que no se pudieron instalar. Así que el desmontaje es el mismo que se produjo para estar ahí, pero eso no afecta a ningún fragmento de pintura original». Desde Aragón, además, le reprochan a la parte catalana que no se hayan opuesto, en la vista oral que se celebró en el Tribunal Supremo, a la mudanza de las obras. De hecho, la sentencia recoge este episodio: «El traslado de las pinturas y su integración en la Sala Capitular es posible, siempre que se adopten las medidas y precauciones necesarias para ello, y siempre que no se separe la pintura de la tela y la tela de la madera, tal como afirmó la perito Rosa María Gasol Fargas [entonces restauradora del MNAC], extremo éste que no ha resultado contradicho por ninguna prueba». Desde el museo consideran que esas declaraciones de la vista oral fueron «manipuladas». «Se dijo que [las pinturas] se podían trasladar, pero con daños, pero omiten esa última parte y se quedan con la primera... Hubo una interpretación interesada del tema y tampoco hubo margen para defenderlo», lamentan. BENEFICIOS A FUTURO PARA EL PUEBLO José Jaime Castellón, alcalde de Sijena por el PSOE, señala que el disponer de los murales en el monasterio multiplicaría las visitas al pueblo. «Sin duda es un activo turístico importantísimo. Es un factor económico que supone la dinamización de empresas o actividades económicas que puedan surgir en torno al monasterio», manifiesta. Asimismo, indica que avivaría el sentido de pertenencia y de identidad de sus casi 400 habitantes. «Permitiría conocer nuestra historia y divulgarla», justifica. Ildefonso Salillas, quien estuvo al frente de la alcaldía durante 24 años, es uno de esos sijenenses que se ha preocupado por reivindicar la historia de la localidad. Él fue uno de los primeros en liderar la lucha por recuperar las obras del monasterio. Su padre, recuerda, trabajó como cantero en ese lugar. El propio Ildefonso tiene recuerdos de las piezas artísticas que estuvieron presentes en su infancia, como «unos camellos de plata, de 30 centímetros, que formaban parte de un Belén» y del que hoy sólo se conserva una cuna con una figura del Niño Jesús. La sala de los monasterios del monasterio, habilitada como museo con algunas de las obras que forman parte del patrimonio de Sijena.Toni Galán Más allá de la respetable legitimidad de una comunidad de reivindicar su patrimonio, desde el MNAC afirman que su misión es preservar ese tesoro para el futuro. De tal manera que defienden que el mejor lugar para las obras es exactamente el sitio en el que están. «Nuestra obligación es cuidar y proteger el patrimonio para que el que venga después de nosotros lo encuentre exactamente igual... Debe primar siempre la conservación de la obra por encima de cualquier otra cosa», esgrimen. Y Aragón replica. «Es un menosprecio intolerable que digan que no vamos a saber cuidarlas», expresa Pedro Olloqui, y presume de contar con «los mejores técnicos en conservación de patrimonio». «Las pinturas no se entienden bien en el MNAC, sólo se entenderá el conjunto aquí», asevera. Los otros tesoros del monasterio De hecho, parte del monasterio se ha convertido en un museo. En la sala de los antiguos dormitorios se exponen varias de las piezas que han podido recuperar de subastas privadas o de otros museos. «No sólo hemos tenido la lucha contra Cataluña. El patrimonio de Sijena se ha inventariado, se sabe lo que hay y que hay muchas cosas que podemos conseguir, pero que aún no están aquí», detalla el alcalde. Esta galería se acondicionó para recuperar, poco a poco, sus tesoros. «Estamos muy orgullosos de esta rehabilitación. Ha sido una inversión importantísima de más de seis millones de euros», comparte Olloqui. Las pinturas profanas de Sijena, expuestas en el MNAC y próximas a ser devueltas a Sijena.Gorka LoinazAraba Press Otros de los tesoros que pronto volverán al monasterio son las pinturas profanas, que también están depositadas en el MNAC. «Se oponen a las obras de la Sala Capitular y no a las profanas porque el valor de las primeras es mayor: es el valor simbólico de la corona de Aragón», dice el director de Cultura aragonés. Desde el museo barcelonés defienden que, simplemente, su traslado es más viable porque el riesgo es menor. Ahora el debate se centra en cómo y cuándo se ejecutará la sentencia para determinar la mejor vía para la protección y cuidado del patrimonio. Queda pendiente que se organice una comisión con técnicos de ambas comunidades autónomas, del Ministerio de Cultura y otros organismos independientes para realizar una evaluación de los riesgos del traslado que, como informa el MNAC, se realiza siempre que se ve a mover una obra de cualquier tipo. Algo que, por cierto, desde el museo catalán lamentan que no se haya hecho antes de dictar sentencia firme.El alcalde apuesta por que su pueblo deje de ser el epicentro de una disputa. «Sijena forma parte de dos comunidades hermanas, que entonces se entendían como la Corona de Aragón, de la que también formó parte Cataluña. La idea no es rivalizar entre nosotros. ¿Qué tenemos en común con los catalanes? Eso: la historia. Vamos a forzar eso», concluye. Mientras tanto, la Sala Capitular sigue esperando las obras que, quizá, puedan cerrar una herida abierta entre territorios.