Un castigo duro y merecido
ResumenLa negligencia sostenida del Madrid ha terminado por sentenciar una Liga en la que los jugadores hace tiempo dejaron de creer. En La Cartuja, los de Arbeloa saltaron al terreno de juego con la única misión de impedir que el resultado regalase la oportunidad de que el campeonato quedara visto para sentencia en el peor escenario imaginable. Evitar el alirón del eterno rival… o algo casi igual de doloroso, tener que rendirle honores en forma de pasillo en el Clásico. No había término medio por mucho que se empeñasen en el club blanco.
La negligencia sostenida del Madrid ha terminado por sentenciar una Liga en la que los jugadores hace tiempo dejaron de creer. En La Cartuja, los de Arbeloa saltaron al terreno de juego con la única misión de impedir que el resultado regalase la oportunidad de que el campeonato quedara visto para sentencia en el peor escenario imaginable. Evitar el alirón del eterno rival… o algo casi igual de doloroso, tener que rendirle honores en forma de pasillo en el Clásico. No había término medio por mucho que se empeñasen en el club blanco. Alirón o pasillo. Dos imágenes que incomodan de la misma manera y que retratan el momento de cada equipo. Y en medio, una pregunta inevitable: ¿qué dolería más en el imaginario madridista? El fútbol español, tan dado a sus códigos no escritos, se asoma a una situación inédita: nunca uno de los dos gigantes ha conquistado matemáticamente la Liga en un Clásico. Pero este Madrid lleva tiempo transitando un camino distinto, uno que le ha alejado de la regularidad necesaria para competir por el título. La distancia ya es de nueve puntos, con la amenaza real de que se amplíe a once si el Barcelona cumple ante el Getafe. Jornada a jornada, la Liga se va tiñendo de azulgrana mientras la reacción blanca se ha quedado en nada. Ni siquiera un desplome culé parece ya suficiente para sostener la esperanza. Obligado a no fallar, el equipo volvió a dejar escapar una oportunidad clave. Dos puntos que se quedan en La Cartuja y que pesan más por lo que significan que por lo que suman. Porque al otro lado, el Barça de Flick empieza a mirar el calendario con otra perspectiva... y sin sufrir ya ante una salida exigente como la de Getafe. El Madrid se olvidó de seguir presionando al eterno rival. Y así, casi sin quererlo, el foco cambia. De la pelea por la Liga a las cuentas para certificarla. Un triunfo azulgrana en esta jornada abre un escenario diferente: llegar al Clásico de la jornada 35 siendo ya campeón. Con todo lo que eso implica y con la incógnita de si el Madrid aceptaría el papel que le tocaría desempeñar sobre el césped del Camp Nou. Antes, eso sí, pueden resolverse muchas cosas. Si los de Hansi Flick hacen los deberes (Osasuna) y el Madrid no responde (Espanyol), la jornada 34 dejaría la Liga vista para sentencia. Si los dos equipos superan a sus rivales, el Barça podría cantar el alirón en su estadio y con su gente... ganando al Madrid en el Clásico. Pero el fútbol, caprichoso como pocas cosas, parece empeñado en conducir la historia hacia un mismo punto. Y allí espera el Clásico. Por eso la pregunta es inevitable: ¿alirón o pasillo?