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Feijóo no alimentará los choques con Abascal: «No vamos a perder a los votantes que dudan con Vox»

Resumen

Mientras las negociaciones en las comunidades autónomas deben reanudarse en los próximos días para cerrar gobiernos de coalición en Extremadura y Aragón -Castilla y León irá más despacio- la tensión entre las direcciones de PP y Vox no deja de crecer. derecha es complejo porque habrá pactos regionales y gobiernos compartidos, pero la desconfianza solo ha ido a más. Santiago Abascal lo exhibió en la entrevista con ABC de este domingo y así lo percibieron también en las filas del PP. A pesar de que hay muchos dirigentes soliviantados con las afirmaciones del líder de Vox, que directamente acusa a su rival de estar haciendo «una guerra sucia» con los exdirigentes críticos que atacan ahora al que fue su partido y que piden un congreso extraordinario, en la dirección nacional popular la estrategia es clara: evitar responder y no contribuir a una escalada entre ambos.

Mientras las negociaciones en las comunidades autónomas deben reanudarse en los próximos días para cerrar gobiernos de coalición en Extremadura y Aragón -Castilla y León irá más despacio- la tensión entre las direcciones de PP y Vox no deja de crecer. El momento en la ... derecha es complejo porque habrá pactos regionales y gobiernos compartidos, pero la desconfianza solo ha ido a más. Santiago Abascal lo exhibió en la entrevista con ABC de este domingo y así lo percibieron también en las filas del PP. A pesar de que hay muchos dirigentes soliviantados con las afirmaciones del líder de Vox, que directamente acusa a su rival de estar haciendo «una guerra sucia» con los exdirigentes críticos que atacan ahora al que fue su partido y que piden un congreso extraordinario, en la dirección nacional popular la estrategia es clara: evitar responder y no contribuir a una escalada entre ambos. Y menos todavía hacerlo públicamente, en los medios de comunicación y a ojos de toda la ciudadanía.«Nosotros vamos a dedicarnos a hacer oposición a Sánchez exclusivamente. No hay que entrar en ese juego ni equivocarnos de objetivo. No vamos a perder a un solo votante que dude entre PP y Vox atacando a Abascal. Si ellos deciden seguir por ese camino, ellos sabrán». Es la reflexión en el entorno más cercano a Feijóo, que insisten en que la directriz del presidente del partido va a ser, al menos por ahora, evitar a toda costa contribuir a los ataques hacia Vox o a amplificar las crisis internas y las polémicas con excargos del partido. Una decisión que ya tomó meses atrás cuando aparecieron informaciones sobre un supuesto sueldo que se embolsaba la mujer de Abascal a través de un proveedor de Vox. Feijóo ordenó entonces evitar entrar en ese asunto personal. Y ahora refuerza la misma orden. Aunque el contexto es distinto.Para el PP el cambio de marco -tras el ciclo electoral en las tres comunidades y a la espera de Andalucía- es lo que ha llevado a Vox a un estado de nerviosismo «evidente». Se refieren a que tras estas tres citas electorales ha calado la idea, en el electorado de la derecha y de forma más amplia, de que Abascal bloqueó los gobiernos por pura estrategia política. Están convencidos de que ante la opinión pública Vox aparece como culpable de que no hayan salido adelante esos acuerdos y que será muy difícil revertirlo.La intervención directa de Feijóo justo antes de que comenzara la campaña en Castilla y León, manteniendo una conversación con Abascal y, sobre todo, lanzando un documento marco con los principios rectores para las negociaciones que tanto descolocó a Vox, dio una vuelta completa a la situación. Así lo ven en Génova y creen que se ha confirmado con los resultados castellano y leoneses sobre la mesa y las recientes encuestas públicas a nivel nacional. «Vox estaba disparado y creía que eso iba a continuar así. Y la realidad es que en este momento lo hemos frenado», reflexionan dirigentes populares.En Génova quieren que haya acuerdos en las autonomías cuanto antes, pero repiten que el que más sufrirá será Vox si sigue bloqueandoLa sensación en el PP es de satisfacción tras meses en los que no parecían cogerle la medida a Vox. Ahora Feijóo está bastante seguro de que esta es la estrategia a seguir y, por eso mismo, insiste en no entrar en el cuerpo a cuerpo con Abascal, incluso aunque Vox ataque a su partido. La orden la elevó a la dirección nacional, pero en Génova están trabajando para que el resto de capas del partido acate la misma línea.Está por ver el desenlace de los acuerdos autonómicos después de que Abascal confirmara a ABC que habrá consejeros de Vox en todos ellos; en parte, por la insistencia de Feijóo sobre que no se atrevían a gobernar. «Se ha hartado de decir eso y no vamos a consentir esa falacia», manifestó Abascal a este diario, reconociendo que los planes iniciales eran seguramente otros -no entrar o, al menos, no hacerlo en todos los ejecutivos regionales-. Finalmente lo harán. La decisión, si hay acuerdo de programa de gobierno, está tomada.El PP quiere que sus barones sean investidos cuanto antes -y todavía más lo necesitan en las autonomías, especialmente María Guardiola, que lleva esperando desde el mes de diciembre-. Pero en el entorno de Feijóo reconocen ahora que no presionarán «con prisas» porque, en el fondo, los tres presidentes siguen gobernando aunque sea en funciones y, sobre todo, porque cuanto más tarde Vox en constituir los gobiernos «más claro va a quedar que son ellos los que bloquean».En teoría había suficiente tiempo antes de las elecciones andaluzas, aunque la decisión de Juanma Moreno de adelantar las elecciones al 17 de mayo podría complicar la situación, sobre todo en Castilla y León, donde hasta el mes de abril no se constituirán las Cortes, en lo que debe ser la primera gran negociación.Cuca Gamarra, que compareció ayer tras el comité de dirección del partido, volvió a insistir en que el PP está interesado en «hablar con Vox» -pero no tanto «de Vox»- diferenciando los dos planos que están en cuestión: ya han normalizado los acuerdos y asumen gobiernos en común, pero en ningún caso alimentarán el choque.Las crisis internas de Vox tienen demasiadas aristas. Las más recientes apuntan a Javier Ortega Smith y el Ayuntamiento de Madrid, y también la crisis de Murcia con el líder regional, José Ángel Antelo. Pero antes fue la polémica de su organización juvenil Revuelta. Y ahora, sobre todo, el desafío de Iván Espinosa de los Monteros y otros exdirigentes críticos, que exigen la celebración de un congreso extraordinario. Algo que Abascal descartó por completo en la entrevista con este periódico y que implica un desafío total a su liderazgo. A esto se refirió el líder de Vox cuando habló de «guerra sucia» de Génova y de que algunos de sus excargos «se prestaban» a ello. En el núcleo duro de Feijóo niegan tajantemente estar detrás de esos movimientos y consideran que es Abascal quien debe asumir los problemas internos que tenga dentro de su partido. Reiteran que tampoco tienen culpa de que Espinosa de los Monteros haya abierto este nuevo debate y niegan una relación directa con el PP. Hace pocos días el exportavoz de Vox en el Congreso asistió a un acto organizado por el grupo parlamentario por el día de la Mujer, que contó con dos activistas, una iraní y otra cubana, que reivindicaron la libertad para sus países. Espinosa de los Monteros evitó quedarse a escuchar a Feijóo, que clausuró el acto.