Pogacar reescribe la historia
ResumenParís volvió a vestirse de amarillo para recibir a un nuevo habitante del Olimpo. Tadej Pogacar cruzó este domingo la última meta del Tour de Francia 2026 y levantó su quinta corona, la tercera consecutiva, para ingresar en el reducido club que hasta ahora formaban Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin. Treinta y un años después del último triunfo del navarro, la mesa de los pentacampeones tiene un nuevo comensal. La última etapa, recortada hasta los 88,7 kilómetros por la necesidad de desplazar efectivos de seguridad a la lucha contra los incendios forestales, se desarrolló íntegramente en París.
París volvió a vestirse de amarillo para recibir a un nuevo habitante del Olimpo. Tadej Pogacar cruzó este domingo la última meta del Tour de Francia 2026 y levantó su quinta corona, la tercera consecutiva, para ingresar en el reducido club que hasta ahora formaban Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin. Treinta y un años después del último triunfo del navarro, la mesa de los pentacampeones tiene un nuevo comensal. La última etapa, recortada hasta los 88,7 kilómetros por la necesidad de desplazar efectivos de seguridad a la lucha contra los incendios forestales, se desarrolló íntegramente en París. Las vueltas a los Campos Elíseos y las tres ascensiones a Montmartre precedieron a la ceremonia en la que Pogacar recibió definitivamente el maillot amarillo. Remco Evenepoel ocupó el segundo escalón del podio e Isaac del Toro, compañero, amigo y protegido del campeón, completó la fotografía desde la tercera plaza. La imagen del mexicano junto al esloveno explicó buena parte de lo ocurrido durante las últimas jornadas. Pogacar no solo ganó el Tour. También se permitió escoger cómo quería terminarlo. El día anterior, en la durísima etapa reina del Alpe d’Huez, había cambiado el traje de emperador por el mono de gregario. Renunció a perseguir otra victoria y reguló su esfuerzo para proteger el podio de Del Toro frente al ataque de Paul Seixas. Los dos entraron juntos en meta. De la mano. Pogacar, vestido de amarillo; Del Toro, consciente de que acababa de asegurar el primer podio de su carrera en el Tour. Fue una escena extraña en un deporte acostumbrado a medirlo todo en segundos, vatios y diferencias. El corredor más fuerte de la carrera decidió que aquel momento valía más que otra victoria. “La piel de gallina. Es un momento que voy a recordar siempre”, confesó después en Eurosport. Pogacar había ganado cinco etapas durante la edición, había sentenciado la clasificación desde la primera semana y había dominado la montaña con una superioridad incontestable. Sin embargo, eligió como uno de sus recuerdos favoritos una llegada en la que terminó cuarto y trabajó para otro. “Tener a Isaac en el podio es un logro indescriptible. No puedo imaginar cuánto me alegra”, aseguró. El campeón explicó que finalizar el Tour con dos ciclistas del UAE entre los tres primeros era una situación que nadie podía imaginar al comienzo de la carrera. “Tenemos que estar todos muy orgullosos. Han sido tres semanas de mucho sufrimiento, pero estoy feliz por todo el equipo”. Pogacar y Del Toro no solo compartieron el podio de París. Durante tres semanas construyeron una relación que fue más allá de las obligaciones habituales entre un jefe de filas y su lugarteniente. El mexicano protegió al campeón cuando la carrera todavía estaba abierta y el esloveno devolvió el trabajo cuando su quinta corona ya estaba a salvo. En Alpe d’Huez, Pogacar controló el ritmo, respondió a los movimientos de Seixas y acompañó a Del Toro hasta que el francés quedó definitivamente descartado de la lucha por la tercera posición. Después llegó la frase que cambió el significado de aquella imagen. “No voy a correr durante mucho más tiempo y él tiene un potencial y un talento increíbles para ser mi relevo”, dijo Pogacar sobre Del Toro. La declaración sorprendió porque el esloveno solo tiene 27 años, atraviesa el momento más dominante de su trayectoria y mantiene contrato con el UAE hasta 2030. La sensación desde fuera es que todavía posee una década de ciclismo en las piernas. Él, sin embargo, lleva tiempo insinuando que no pretende estirar su carrera de forma indefinida. El dato aumenta la dimensión de su precocidad. Miguel Induráin tenía 27 años cuando ganó el primero de sus cinco Tours. A esa misma edad, Pogacar ya posee cinco. Merckx llegó a esa cifra con 29; Anquetil e Hinault, con 30; e Induráin, con 31. Ninguno alcanzó tan pronto la frontera que durante décadas simbolizó el dominio absoluto de la carrera francesa. El esloveno ha ganado las ediciones de 2020, 2021, 2024, 2025 y 2026. Su historia comenzó en la contrarreloj de La Planche des Belles Filles, cuando arrebató el amarillo a Primoz Roglic en la penúltima jornada de su primer Tour. Tenía 21 años y había llegado con el objetivo inicial de terminar entre los cinco mejores. Se marchó de París convertido en campeón. Desde entonces, su forma de dominar ha evolucionado. Primero fue el joven irreverente que atacaba sin calcular las consecuencias. Después aparecieron las derrotas frente a Jonas Vingegaard, que obligaron al UAE y al propio corredor a revisar la preparación, la alimentación, la posición aerodinámica y el trabajo de fuerza. Pogacar regresó al Tour más completo, más resistente y todavía más agresivo. En 2026 volvió a demostrarlo. Se estrenó en Les Angles, destrozó la carrera en Gavarnie-Gèdre, impuso su ley en Le Lioran y Le Markstein y conquistó por fin el Alpe d’Huez. Terminó la edición con cinco triunfos parciales y elevó a 26 su colección de victorias de etapa en el Tour. La carrera quedó prácticamente resuelta en la sexta jornada, cuando abrió una diferencia imposible de cerrar para sus adversarios. Su superioridad le permitió terminar ejerciendo como compañero. También ofrecer una visión diferente del campeón. Pogacar no necesitó ganar cada vez que tuvo piernas para hacerlo. En Barcelona facilitó la victoria de Del Toro y, en el último fin de semana alpino, convirtió la defensa del podio del mexicano en una misión personal. La víspera de llegar a París había resumido el último trámite con una expresión sencilla: “Solo queda sobrevivir”. Ya lo ha hecho. Pogacar completó la jornada final, recibió el quinto maillot amarillo y posó junto a Evenepoel y Del Toro en los Campos Elíseos. El Tour de 2026 terminó con el campeón en el centro y su posible heredero a uno de los lados. A Pogacar todavía le quedan objetivos con los que ampliar su leyenda. Puede buscar un sexto Tour para superar a los cuatro campeones con los que ahora comparte el récord. También permanecen en su horizonte la Vuelta a España, la París-Roubaix y los Juegos Olímpicos. Pero el corredor que parece capaz de ganarlo todo ya ha comenzado a hablar del momento en que dejará de hacerlo. París celebró a un ciclista que acaba de entrar en la eternidad y que, paradójicamente, empieza a pensar en la salida. Pogacar levantó su quinta corona mientras entregaba simbólicamente el relevo a Del Toro. El presente todavía le pertenece por completo. El futuro, según sus propias palabras, puede tener acento mexicano.