El aniversario de la muerte de Rita Barberá reabre las heridas en el PP sobre su purga del partido
ResumenDe lideresa del PP y alcaldesa de España a repudiada por los suyos. Rita Barberá, quien presidió con mano de hierro el Ayuntamiento de València entre 1991 y 2015, nunca fue persona de términos medios. El poder que amasó dentro del partido con cada mayoría absoluta que encadenaba —cinco consecutivas desde 1995— la convirtió en una referencia, en un peso pesado al que casi nadie entre los suyos se atrevía a cuestionar. Hasta que empezaron a aparecer diferentes casos de corrupción en torno a su figura, que desencadenaron una crisis en las filas populares y provocaron que los mismos que la idolatraron renegaran de su legado.
De lideresa del PP y alcaldesa de España a repudiada por los suyos. Rita Barberá, quien presidió con mano de hierro el Ayuntamiento de València entre 1991 y 2015, nunca fue persona de términos medios. Amada u odiada, con ella o contra ella. El poder que amasó dentro del partido con cada mayoría absoluta que encadenaba —cinco consecutivas desde 1995— la convirtió en una referencia, en un peso pesado al que casi nadie entre los suyos se atrevía a cuestionar. Hasta que empezaron a aparecer diferentes casos de corrupción en torno a su figura, que desencadenaron una crisis en las filas populares y provocaron que los mismos que la idolatraron renegaran de su legado. Los más sonados fueron el saqueo de la depuradora de Pinedo ('caso Emarsa'), el 'caso Taula' (la caja B del PP local) y el 'caso Azud'. La cercanía del décimo aniversario de su fallecimiento (el próximo 23 de noviembre), sin duda, reabrirá viejas heridas en el PP por su purga del partido. La estrategia de algunos de los dirigentes populares de defender a la exalcaldesa vuelve a quedar en evidencia tras el procesamiento de su cuñado y de sus tres sobrinas, acusados del cobro de mordidas en el marco del 'caso Azud'. Esa contradicción da la razón a aquellos que, como la expresidenta del PP valenciano Isabel Bonig, trataron de separar al partido de aquella presunta corrupción en una de las etapas más convulsas que han vivido los populares. Rita Barberá, cuya trayectoria repasa este domingo el programa Salvados de La Sexta, falleció el 23 de noviembre de 2016 en un hotel de Madrid tras 24 años como alcaldesa de València. El batacazo electoral de 2015, la noche en que exclamó la célebre frase "¡qué hostia, coño, qué hostia!", mientras se abrazaba al entonces delegado del Gobierno, Serafín Castellano (condenado en el marco del 'cártel del fuego'), para lamentar la derrota de su partido en las urnas frente a la izquierda, fue el principio de su declive político y personal. No puede entenderse lo uno sin lo otro, pues para Barberá su vida era el partido. Los casos de corrupción ya la acechaban y, de hecho, muchos de los que la animaron a repetir como candidata en 2015 —ella sopesó dar un paso atrás—, sobre todo desde Génova, comenzaron a girarle la cara ya como senadora del PP. El 15 de septiembre de 2016, las Corts Valencianes aprobaron por unanimidad, incluidos los diputados del PP, una resolución que exigía a Rita Barberá que renunciara al acta de senadora por designación autonómica, “para salvaguardar la dignidad de la representación de los valencianos”. La decisión de la cámara, que contó con el voto favorable de la actual alcaldesa de València, María José Catalá, se tomaba días después de que el Tribunal Supremo imputara a la ex primera edil por el presunto 'pitufeo' en el grupo municipal que ella dirigía, en el conocido como 'caso Taula', y de que Barberá decidiera darse de baja en el PP —tenía el carné número 3 del partido en València—, pero mantener el acta de senadora y, por tanto, el aforamiento. La pieza separada del caso quedó archivada posteriormente. “Estoy rota. Todo es injusto, desproporcionado e inhumano”, dijo después de que el partido le pidiera que lo abandonara tras la imputación, pocos días antes de su fallecimiento. La entonces senadora lo escribió en un mensaje que envió a finales de septiembre a Carlos Herrera, según reveló el periodista de la COPE. Hasta ese momento, tanto desde la sede central de la calle Génova, en Madrid, como desde el Gobierno, con Mariano Rajoy al frente —quien la convenció para que fuera candidata en 2015—, se mostraron en todo momento muy duros con la senadora y no dudaron en reclamarle el acta, mientras que la entonces número dos del PP valenciano, Eva Ortiz, apuntaba que ella, en la situación de Barberá, se hubiera ido a casa. En este mismo sentido se expresó Isabel Bonig, quien apuntó que la exalcaldesa “merecía una salida digna”, por lo que hubiera sido “mucho mejor” que abandonase el Senado. Dos días después de su declaración ante el Supremo, Barberá falleció en el hotel Villa Real de Madrid a causa de una cirrosis hepática que derivó en un fallo multiorgánico, según confirmó la autopsia. Con el tiempo, algunos de los que en aquel momento presionaron a la exalcaldesa para que abandonara el partido y el acta de senadora trataron de reconciliarse después con sus seguidores mediante diferentes gestos. El caso más evidente es el de la alcaldesa de València, María José Catalá. En 2021, la presidenta del Partido Popular de la ciudad de València y entonces portavoz del grupo municipal popular en la oposición anunció que propondría en la Junta de Portavoces del ayuntamiento el nombramiento de Rita Barberá como alcaldesa honoraria de la ciudad. Tanto Català como su 'número dos', María José Ferrer San Segundo, formaban parte del grupo parlamentario de las Corts Valencianes que votó a favor de la petición a Barberá para que renunciara al acta de senadora. De hecho, fue Ferrer quien intervino en la sesión en nombre del PP. Aunque Compromís y el PSPV-PSOE, que en aquel momento gobernaban el ayuntamiento, con Joan Ribó como alcalde, desestimaron la propuesta, Catalá la sacó adelante a los pocos meses de obtener la vara de mando. Y no solo eso. Además, bautizó con el nombre Rita Barberá al Puente de las Flores. Los gestos y la reivindicación de la figura de Barberá como fórmula para mantener unido a un importante sector del partido chocan ahora de bruces con el avance de uno de los casos de corrupción que salpican de pleno a su etapa como alcaldesa. La jueza del 'caso Azud', la magistrada Pepa Tarodo, ha procesado al cuñado de la exalcaldesa, el abogado José María Corbín, por la presunta trama de cobro de comisiones ilícitas a empresas contratistas del Ayuntamiento de València durante el mandato de la fallecida primera edil popular. También están procesados el exvicealcalde de València Alfonso Grau y tres sobrinas de Barberá —María José, María Rita y María Asunción Corbín Barberá— que, indiciariamente, se beneficiaron de las mordidas presuntamente cobradas por su padre. La magistrada considera que Barberá dio un “amparo personal” a su cuñado en el marco de la presunta trama corrupta instalada en el seno del Ayuntamiento de València, institución en la que gobernó entre 1991 y 2015. “Con semejante vinculación familiar”, ahonda el auto notificado este jueves, José María Corbín “intermediaba para conseguir las adjudicaciones solicitadas por las empresas a cambio de comisiones ilícitas que se canalizaban a través de su despacho profesional, firmándose contratos falaces de prestación de servicios jurídicos inexistentes”. El dinero obtenido lo desviaba al “uso y disfrute de su esposa principalmente y de sus hijas”, agrega. Una vez más, con las elecciones a la vuelta de la esquina, la sombra de Rita Barberá volverá a planear y a cobrar plena actualidad. Está por ver si aquellos y aquellas que trataron de recuperar su memoria como un activo vuelven de nuevo a alejarse de ella como si ese activo fuera tóxico.