25 años de Operación Triunfo, el programa que dinamitó la cultura española: "Ninguno estábamos preparados para lo que sucedió. Se nos fue de las manos"
ResumenNadie anticipó el fenómeno televisivo, musical y hasta sociológico que se gestaba en los albores del nuevo siglo. Casi nadie, de hecho, estaba dispuesto a invertir en algo así: caro, arriesgado, inédito. Nadie, excepto un grupo de productores dispuestos a jugárselo todo para confirmar una intuición: el proceso de transformación en directo de un grupo de chavales anónimos en estrellas del pop era justo lo que el público ansiaba, aunque todavía no lo supiera. Nadie compró el proyecto de Operación Triunfo hasta que una veterana directiva de la televisión pública desoyó todas las voces que trataban de disuadirla y lo apostó todo a una carta.
Nadie vio venir el tsunami. Nadie anticipó el fenómeno televisivo, musical y hasta sociológico que se gestaba en los albores del nuevo siglo. Casi nadie, de hecho, estaba dispuesto a invertir en algo así: caro, arriesgado, inédito. Nadie, excepto un grupo de productores dispuestos a jugárselo todo para confirmar una intuición: el proceso de transformación en directo de un grupo de chavales anónimos en estrellas del pop era justo lo que el público ansiaba, aunque todavía no lo supiera. Nadie compró el proyecto de Operación Triunfo hasta que una veterana directiva de la televisión pública desoyó todas las voces que trataban de disuadirla y lo apostó todo a una carta. Huelga decir que la jugada le salió redonda. Operación Triunfo, el programa que cambió a todo un país, cumple 25 años. Quién nos lo iba a decir aquel otoño de 2001, cuando Carlos Lozano dio el pistoletazo de salida con una advertencia: «Hoy la cosa va en serio». Vaya si lo iba. «El primer dosier del formato, que todavía era una idea muy embrionaria -se iba a llamar Supergrupo, figúrate-, pasó por Telecinco y Antena 3, pero ninguna de las dos cadenas le vio potencial. Se había instalado la idea de que la música en televisión no funcionaba», analiza Pedro Ángel Sánchez, autor de Esto no es un libro de OT (Dos Bigotes), un ensayo que desde el título avisa de que aquellas 15 semanas de galas televisadas fueron solo el principio del fin de una era. «Finalmente, la idea llegó a Televisión Española y Pilar Tabares, entonces directora de Entretenimiento, lo vio claro y añadió un gancho definitivo: el ganador de aquel show híbrido entre talent y reality representaría a España en Eurovisión. Fue una visionaria». «Me miraban con cara de condescendencia, como diciendo: 'Menuda hostia se va a dar esta'. Se descojonaban de mí», rememora la propia Tabares en las páginas del libro. Aquello suponía un desembolso que no admitía medias tintas: una academia con 16 habitantes en pensión completa, 24 horas de convivencia en directo, clases de canto, de baile, de interpretación, una gala semanal de postín con canciones en riguroso directo... «Cuando uno pone en marcha algo de esa envergadura espera que al público le guste, claro, pero ninguno estábamos preparados para lo que vino. Se nos fue de las manos», reconoce Tinet Rubira, Director de Gestmusic, arquitecto de OT y productor de sus múltiples vidas a lo largo del último cuarto de siglo. Para saber másNaiara. "Isabel Pantoja me pasó su corona. Me dijo 'está en tu mano'"Redacción: JUAN DIEGO MADUEÑO "Isabel Pantoja me pasó su corona. Me dijo 'está en tu mano'"Carlos Lozano, presentador. "El dinero y la fama no me impresionan. Ahora vivo feliz con mis ovejas en un pueblo perdido y no me encabrono por todo"Redacción: ANA DEL BARRIO Madrid"El dinero y la fama no me impresionan. Ahora vivo feliz con mis ovejas en un pueblo perdido y no me encabrono por todo" ¿Cuándo sintió él que aquella piscina a la que se tiraban podía tener agua? Rubira hace una pausa, reflexiona y se le escucha sonreír del otro lado del teléfono: «Fue durante el casting final en el Santiago Bernabéu, cuando seleccionamos a los 16 concursantes después de una preselección masiva por toda España. Los observé uno por uno y me di cuenta de que habíamos encontrado algo especial: juntos eran una buena muestra de la juventud española de 2001, y por separado eran personas con muchísimo carisma. El ambiente que se respiró en aquella prueba definitiva me convenció de que podíamos petarlo fuerte». La medida de la venda que cegó a la industria española del entretenimiento antes de la gran explosión la da, para Pedro Ángel Sánchez, la subasta que RTVE organizó en la sede del NO-DO con las discográficas para dirimir quién gestionaría los derechos musicales que derivaran del programa, así como las carreras de las estrellas del pop que estaban por nacer. Un pequeño sello independiente que atravesaba una buena racha con David Civera, King África, Sonia y Selena o Merche ofreció 75 millones de pesetas (menos de 500.000 euros), una cantidad irrisoria para una major pero astronómica para una disquera casi recién nacida, y se llevó el gato al agua. Era Vale Music, vieja conocida del entorno televisivo porque se había encargado de la parte musical de Crónicas Marcianas y de Gran Hermano. «No tuvo tanto que ver con una oferta económica como con proponer un proyecto de desarrollo artístico profesional que aportara valor al formato. Se nos ocurrió lanzar cada semana un disco con las canciones de las galas para crear un paralelismo con el público fuera de la televisión y alimentar el fanatismo alrededor de los concursantes, organizar las firmas de discos, las giras... hasta llegamos a montar una compañía de management dedicada al programa para dar el servicio en tiempo real y con equipos exclusivos para cada artista. Ninguna otra compañía entendió el formato ni apostó por él», explica Narcís Rebollo, fundador de Vale Music y hoy, seguramente, el mánager más poderoso de España como CEO de GTS, que dicta los destinos de los ex triunfitos David Bisbal, Aitana, Lola Índigo, Amaia, Pablo López o Ana Guerra, pero también de proyectos surgidos por el método tradicional, como Andrés Suárez, Malú, Raphael, Rozalén o Sidonie. Con todos los elementos ya bien engrasados dentro de su gigantesco engranaje, Operación Triunfo echó a andar el 22 de octubre de 2001 en La 1 de TVE. Las dos primeras galas tuvieron resultados de audiencia discretos para la época y no superaron los tres millones de espectadores; la tercera, la de la primera expulsión, dejó asomar algunos brotes verdes con casi cinco millones de televidentes; y el cuarto lunes sus cinco millones de espectadores dejaron claro que nada volvería a ser como antes. No había competencia posible. «Ahí detectamos el momento exacto en el que todo el país se enamoró del casting y el formato traspasó la pantalla para convertirse en fenómeno social», recuerda Tinet Rubira. Rosa López, ganadora de 'OT1', en un ensayo para Eurovisión.Efe Rosa, Chenoa, David Bustamante, David Bisbal... 16 nombres se colaron en nuestros hogares sin previo aviso ni ninguna intención de marcharse. «De repente, aquel chico de la obra que lloraba tanto se convertía en ídolo de jovencitas, o aquella chica de pueblo con tantísimos complejos se transformaba en diva ante los ojos de todo el mundo», enumera el autor del ensayo sobre la España pre y postOT. «La telerrealidad añadió al concurso de talentos un factor de empatía tremendo. La gente veía en aquellos chavales a su vecino, a su primo, a su hijo. ¿Y cuál era la mejor manera de apoyarlos? Comprando sus discos, claro». Así que llegaron las cifras estratosféricas: Vale Music vendió en año y medio 14 millones de discos, nueve millones de recopilatorios y cuatro millones de álbumes de artistas salidos del programa. Eran cedés más baratos de lo normal, disponibles prácticamente desde que Carlos Lozano se despedía de la audiencia hasta la semana siguiente y que se vendían en centros comerciales y en la cola misma del supermercado, un antojo al alcance de la mano. Aquella disquera independiente se convirtió en la tercera discográfica de España y la gira de los primeros triunfitos copó el 65% de la contratación en el verano de 2002. Corrían tiempos inciertos para una industria asolada por la piratería y el top manta, y todo el sistema que emergió de aquella operación televisiva supuso la puntilla para un sector en el que dejó de haber hueco para nadie ajeno a aquel terremoto. «No tengo nada claro que OT fuera bueno para la música. Me atrevería a decir que no lo fue en absoluto. Copó el mercado y eso repercutió de manera negativa en los artistas reales, más allá de los personajes televisivos», se muestra crítico Alejo Stivel, que formó parte del jurado de aquella primera edición y produjo el álbum debut de su ganadora, a quien además rebautizó para siempre como «Rosa de España». «¡Espero que ese apodo no fuera la mejor creación de mi carrera, he hecho algunas cosas mejores!», bromea al teléfono el ex Tequila y productor de más de 250 discos. Y remata: «Fue un fabuloso programa de televisión, pero una mediocre vía de comunicación de la música». Rosa, por cierto, ha rechazado participar en este reportaje por falta de tiempo: está escribiendo sus memorias, que llevarán por título un muy elocuente Rosa de qué. También rechazó participar en un eventual reencuentro con sus compañeros para conmemorar la efeméride: «No tiene ningún sentido que nos llamen cada año como si esto fuera invitarnos a una boda y que no nos paguen. En nuestro trabajo siempre hemos sido números internamente, pero tenemos que pensar que todo no vale». Ahí lo deja. Chenoa y David Bisbal, en uno de los momentos más recordados de 'OT1'.Efe Pero volvamos a 2002, al momento del bum en el que ella y sus compañeros eran felices aspirantes a estrella con todo un mundo de posibilidades al alcance de la mano. Su dicha chocó, y de qué manera, contra un gremio que se rebeló con uñas y dientes ante aquella factoría de artistas que les estaba comiendo el pan, literalmente. Enrique Bunbury bautizó el programa, directamente, como «la fábrica de churros». Joaquín Sabina, Leiva, Aute, Christina Rosenvinge, Miguel Ríos, Loquillo y otro centenar de artistas firmaron el manifiesto Otro timo no. Por si el título dejaba alguna duda, el texto cerraba: «Te cambiamos tu disco de OT por uno de verdad». «Para las multinacionales, que un sello independiente local vendiera más que todas ellas y liderara las listas de éxitos fue duro. Eran ataques pueriles para defender su situación», quita hierro al asunto dos décadas después Rebollo. «Entendí que se levantaran en armas, claro, las cosas se fueron de madre con OT1, pero luego se tranquilizaron y todo el mundo ha terminado estando de acuerdo con nuestra labor», apostilla por su parte Rubira. Si Operación Triunfo cambió para siempre la forma de hacer televisión en España, si puso patas arriba el mercado discográfico, su legado no fue menos arrasador para las radiofórmulas. ¿Se cumplió aquello de que «el vídeo mató a la estrella de la radio»? «La inundación dejó sus víctimas, claro», confirma Pedro Ángel Sánchez, cuya carrera como crítico musical y locutor lo ha llevado a Kiss FM, a Cadena Dial y a Los 40 Principales. En esta última cadena fue testigo directo de la desintegración del modelo clásico, que empezó con un rechazo. «La radio abandonó a los triunfitos porque su omnipresencia se convirtió en un lastre, es que sólo sonaban ellos», asegura. Al tiempo, el nacimiento de Kiss FM dejó patente otro cambio en los gustos de la audiencia, quién sabe si motivado por la misma saturación: el oyente reclamaba oldies que pudiera cantar a voz en grito en el coche y no tanto novedades a descubrir. «Las discográficas dejaron de apostar por nuevos talentos porque cada vez tenían menos dinero para hacerlo, sólo invertían en artistas que salían de la tele y traían ya un público asegurado. Todo cambió: la radio de antes dejó de existir». Público enfervorecido en un concierto de la gira de 'OT1'.Julio Carlos Cuenta Sánchez que la burbuja del fenómeno OT la pinchó, oh paradoja, otro fulgurante fenómeno televisivo: UPA Dance; y aliñó el pinchazo otra paradoja: el propio Ricardo Campoy, director de Vale Music, empezó a traer de América Latina un nuevo ritmo al que veía posibilidades. El Dale Don Dale de Don Omar, la Obsesión de Aventura, la Gasolina de Daddy Yankee... El reguetón se convirtió en la nueva música popular y el resto es historia. Operación Triunfo cumple 25 años en plena forma y prepara una nueva edición en Prime Video para octubre de 2027. «El formato del talent se ha convertido en la plataforma perfecta para encontrar a los artistas del momento, pero también para introducir voces de América Latina», resume el legado de un formato revolucionario el autor de Esto no es un libro de OT. Y se pone serio: «Pero también hay que hablar del peaje emocional que pagan muchos de esos chicos repletos de sueños y a quienes se promete el oro y el moro. La caída a los infiernos de muchos de ellos es estrepitosa». ¿Qué balance haría él del fenómeno que ha estudiado a fondo durante dos años? «Aquel programa formó parte de nuestras vidas, todos vimos aquello, incluso quienes lo criticaban», rememora. Y deja una reflexión final cargada de intención: «Cuidado con lo que sueñas, porque a veces se puede convertir en pesadilla». Esto no es un libro de OT: Telerrealidad, discos pirata y obsesión por el triunfoPedro Ángel SánchezDos Bigotes. 224 páginas. 18,95 € Ebook: 6,64 €Puede comprarlo aquí