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El robobo de los decretontos

Resumen

En los ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez, el mercado de los alquileres ha perdido la cabeza del todo. No hay oferta y los precios han aumentado un 30 por ciento, tirando por lo bajo. No es que no te puedas permitir un piso de alquiler: es que no hay. Los vulnerables son intocables para los caseros, que saben que no podrán echar a un moroso si presenta los papeles adecuados.

No te acabas este país. Es imposible. En los ocho años de Gobierno de Pedro Sánchez, el mercado de los alquileres ha perdido la cabeza del todo. No hay oferta y los precios han aumentado un 30 por ciento, tirando por lo bajo. Se producen ... cada vez más desahucios. Nadie confía en nadie. No es que no te puedas permitir un piso de alquiler: es que no hay. Los vulnerables son intocables para los caseros, que saben que no podrán echar a un moroso si presenta los papeles adecuados. La venta también está disparada de precio y se ve una grúa solitaria en los contornos de las ciudades. De pronto, de forma orquestada, como ratones que oyeron la flauta, el caso de una señora llamada Maricarmen , cuyo desahucio produce una lógica conmoción, se convierte en abono para una campaña mediática, política y activista. Se planta en Sol una acampada que huele a producto precocinado de activismo orgánico. Los medios progubernamentales exageran el tamaño y la legitimidad de sus proclamas. Piden gilipolleces: casas gratis, expropiación, que no se construya y desaparezca el mercado del alquiler. Presentan unos puntos maximalistas y equivocados. Pintan a los fondos buitre como protagonistas de una historia de la que son personajes secundarios, pero el sanchismo decide hacer suyas las reclamaciones. Se redactan dos decretos. Cuando el Congreso tumba ambos, el sanchismo, que no ha hecho nada por la vivienda que no sea empeorar las condiciones, de pronto quiere salir como el abanderado de las inquilinas. Algún hipoglúcido habrá que se lo crea. Hacen tantos aspavientos… Amenazan con disolver las Cortes y convocar elecciones. Un Gobierno que no ha sido capaz de presentar Presupuestos, ahora está quebrado por una votación contra los cuatro papelajos que hicieron en dos días.El sanchismo buscaba un plebiscito, pero cuesta creer que haya elegido precisamente la vivienda, que es uno de sus fracasos más calamitosos y notables. Amenazan a quien ha votado contra los papelitos y estalla una campaña en redes. Gente como Santaolalla dice que nos acordemos de los nombres y las caras. Es un estertor, en el mejor de los casos. Corren como pollos sin cabeza, los de la sincronizada, porque muchos van a padecer auténticos problemas de vivienda cuando el inquilino de la Moncloa sea desahuciado. Ahora sí huele a fin de ciclo, porque don PSOE está logrando encender las calles, que era el paso previo para entregar luego el gobierno a la derecha. Ya lo vimos en 2012.Pero lo cierto es que en la calle, frente al Congreso , hubo cuatro gatos con pancartas. Y lo de Sol es una muchedumbre ruidosa, pero no representa a casi nadie. Por más que los medios afines hablen del rugido de una época, allí lo que se dicen son tonterías sobre la vivienda.El problema del que hablan me importa mucho, y por eso detesto al Sindicato de Inquilinas y a quienes le bailan el agua. Las propuestas del 'proxy' de los Comuns son ridículas: funcionarían en caso de que previamente destruyéramos la sociedad capitalista, y entonces todo lo demás habría dejado de funcionar. Regular con tope los precios por ley saca viviendas del mercado, más todavía cuando los propietarios no tienen la más mínima seguridad jurídica y sólo se protege a los inquilinos y se impiden los desahucios por impago. La escasez de oferta está en la médula de este problema capital de la sociedad española. La población española ha pasado de 46,5 millones de habitantes en 2016 a superar los 50 millones en 2026. En esta década, se han construido 850.000 viviendas. Hay tres millones y medio de casas vacías, pero una parte sustancial está en zonas despobladas donde no hay trabajo. El cálculo es tan sencillo que produce pudor que se esté debatiendo cómo combatir la crisis de la vivienda, cuando está perfectamente claro. Ante el aumento de la población, fenómeno al que hay sumar otros, como los divorcios, donde quienes ocupaban una casa pasan a ocupar dos o tres, lo único que se puede hacer es construir vivienda nueva. Levantar ciudades enteras , barriadas, y vender los pisos a bajo precio para que el Estado recupere lo invertido, sin demasiada ganancia, y para empujar a la baja los precios del resto del parque de viviendas.La construcción está castrada por problemas burocráticos, el precio de los materiales y la escasez de mano de obra cualificada para la obra. Vale. Pero un Estado que se precie de serlo ha de tomar medidas y ser imaginativo. Si la vivienda es un problema nacional, que se afronte como un problema nacional.En España ya pasó algo parecido. Hay barrios enteros, levantados en la misma década y con un estilo funcional, que lo atestiguan. Tras el 'baby boom' y la migración masiva del campo a las ciudades, nuestro país se enfrentó a un problema de vivienda del que dan cuenta algunas películas, como 'El pisito'. La gente vivía hacinada en poblados de barracas, chabolas y pisos de inquilinos. Hubo que levantar barrios enteros en la periferia de las ciudades. Se hicieron ciudades enteras. Aparecieron calles, colegios, centros médicos, parques y bloques de viviendas gigantescos donde no los había. No pasó por arte de magia: se invirtió un grandioso esfuerzo con una dirección bien definida. Esos pisos, a los que se ha arrancado la placa distintiva del régimen que los imaginó, hablan de un país donde se tomaron medidas drásticas para que el aumento y la concentración urbana de la población no derivasen en miseria y violencia incontrolable. Se hicieron leyes de alquiler indefinido, pero sobre todo se fomentó que España se convirtiera en un país de propietarios.Porque los propietarios son personas con una parte sustancial de la vida resuelta. La casa de los padres es el único punto al que volver. Recordad qué pasó en 2008, y cómo los vestigios de aquel país de propietarios fueron la diferencia entre dormir en la calle y bajo techo para tanta gente. Es absolutamente vergonzoso que estemos pendientes de dos decretos y de una acampada en la Puerta del Sol. Que el próximo gobierno, si tiene mayoría suficiente, aplaste las leyes del suelo, destruya la burocracia y fomente la construcción planificada de vivienda. Ya nos escandalizaremos por los casos de corrupción que broten luego al calor de esa oportunidad. Al menos tendremos dónde cabrearnos.