El negocio de los bebés a la carta: «No será Einstein si tú no lo eres»
ResumenLa pantalla de la tableta muestra una interfaz limpia, elegante, minimalista. Bajo el encabezado «Compare sus embriones» , cuatro columnas despliegan el futuro de una familia como si se tratara de la configuración de un personaje en un videojuego de rol o la comparativa ... No hay rastro de la complejidad ética de la genética; solo iconos y porcentajes. En la aplicación de la empresa estadounidense Nucleus Genomics, el cliente observa a sus potenciales hijos.El Embrión 1, una niña, ofrece un prometedor -21% en su riesgo de padecer hipertensión, pero arrastra una penalización en el riesgo de alzhéimer .
La pantalla de la tableta muestra una interfaz limpia, elegante, minimalista. Bajo el encabezado «Compare sus embriones» , cuatro columnas despliegan el futuro de una familia como si se tratara de la configuración de un personaje en un videojuego de rol o la comparativa ... de modelos de un coche de alta gama. No hay rastro de la complejidad ética de la genética; solo iconos y porcentajes. En la aplicación de la empresa estadounidense Nucleus Genomics, el cliente observa a sus potenciales hijos.El Embrión 1, una niña, ofrece un prometedor -21% en su riesgo de padecer hipertensión, pero arrastra una penalización en el riesgo de alzhéimer . El Embrión 2, un niño, destaca por unos ojos azules y una ganancia de cuatro puntos de IQ , aunque su riesgo de diabetes es superior al de sus (potenciales) hermanos. Los padres solo tienen que deslizar el dedo y elegir.Es inevitable pensar en 'Gattaca' (Andrew Niccol, 1997) y otras películas de ciencia ficción genética , pero la valoración de embriones (en inglés, embryo scoring ) se ha convertido en el centro de una carrera entre startups de Silicon Valley donde entran en pugna la genética, la inteligencia artificial, la estadística y el 'marketing'.Carrera por la Fertilidad 2.0Hace unos años, la pionera Genomic Prediction rompió el hielo con una nueva versión del test genético pre-implantacional (PGT) que iba más allá: prometía reducir riesgos en enfermedades como la diabetes tipo 2 o la esquizofrenia mediante la selección del embrión estadísticamente más sano. Poco después, otra empresa, Orchid Health subió la apuesta al ofrecer la secuenciación del genoma completo para detectar mutaciones ligadas al autismo. Durante años, estas compañías evitaron los rasgos «cosméticos» para esquivar la etiqueta de los «bebés de diseño», pero la barrera técnica era tan frágil que el salto era solo cuestión de tiempo.Nucleus Genomics fue la primera en dar ese paso al transformar los datos genéticos brutos en predicciones sobre la altura, el color de ojos, el riesgo de TDAH e incluso el cociente intelectual. La escalada es tal que la última startup en sumarse a la carrera, Herasight , desafía a sus competidores acusándolos de falta de rigor, mientras promete predicciones de IQ que aseguran ganancias de hasta nueve puntos. En esta carrera por liderar el mercado, el embrión ha dejado de ser un proyecto de vida para convertirse en un conjunto de funcionalidades.«La estatura es 80% genética», reza una publicidad de una clínica de fertilidad de EE.UU. ABCMuchos científicos, entre ellos la Sociedad Europea de Genética Humana, han puesto el grito en el cielo ante lo que se antoja como una especie de eugenesia ultracapitalista. Alertan de un futuro donde las clases pudientes puedan abrir una brecha social con el resto. «Escoge a tu mejor bebé» era, precisamente, el lema empleado por Nucleus Genomics, en una agresiva campaña publicitaria desplegada en Nueva York el año pasado.Sin embargo, para Julio Rodríguez, genetista clínico en la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica, esta puesta en escena es más una construcción comercial que un hito médico. «El 'embryo scoring' se presenta como un avance revolucionario, pero la realidad es que no supera significativamente lo que ya ofrecía el diagnóstico genético tradicional » , indica a ABC. «La revolución es, en gran medida, 'marketing' que se nutre de la fascinación por la inteligencia y los rasgos físicos».Límites biológicosEl 'embryo scoring' o puntuación de embriones es la convergencia de tres tendencias que la prestigiosa revista ' MIT Technology Review ' ha encumbrado como uno de los grandes descubrimientos que explotarán en 2026: secuenciación económica del genoma completo, modelos de riesgo poligénico (PRS) y algoritmos de inteligencia artificial.Sin embargo, la ciencia que ocurre dentro del laboratorio de fecundación in vitro (FIV) es mucho más tozuda que el big data. Irene Gómez Villarreal, embrióloga clínica en un grupo hospitalario privado, rebaja las expectativas del algoritmo: «Hay un límite biológico insalvable: no puedes generar genes que no existen en la pareja. En un ciclo tienes, con suerte, cuatro o cinco embriones; la diferencia de IQ entre ellos será mínima, la misma que hay entre hermanos biológicos, no vas a tener un Einstein si tú no lo eres».Gómez aclara que el 'embryo scoring' tiene una base real , pero con fines muy distintos a la ingeniería social. «En el laboratorio usamos IA para medir la morfología y los tiempos de división celular para saber qué embrión tiene más probabilidades de generar un embarazo, pero no si el niño será 'mejor' o más inteligente». Para la experta, una cosa es la calidad embrionaria para el éxito del tratamiento y otra muy distinta el potencial del individuo tras el nacimiento.El peso del factor ambientalRodríguez advierte que aplicar estos datos —extraídos de poblaciones adultas— a un embrión específico tiene una validez predictiva «débil y con frecuencia sobrevalorada». Según el genetista, la inteligencia es un rasgo afectado por miles de variantes con efectos diminutos, donde el entorno —educación y nutrición— explica una proporción mucho más significativa que el ADN. «Un niño criado en condiciones óptimas puede superar ampliamente las limitaciones que sugieren los PRS», sentencia.«Al favorecer variantes asociadas a un rasgo 'positivo', podrías inadvertidamente aumentar el riesgo de enfermedades que todavía no comprendemos» Julio Rodríguez Genetista clínicoAl seleccionar un embrión por su altura o su IQ, los padres podrían estar cayendo, además, en una trampa biológica . «Al favorecer variantes asociadas a un rasgo 'positivo', podrías inadvertidamente aumentar el riesgo de enfermedades que todavía no comprendemos», explica Rodríguez. Es lo que se conoce como pleiotropía: al seleccionar un rasgo aparentemente positivo, podríamos estar arrastrando variantes genéticas indeseadas. «Por eso, la predicción no es solo insignificante, sino que entraña un riesgo potencial desde el punto de vista biológico, y todo esto sin entrar en el terreno ético», apunta el genetista.Sistema de puntuación de embrionesTodo esto, sin embargo, ayuda a amortiguar los temores sobre una fractura social provocada por la genética. El precio de este tipo de servicios puede superar los 40.000 euros, por lo que el acceso a estas optimizaciones queda reservado a una élite económica. Gómez muestra una cierta intranquilidad ante la sospecha de que se pueda estar gestando una « industria de la eugenesia comercial» , protagonizada por perfiles de alto poder adquisitivo que buscan la «mejor versión» de su descendencia, lejos de la angustia del paciente tradicional de las clínicas de fertilidad, que solo busca poder concebir un hijo sano.Europa, ¿a salvo de estas nuevas empresas?Pese a todas las advertencias, si alguien tiene el dinero y la posibilidad, puede ser una opción tentadora. Es tan sencillo como que una clínica envíe a EEUU los datos genéticos de una pareja para obtener un 'ranking' de embriones. En Reino Unido, donde la práctica no es legal, 'The Guardian' advirtió hace unos meses de que varias parejas habían recurrido a los servicios de Herasight para obtener una clasificación de sus embriones con datos sobre altura o IQ. La pregunta en Europa es si la presión de los consumidores acabará forzando una relajación de las leyes.Como el resto de la UE, España mantiene una Ley de Reproducción Asistida (LRA) garantista y prudente. «Europa es muy precavida con la bioética y me parece correcto, estamos tratando con futuras personas y no todo vale», indica Gómez. «Aunque la Ley de Reproducción Asistida es de 2006 y necesita una actualización, sus principios de prudencia evitan que caigamos en promesas de tecnologías que prometen revolucionar la genética pero que, cuando entra en juego el factor ambiental y la complejidad poligénica, ven reducida su eficacia drásticamente». Poco a poco, prácticas que antes solo se veían en EE. UU. empiezan a asomar en nuestras latitudes. Por ejemplo el 'family balancing' o selección de sexoSin embargo, es innegable que, poco a poco, prácticas que antes solo se veían en EE. UU. empiezan a asomar en nuestras latitudes. Por ejemplo el llamado 'family balancing' o selección de sexo, permitido en familias que ya tengan, por ejemplo, dos hijos varones y busquen una niña. Algunas clínicas en Chipre ya ofrecen esta posibilidad, prohibida tajantemente en el resto de la Unión Europea.«Si sólo nos regimos por el mercado y los beneficios económicos, es plausible que algunos países europeos reconsideren sus restricciones para no perder competitividad frente al mercado estadounidense», sopesa Rodríguez. «Sin embargo, deberían primar la ética y la ciencia, hacer esto es un timo de la estampita disfrazado de la más avanzada tecnología, las leyes antifraude no deberían permitir que esto se llevara a cabo». Gómez, sin embargo, cree que actualmente el coste de estos productos aleja la posibilidad de este tipo de prácticas, al menos en la inmensa mayoría de pacientes que buscan un embarazo mediante FIV. «¿Merece la pena pagar 50.000 dólares por una probabilidad estadística mínima de mejora?», se pregunta la embrióloga.