← Volver
AS ·

El derecho a disentir

Resumen

Con su extravagante gestión de crisis la semana pasada y el posterior control de daños en campo amigo, La Sexta , el Real Madrid evidenció que las cosas muy pesadas, hasta monumentales, pueden ser extraordinariamente frágiles. Empezando por el ego de su presidente y acabando por el crédito ilimitado de algunos ídolos antes queridos y ahora caídos. Luego llegó Kylian Mbappé cual elefante en cacharrería, con unas declaraciones tan innecesarias como injustas, y terminó por confirmar que tal vez no estemos ante la plantilla mejor dotada para navegar con delicadeza cuando la nave zozobra y la tormenta arrecia. El Madrid actual no escucha y posee un concepto inmejorable de sí mismo, fiel reflejo de las últimas comparecencias de su presidente.

Con su extravagante gestión de crisis la semana pasada y el posterior control de daños en campo amigo, La Sexta, el Real Madrid evidenció que las cosas muy pesadas, hasta monumentales, pueden ser extraordinariamente frágiles. Empezando por el ego de su presidente y acabando por el crédito ilimitado de algunos ídolos antes queridos y ahora caídos. Luego llegó Kylian Mbappé cual elefante en cacharrería, con unas declaraciones tan innecesarias como injustas, y terminó por confirmar que tal vez no estemos ante la plantilla mejor dotada para navegar con delicadeza cuando la nave zozobra y la tormenta arrecia.

El Madrid actual no escucha y posee un concepto inmejorable de sí mismo, fiel reflejo de las últimas comparecencias de su presidente. Si tenemos que escuchar una vez más la facturación y el número de empleados de ACS en medio de un discurso sobre el Real Madrid habrá que empezar a preguntar por Mourinho en la junta de accionistas de ACS. A ver si así los socios y aficionados (observo un empeño en separar estas dos clases distintas, como en las aerolíneas) conseguimos enterarnos de algún aspecto de la parcela deportiva, asunto sin duda algo más interesante y acuciante que ciertas fobias periodísticas, enemigos en la sombra y señalamientos de dudoso gusto.

No por casualidad, quienes quedaron más satisfechos tras la semana pasada fueron los antimadridistas y los palmeros. Valga la redundancia.

No sé quién es Enrique Riquelme. Y me interesa entre poco y nada lo que tenga que contar. Un candidato que primero manda una carta de compadreo a un presidente que le desprecia antes que dirigirse al madridismo con un proyecto y unas ideas deja muy claro cómo entiende que funciona el mundo y cuál es su orden de prioridades. Desconfío profundamente de lo que quieren salir siempre en la foto. Y Riquelme tiene más afán de protagonismo que Vinicius y Mbappé juntos. Algo de lo que, me temo, ya vamos servidos.

Al madridista no le importan únicamente los resultados y los títulos (y no solo la Champions), le preocupan los modos y las maneras, la falta de comunicación, la desafección creciente con el equipo y la nula capacidad de autocrítica en una institución en la que todo nunca era suficiente.

Por eso resulta tan cansino este falso dilema entre fidelidad y pensamiento crítico. Se puede opinar que el nuevo estadio es una fallida horterada con aspecto de persiana mal cerrada y con el alma de un centro comercial y ser madridista. Se puede decir que el estado del césped es inadmisible y ser madridista. Se puede decir que el club se puso de perfil cuando no tocaba y seguir siendo madridista. Se puede decir que no es normal, por mucho que se diga lo contrario, que uno de los capitanes se pierda un partido contra el Barça por una conmoción cerebral tras una pelea con un compañero y seguir siendo madridista. Se puede criticar al presidente de la pasada semana y seguir siendo madridista. Incluso florentinista.

Noticias relacionadas

Se puede y se debe hacer. Porque el elogio debilita. Pero la idolatría y el seguidismo, tarde o temprano, te matan.

¡Lleva el deporte contigo! Descarga la App de AS para recibir alertas al instante y configura en MiZona qué quieres leer, sigue a tus equipos y consulta sus partidos. Descárgala aquí. ¿Además buscas licenciar contenido? Haz clic aquí

Inicia sesión para seguir leyendo gratis

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer
Ver original en AS →